Lentes intraoculares amarillas (III)

Finalizamos con el artículo de hoy esta serie sobre las lentes intraoculares que filtran el color azul. En el primer post introduje el tema exponiendo los argumentos que dieron lugar al desarrollo, comercialización y utilización de estas lentes. En el segundo post expuse con mayor profundidad las evidencias científicas (o falta de ellas) que apoyan o desaconsejan su uso.

Para finalizar, dejamos ya las cuestiones técnicas y científicas y vamos a repasar una serie de cuestiones prácticas en su uso.

¿Debate mediático?: va a ser que no …

En el artículo anterior decía que ha habido y sigue habiendo un encendido debate en los círculos científicos, controversia muy salpicada por claros intereses comerciales. Pero, ¿cómo está trascendiendo el tema al público general?. Creo que no es un tema tan específico y técnico que deba quedarse exclusivamente en el ámbito oftalmológico, algo así como “sólo para entendidos”. La cirugía de cataratas es una de las más frecuentes de toda la cirugía (y hablo de cirugía entendida de forma amplia, abarcando todas las especialidades). Y es la más exitosa en función de los resultados. Ningún órgano operado restituye su función tan bien como un ojo intervenido con éxito de catarata. El que a miles y miles de personas se les implante una lente amarilla es un cambio muy sustancial, que ellos son capaces de notarlo (el viraje de colores es perceptible, en especial aquellos que llevan lente transparente en un ojo y lente amarilla en el otro) Creo que es un tema importante. El ciudadano medio no sabe que se están cambiando el tipo de lentes que van a introducir en su ojo, un cambio que no está refrendado por pruebas científicas.

La información que llega es parcial, interesada y sesgada. No hay un debate serio, yo por lo menos no he encontrado apenas información accesible al público general que ofrezca una visión más objetiva. Para mí es preocupante.

Mientras estaba preparando este post he podido leer un artículo del New York Times sobre el tema. Creo que es un paso adelante: que un periódico generalista de esta magnitud hable del tema de forma crítica es sin duda un avance. Pero queda mucho por hacer. Al que le interese leerlo, aquí está el enlace (requiere hacerse una cuenta gratuita). Hablan de la posibilidad de que estas lentes amarillas perjudiquen los ritmos circadianos, como ya expliqué en el último post. Extraigo un par de párrafos de este artículo del New York Times:

[…]
That is why Dr. Mainster and Dr. Turner question a practice common in cataract surgery. About one-third of the intraocular lenses implanted worldwide are blue-blocking lenses, intended to reduce the risk of macular degeneration by limiting exposure to potentially damaging light.

But there is no good evidence showing that people who have cataract surgery are at greater risk of macular degeneration. And evidence of the body’s need for blue light is increasing, some experts say.

“You can always wear sunglasses if you’re in a brilliant environment that’s uncomfortable. You can remove those sunglasses for optimal circadian function, but you can’t take out the filters if they’re permanently implanted in your eyes,” Dr. Mainster said.

Que podría traducirse más o menos como:

[…]
Es por eso que el Dr. Mainster y la Dra. Turner ponen en tela de juicio una práctica común en la cirugía de catarata. Aproximadamente un tercio de las lentes intraoculares implantadas en el mundo bloquean la luz azul, con el fin de disminuir el riesgo de degeneración macular al limitar la exposición de luz potencialmente dañina.
Pero no hay una adecuada evidencia que nos muestre que estas personas que se someten a cirugía de catarata tienen un riesgo mayor de degeneración macular. Y algunos expertos afirman que están aumentando las pruebas de que nuestro organismo necesita la luz azul.
“Siempre puedes llevar gafas de sol al estar en un ambiente tan iluminado que sea incómodo. Puedes quitarte estas gafas de sol para mantener una función óptima del ritmo circadiano, pero no puedes quitarte los filtros si están implantados de forma permanente en tus ojos”, dijo el Dr. Mainster

En castellano no he encontrado artículos relevantes sobre el tema, aparte de algún texto de publicidad encubierta. ¿Algún periodista se anima?

