Los colirios

Un colirio es un tratamiento que se usa de forma tópica en el ojo. Es un pequeño frasco (a veces no tan pequeño), con un fármaco diluido (casi siempre) en agua.

Junto con las pomadas, los colirios son el modo de aplicar tratamientos tópicos en oftalmología. «Tópico» significa que es aplicado directamente sobre el tejido u órgano a tratar, de la misma manera que las cremas y pomadas en dermatología. En oposición a los tratamientos tópicos están aquellos que tienen una distribución general, por todo el cuerpo. Cuando es una pastilla o comprimido (vía oral), una inyección (subcutánea, intramuscular), a través de una vena (intravenosa), etc, el medicamento llega por el torrente sanguíneo a todo el cuerpo.

Los tratamientos tópicos tienen la ventaja de que actúan principalmente en el órgano que nos interesa, y como mucho en los alrededores. Tiene menos interacciones con otros fármacos y menos riesgos. Lo cual es muy conveniente. La mayor parte de los medicamentos que administramos en oftalmología son tópicos, sobre todo en forma de colirio.

En el blog ya hemos hablado de los colirios para los ojos rojos. Hoy vamos a hacer una descripción más general.

Tipos de colirio

No todos los colirios son iguales. A veces se considera que los tratamientos en oftalmología abarcan pocas enfermedades que están relacionadas y que el tratamiento es siempre el mismo o muy similar. No es raro que cuando una persona padece de molestias, irritación, enrojecimiento, u otros síntomas, más que acudir al médico (general u oftalmólogo), más que querer información de su problema previamente al tratamiento, simplemente requiera que le recomienden «un colirio» y ya está. En estos casos suelen reaccionar con extrañeza cuando su dolencia requiere otras medidas o tratamientos diferentes, además de un colirio, o a veces en lugar de éste.

Decir que «me he tratado con un colirio» es lo mismo que decir que «me he tomado una pastilla». Un colirio no define qué medicación se ha puesto uno en el ojo. Muchas veces no damos la importancia que tienen estos tratamientos, ni somos conscientes de los riesgos que podemos someternos por un uso inadecuado.

Por ello, vamos a repasar hoy las principales familias de medicamentos que existen en forma de colirio.

Lágrimas artificiales

El grupo más importante. Hace pocos meses estuvimos hablando de este grupo farmacéutico. Se utiliza principalmente para el tratamiento del ojo seco, tanto la enfermedad establecida (causa senil, principalmente) como la sequedad ocular ocasional (ordenadores, aire acondicionado, etc).

También se pueden utilizar para otros problemas de la superficie ocular que alteran la calidad de la lágrima, como la blefaritis (explicado tanto por escrito como en podcast), la conjuntivitis alérgica, irritaciones oculares temporales, etc.

Todos hemos padecido algún problema de los descritos. El uso de lágrimas artificiales es muy frecuente. La recomendación actual es utilizarlas sin conservantes. Como decíamos en la entrada sobre las lágrimas, la eficacia de los diferentes principios activos (ácido hialurónico, carmelosa, hipromelosa, etc) es similar. Varía el envase, ya que puede ser:

  • Monodosis o unidosis: unas «ampollitas» que contienen unas pocas gotas. Caducan unas horas después de abiertas. Debido a que las patentes de los principios activos han caducado, encontramos lágrimas monodosis de buena calidad por un precio muy asequible.
  • Envases multidosis sin conservantes. En formato «frasco de colirio» de toda la vida, a veces más grande. Para mucha gente es el formato más cómodo. Pero son lágrimas más caras.

No he mencionado los envases multidosis pero con conservantes, que todavía se venden. Hay que fijarse bien para intentar en lo posible no utilizar estas lágrimas. No es que sean dañinas, pero habiendo lágrimas sin conservantes a bajo coste, lo adecuado es ya no usar estas lágrimas «antiguas» con conservante.

