¿Cómo cuidar nuestros ojos?

By | 13 junio, 2008

Después de tanta entrado sobre debates e Internet, ya es hora de volver a escribir artículos sobre ojos, y retomar la lista de entradas pendientes. El tema que toca es bastante práctico, pero temo que decepcionará a un buen número de mis queridos lectores. ¿Por qué?. Lo iremos desgranando en las próximas líneas, pero vamos a dar un avance:

  • Una buena parte (quizás la mayoría) de las precauciones que podamos tomar para cuidar o prevenir problemas de los ojos es ineficaz.
  • En comparación con la percepción que tiene el público general, las anomalías oculares son bastante independientes de los cuidados que uno puede tomar.

El ojo, ese órgano tan particular

Vivimos en una época de un relativo culto al cuerpo y a la salud, así que en la culturilla popular han calado diferentes nociones sobre cómo hay que cuidarse. Sabemos que el sedentarismo es malo pero el ejercicio excesivo también tiene consecuencias. Nuestro sistema musculoesquelético (los músculos, articulaciones, huesos, tendones, etc) está más sano si hacemos ejercicio regular, pero como hablamos de tareas mecánicas, maniobras demasiado violentas o intensas pueden producir lesiones. Este ejercicio físico también beneficia al corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos, el control del peso, etc.
Es inevitable que extrapolemos estas ideas al ojo. Es decir, que hay que ejercitar el ojo, para desarrollarlo y “fortalecerlo”. De la misma manera que la práctica dota de mayor agilidad y fuerza a nuestros brazos y piernas, con los ejercicios adecuados, el ojo cada vez vería mejor. E igualmente, un ejercicio excesivo podría exponer al ojo a alguna lesión. Intentaré ir explicando por qué las cosas no son así.

El ojo no es un músculo que está pasivo en nuestra actividad sedentaria. En su interior hay tres músculos y en exterior seis, pero no están ejerciendo un papel directo en la captación de la imagen y la transmisión de ésta al cerebro. Los músculos de fuera alinean los ojos y los dirigen al objeto que queremos mirar (como explicábamos en el artículo del estrabismo), y los de dentro enfocan la imagen y ajustan el tamaño de la pupila. Ninguno de estos músculos está en reposo cuando estamos con los ojos abiertos. Aunque dejemos la mirada perdida, mirando a lo lejos sin fijarnos en nada, esos músculos no descansan. Están continuamente realizando ajustes involuntarios, muchas veces por segundo. Así que no necesitan más ejercicio del que ya hacen. Tampoco hay articulaciones, y el rango de movimiento en el mejor de los casos es del orden de milímetros, así que tampoco tiene mucho sentido hacer “estiramientos” o ejercicios de relajación muscular con los ojos.

Quizás pensemos entonces que lo que vendría bien sería dar más descanso a estos músculos que trabajan tanto. Y realmente no es así. Lo mismo que una persona sana, si realiza un sobreesfuerzo físico puede acabar con agujetas, contracturas o incluso lesiones, en el ojo sano no pasa eso. Nunca tenemos agujetas, y las contracturas, espasmos y demás ocurren en ojos predispuestos. Sí que pueden presentarse síntomas de fatiga visual, pero nuevamente tenemos que buscar causas concretas: no parpadeamos y se nos secan los ojos, o cosas así. Son músculos especiales, un poco al estilo de lo que ocurre con el corazón que tampoco padece agujetas aunque está trabajando continuamente.

Pero nos desviamos de lo importante: la mayor parte de la labor visual se realiza independientemente del trabajo muscular. El ojo es básicamente una esfera hueca que tiene que proyectar en su interior una imagen, y transmitirla al cerebro. Por tanto consta de un soporte óptico que enfoca la imagen, y un sistema de comunicaciones que interpreta la imagen y la envía. El soporte óptico está formado por estructuras relativamente pasivas: la córnea tiene que ser transparente y mantener una forma estable, al igual que el cristalino. Los fluidos internos (acuoso y vítreo) realizan funciones de mantenimiento (nutrir los tejidos y mantener la presión del ojo). La esclera y la coroides protegen y nutren a la retina. Vemos que estas funciones, digamos, pasivas, son independientes de cómo usemos los ojos.

El sistema de comunicaciones consta de la retina y el nervio óptico. Si el resto del ojo lo considerábamos un sistema de sostén (estructuras fijas, muchas transparentes, con sus vasos sanguíneos), la captación y transmisión de imágenes los consideraremos como una parte del cerebro. Porque básicamente son eso: neuronas y las células auxiliares que podemos encontrar en el resto del sistema nervioso. Y las neuronas no se fatigan. De la misma manera que sabemos que el cerebro no se “estropea” por pensar demasiado, ni uno se lo puede “lesionar” si está muchas horas estudiando, la retina no se deteriora por usarla.