Las empresas farmacéuticas

Las lentes intraoculares, como el material quirúrgico en general, las producen en la industria farmacéutica. Son macroempresas con un gran potencial financiero, y secundariamente un gran poder político. Por ejemplo, ¿por qué estas lentes han pasado tan fácilmente el filtro de las autoridades sanitarias para poder comercializarse?. No han demostrado su superioridad frente a las existentes, y existen serias dudas sobre sus efectos a largo plazo y en enfermedades retinianas.

Que esta industria tenga un gran potencial económico que dedican a la investigación es positivo, porque la investigación es cara. El problema es que el objetivo de una empresa es siempre el beneficio económico. Lo cual muchas veces está ligado a competir por un producto de mejor calidad, que ofrezca más beneficios a la salud del paciente. Y eso está muy bien. Pero si una empresa consigue vender más sin ofrecer un producto realmente mejor, sigue siendo una vía igualmente adecuada para conseguir su beneficio.

Vender lentes amarillas es una estrategia comercial. Es una forma de desmarcarse del resto de la competencia. La verdad es que hay muchas lentes en el mercado, y la competencia es dura. Bueno para el paciente, porque la calidad óptica, materiales, etc, han mejorado mucho. Pero para una empresa es muy difícil desmarcarse. Sin embargo, lentes amarillas hay relativamente pocos modelos, ofrecidos por pocas empresas. Si los proveedores de este producto “diferente” consiguen convencer de que es “mejor”, eliminan de un plumazo a buena parte de la competencia.

Los oftalmólogos

Las posturas de los oftalmólogos, que al fin y al cabo son los que implantan las lentes, es muy diversa.

  • Los hay que manejan el asunto como una una estrategia comercial. Convencer a los posibles clientes de que se operen de cataratas en tu clínica y no se vayan a la competencia (o a la sanidad pública, que ahora con la crisis los centros privados están sufriendo bastante), es ciertamente complicado. En las épocas de prosperidad económica, labrarse una buena reputación y trabajar mucho solía ser suficiente para mantener una actividad quirúrgica bastante rentable. Ahora las cosas son más difíciles. Desmarcarse en cuestión de “calidad quirúrgica” ya no es tan fácil, porque realmente los resultados de la operación de cataras son buenos en general. Si se operan en otro sitio lo normal es que el paciente también quede satisfecho. Hay que buscarse otras formas de promocionarse. Ofrecer una lente que “previene la degeneración macular”, o incluso cobrar más por ella, es una manera. Por lo que hemos dicho a lo largo de estos artículos, a algunos esta estrategia nos resulta moralmente muy cuestionable.
  • Otros oftalmólogos también implantan lentes intraoculares amarillas sin intereses económicos de por medio, pero con un convencimiento muy claro. Creen realmente que están ofreciendo un beneficio al paciente, y luego hacen sus especulaciones (“a este paciente que es más joven le conviene más la lente amarilla, que si no va a estar muchos años con su mácula desprotegida”). Lo cual dice muy poco a favor sobre la formación y el rigor científico de muchos oculistas. O bien no controlan adecuadamente su ego: considerar que la opinión propia está por encima de la evidencia científica no es precisamente una muestra de humildad.
  • También existe un grupo que no son partidarios claros de un tipo de lentes u otro. Implantan unas u otras en función de las circunstancias, cambian de unas a otras en función de las experiencias que tienen sus pacientes. Como decía en el capítulo anterior, no podemos afirmar que implantar unas u otras esté mal (aunque considero incorrecto empecinarse en la postura a favor de la lente amarilla en contra de las pruebas). Si bien considero los dos puntos anteriores  (interés comercial, convencimiento injustificado) criticables, este grupo de oftalmólogos con una postura “neutra” no tienen en mi opinión nada que reprochar. Personalmente creo que conviene que nosotros estemos más implicados en el tema y tomar el lugar que nos corresponde: la responsabilidad de la cirugía es nuestra, y por tanto la elección del implante también. Creo que es mejor no dejarnos llevar por las modas.
  • Por último, hay un grupo de oftalmólogos que no ven las lentes intraoculares amarillas con buenos ojos. Por las incógnitas que expliqué en el artículo anterior, o quizás por la estrategia comercial de algunas empresas que pretenden “forzar” nuestras decisiones. Por desgracia, muchas veces la decisión sí se ve forzada, en función de la disponibilidad de las lentes. Esto es curioso: un paciente se somete a una cirugía de catarata, y él no sabe ni decide qué tipo de lente va a llevar; pero posiblemente el oftalmólogo que le interviene tampoco puede decidir.