Podríamos pensar que al igual que conviene estimular nuestra mente, y que leer y aprender es positivo para el cerebro, quizás a la retina y al nervio óptico le venga bien ejercitarlo. Pero es ciertamente difícil ejercitarlo más. Siempre que tengamos los ojos abiertos en un entorno iluminado, está trabajando casi al 100%. Da igual que estemos fijándonos en detalles pequeños o tengamos la mirada perdida. De hecho, importa poco si la imagen está enfocada: siempre que llega luz, la retina se estimula y manda ingentes cantidades de información (el nervio óptico es de los “cables más gordos” que entran en el cerebro).

Derrumbando mitos

Ya estamos en condiciones de desmentir un par de conceptos erróneos sobre el trabajo visual y la aparición de problemas

  • Anomalías tan frecuentes como las cataratas, la vista cansada, la degeneración macular o el glaucoma son independientes del trabajo visual. Por haber forzado mucho de cerca no se “gasta la vista”, ni por leer con mala iluminación. Lo que la gente llama “forzar la vista” puede producir fatiga visual, cansancio, etc. Y en algunas ocasiones un ojo seco leve o incluso trastornos transitorios del enfoque. Pero no se producen enfermedades orgánicas; son alteraciones transitorias que se solucionan descansando.
  • A pesar de que hay controversia en el tema, no está bien establecido cómo afecta el esfuerzo visual en el hecho de llevar gafas. En todo caso, la influencia debe estar en la infancia o a lo sumo en la adolescencia, de forma que el esfuerzo visual en la vida adulta es independiente de la progresión o aparición real de dioptrías. Y recalco lo de “real” porque sí es cierto que un esfuerzo visual mantenido puede poner en relieve una hipermetropía o astigmatismo que hasta el momento había pasado desapercibido (que daría la cara tarde o temprano), o pueden producir otra cosa que parece miopía. Pero no son causantes reales de defectos de graduación. El tener dioptrías supone un problema de proporción, un ojo demasiado largo o corto, una córnea demasiado curva o irregular. Y eso, por lo menos en el adulto, no varía con
    el uso que le demos al ojo.

Cuidados físicos

Ya hemos aclarado que muchas de las medidas que podamos tomar para mantener la salud de nuestros ojos no sirven realmente para mucho, o por lo menos no previenen enfermedades orgánicas (las importantes). Pero eso no quiere decir que los ojos no requieran cuidados, o por lo menos tomar unas precauciones.
La enfermedad más frecuente de los ojos es la sequedad. Mientras que el resto del globo ocular está relativamente profundo y protegido, la superficie del ojo está expuesta al polvo, humo, cuerpos extraños, etc. Si bien el aire, el humo, el agua de la piscina, etc, pueden producir irritación y sequedad de escasas consecuencias a la larga (hablo siempre de ojos previamente sanos), la posibilidad de que un cuerpo extraño (una viruta, un grano de arena, etc) impacte en el ojo, aun de pequeño tamaño y con poca velocidad, hay que tenerla en cuenta. La mayoría de las veces no pasa nada, de hecho en urgencias se extraen a diario pequeñas virutas y motas de la córnea, y normalmente no hay mayores consecuencias. Pero si tenemos la mala suerte de que una de esas motas impacta en el centro de la córnea y ésta pierde transparencia al cicatrizar, se puede producir una disminución de visión irreversible. Por eso, en las actividades de riesgo (desde ir en moto hasta utilizar una sierra radial) tenemos que proteger siempre los ojos.

Por otra parte, los traumatismos que incidan en el ojo pueden producir daños muy serios. Los huesos de la cara normalmente protegen bien el globo ocular, pero un impacto contundente directo (y más si es cortante) puede tener consecuencias nefastas en un órgano tan sensible. De esto estuve hablando en el artículo sobre el deporte. También hay que tener en cuenta que los ojos con una miopía grande tienen la retina más delicada, y se puede desprender con más facilidad.

Cuando esforzamos la vista

Aunque hemos dicho que no nos va a producir enfermedades graves, el esfuerzo visual mantenido, sobre todo el de visión cercana, puede producir fatiga visual. Para evitar estos síntomas, podemos tomar una serie de medidas, que expliqué en este artículo.

El reposo

El ojo también necesita su descanso diario. Lo que más acusa esa necesidad posiblemente sea la superficie ocular, y también nuestros infatigables músculos del ojo. El no dormir lo suficiente sabemos que produce ojeras, ojos rojos y síntomas como pesadez e incluso visión borrosa. Nuevamente, la falta de descanso no produce ninguna enfermedad dentro del ojo. Así que sí, necesitamos descansar, pero aquel que tenga alguna enfermedad ocular que no se obsesione con dormir más horas de lo normal, no va a mejorar su enfermedad por ello.

Prevención

¿Cómo prevenimos las enfermedades oftalmológicas?. Nuevamente volvemos a lo mismo, lo normal es que no haya forma de prevenirlas, excepto las que son evidentes: la conjuntivitis alérgica mejora mucho si evitamos la causa de la alergia, las enfermedades contagiosas las podemos intentar evitar mediante medidas de higiene, etc. Pero las enfermedades que más preocupan apenas podemos hablar de prevención.
Hay una que sí podemos hacer algo: en el glaucoma. No es realmente prevención, sino diagnóstico precoz. A partir de los 40 años, no viene mal tomarse alguna vez la tensión del ojo. Esto tiene especial relevancia cuando alguien en la familia padece la enfermedad, en cuyo caso se pueden indicar revisiones periódicas.

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13 thoughts on “¿Cómo cuidar nuestros ojos?

  1. luigi

    Hola, Ocularis! Como siempre muy bien tu artículo, la verdad es que ya tocaba el tema de los ojos, después de tanto internet  . Hablas de espamos y contracturas en los músculos oculares, ¿podrías decirme cuál es la diferencia entre espasmo y contractura? Por otra parte, ¿se ha calculado cuál puede ser el número de ajustes y cambios de enfoque, ya voluntarios o involuntarios, que hacen nuestros ojos a lo largo del día? Saludos

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  2. Ocularis

    La terminología entre “hiperfunción”, “espasmo”, contractura y otras que indican exceso de función no es muy clara. Y también varía si hablamos de un músculo extraocular o del músculo ciliar. Atrofia suele denotar un grado de hiperfunción más crónica y mantenida que el espasmo. Aunque realmente se usa el término contractura más para los músculos extraoculares, como una fase más crónica e intensa de la hiperfunción muscular, y el espasmo se refiere más al músculo ciliar, como el grado mayor de exceso de acomodación.
    El número de ajustes en el enfoque a lo largo del día sería largo de calcular, ya que se producen varios ajustes por segundo.
    Un saludo.

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  4. alfonso

    Hola

    ¿que significa que la retina tiene buena respuesta en una exploracion con oftalmoscopio?¿se observa algun cambio cuando incide luz sobre la retina?

    un saludo

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  5. pedro

    Hola

    Realmente quiero felicitar por tus excelentes articulos quisiera que me pudieras explicar sobre la técnica oclusión canalicular sus reiesgos y beneficios muchas gracias, y nuevamente muchas felicidades

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  6. Ocularis

    Hola Pedro:
    Sobre la oclusión de la vía lagrimal (más que los canalículos, los puntos lagrimales) he hablado de pasada en uno de los artículos del ojo seco. No describo la técnica en profundidad, hablo más bien de los tapones lagrimales. Y además hay más indicaciones para el procedimiento el ojo seco. No es de las cirugías más habituales de mi especialidades, y de momento no tengo pensado dedicarle un artículo monográfico para hablar de ella.
    Lo siento.

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  7. lamia

    Quiero comentar una afirmación que has hecho en el artículo porque me ha sorprendido un poco:
    “Por haber forzado mucho de cerca no se “gasta la vista”, ni por leer con mala iluminación”.
    No sé exactamente a lo que te refieres cuando dices “gastar la vista”, pero leer con mala iluminación puede conllevar a una aparición de miopía ¿¿verdad?? Y tener que usar buena iluminación para la lectura a mi no me parece un “mito”.

    Aunque mi comentario suene un poco “borde”, no es mi intención criticar. todo lo contrario, me gusta mucho el trabajo q haces.

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  8. Ocularis

    Hola Lamia:
    Me preguntas si una mala iluminación puede conllevar la aparición de miopía, y esa cuestión está contestada en el artículo, así que me sorprende la pregunta. También en el artículo hay un enlace a otra entrada monográfica, dedicada en exclusiva a la miopía, donde vuelvo a explicarlo.
    En cuanto a lo de que a tí te parezca o no un mito lo de “tener que usar buena iluminación para la lectura”, cada uno puede pensar lo que le parezca, pero este blog está para compartir argumentos; una opinión sin argumentos no tiene mucho valor. En el artículo he expuesto lo que está demostrado que puede producir la mala iluminación: fatiga visual, pero no trastornos orgánicos. Te puede gustar o no, pero es lo que hay.
    Un saludo.

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  10. Javier

    En tu experiencia, que problema en la visión o en el funcionamiento ocular puede acarrear a corto, mediano o largo plazo la aplicación de frio como el producido por el antifaz de gel congelado

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    1. Ocularis Post author

      Por lo que yo sé, la aplicación de frío no intenso y a dosis moderadas no tiene efectos negativos demostrados. Pero hay que tener cuidado con aplicar productos congelados directamente sobre la piel, pueden producir “quemaduras” por congelación.

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