Los pacientes

Lo dejaba caer hace un momento. Al que le van a colocar la lente dentro de su ojo no le preguntan. Vale que muchos detalles de las lentes se escapan de lo que un paciente pueda entender o le pueda interesar (asfericidad de la óptica, material de la lente, etc). Pero una lente amarilla va a modificar su visión. El hecho de que la mayoría no lo noten (esto lo he oído en labios de los delegados de las casas comerciales) no me parece un argumento válido. Realmente cambiamos la forma en la que el paciente ve, comparado con el “estándar” de varias décadas de lentes transparentes. Es una visión “diferente”, que le imponemos al paciente sin preguntar. Como decía el artículo del New York Times, no son unas gafas de sol que uno se puede quitar y poner a gusto. ¿El paciente no puede decidir?.

Es una cuestión compleja, no sé cuál es la solución correcta. Porque si recae en el paciente la decisión de la lente a colocar, es teóricamente fácil manipular su opinión. Una campaña publicitaria sobre proteger la retina con lentes amarillas podría crear una gran demanda de éstas. Utilizar el miedo a la degeneración macular asociada a la edad para vender la lente es fácil.

En cualquier caso, me da la sensación que nadie vela por el paciente. Los organismos reguladores no frenan lo que todavía debería ser algo experimental. En cuanto a los oftalmólogos, muchos no cumplen su tarea como médicos (por interés económico o por un comportamiento poco científico), o no les dejan (si no disponen de lentes para poner están atados de manos).

Y a mí me parece una situación preocupante. No porque piense que las lentes amarillas sean tan malas (aunque es posible que en un futuro próximo nos den una sorpresa desagradable), sino porque en esta dinámica de “nuevos adelantos” que a muchos les impresiona como la “medicina del futuro”, la preocupación sincera y auténtica por la salud del paciente se está difuminando. Este impresionante tren del futuro se mueve rápido: ¿no nos estaremos dejando atrás al paciente?

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4 Comments

  1. AYDA SUAREZ
    5 mayo, 2012

    Entiendo y comparto muchas de las cosas, que usted comenta en este artículo, aunque no soy oftalmólogo, lo entendí muy bien. Desde mi posición como paciente con una miopía magna, es muy preocupante ver que hasta el momento no hay una solución conveniente y eficaz a mi problema y saber que a pesar de que los cirujanos ofrecen soluciones no dan ninguna garantía al respecto y hacen firmar al paciente acuerdos en los que ellos se libran de la responsabilidad de lo que a uno le puede pasar.

    Solo espero que algún día, aparezca una solución confiable y sincera.

    Gracias por todos sus artículos me han ilustrado bastante.

    Ayda

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  2. […] Lentes intraoculares amarillas (1, 2 y 3) […]

    Responder
  3. […] en esta serie (1, 2 y 3) explicábamos la validez científica que tienen las medidas para proteger nuestros ojos de la luz […]

    Responder
  4. […] concepto, pero colocando el filtro deltro del ojo. En esa serie de tres artículos (uno, dos y tres) fui resumiendo la evidencia científica (o falta de ella) sobre la hipótesis de la fototoxicidad […]

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