Estos colirios son probablemente los más seguros de utilizar, con menos riesgos. En pacientes que ya están diagnosticados, pueden utilizar de forma «autónoma» o «semiautónoma» las lágrimas, variando la frecuencia de uso o incluso cambiando de marcas.

Eso no quiere decir que no debamos acudir al médico (sea el médico general o el oftalmólogo) cuando tengamos problemas en los ojos.

Vasoconstrictores

Son medicamentos a evitar; no es una gran exageración decir que debería estar prohibida su venta comercial. Se han usado (y por desgracia todavía se usan) para solucionar el «ojo rojo» de forma inespecífica, pero produce un efecto rebote (el ojo se queda más rojo un tiempo después de usar el colirio) y su uso mantenido produce un enrojecimiento crónico del ojo, muy difícil de solucionar.

Estuvimos hablando de este tema en el artículo enlazado antes sobre los colirios para los ojos rojos.

Antiinflamatorios no esteroideos

Se suele utilizar el acrónimo de AINEs para hablar de esta familia, que es la misma de la aspirina o el ibuprofeno, pero aquí tienen forma de colirio. Son antiinflamatorios al igual que el grupo que vamos a hablar luego, los corticoides. Los AINEs son menos potentes que los corticoides, y por ello producen menos complicaciones dentro del ojo.

Es por ello que con frecuencia se indican para molestias o irritaciones leves de la superficie ocular, que es una consulta muy frecuente en atención primaria o los servicios de urgencias. Quizás se usa más de lo necesario, debido principalmente a dos razones:

  • Al igual que los AINEs orales en pueden dañar el epitelio del estómago, los AINEs tópicos en el ojo pueden dañar los epitelios de la superficie ocular. Si la causa del problema (irritación, molestias) cursa con alteración de dichos epitelios (algo muy frecuente), pues deberíamos evitar estos medicamentos que son relativamente tóxicos.
  • Su acción antiinflamatoria es en general reducida. Si su problema no requiere mucha acción antiinflamatoria y no necesitamos corticoides (los antiinflamatorios potentes), igual nos podemos evitar el uso de AINEs y su toxicidad epitelial, recurriendo por ejemplo a lágrimas artificiales, que con su efecto lubricante van a aliviar y hasta cierto punto ayudar en la regeneración del epitelio. Si necesitamos realmente reducir la inflamación, veremos en seguida que hay corticoides que penetran poco en el ojo (evitamos sus efectos adversos) pero que realmente desinflaman bien la superficie ocular.

Eso no quiere decir que estos fármacos nunca estén indicados. No les pasa como a los vasoconstrictores que deben ser en general evitados. Los AINEs pueden tener su papel en circunstancias concretas. Pero no son medicamentos que deban tener un uso muy amplio. Y menos en el contexto de una «automedicación», o una indicación sin una exploración minuciosa de la superficie ocular.

Corticoides

Los corticosteroides, glucocorticoides, o simplemente corticoides, es el otro gran grupo de antiinflamatorios. Son muy eficaces para controlar cualquier tipo de inflamación en la superficie del ojo (irritaciones inespecíficas, pero también ojo seco, alergias, etc), y también en el interior. Por eso es el tratamiento principal de las inflamaciones internas (uveítis). También se usan mucho tras la cirugía ocular.

Su eficacia también es su maldición, debido a que es muy frecuente su abuso. Debido a que funciona tan bien (quita rápidamente las molestias y el enrojecimiento, casi por cualquier causa), es fácil usar corticoides como solución rápida a problemas crónicos (ojo seco, alergia, etc) o desconocidos. Pero en estas situaciones de «mala indicación» no estamos tratando la causa, sino las consecuencias. Y su uso prolongado produce complicaciones graves:

  • Cataratas. Esto es importante, sobre todo en personas jóvenes (menos de 60 años, por ejemplo).
  • Aumento de la presión del ojo y glaucoma. Muchas veces este problema no es reversible al dejar la medicación, y te quedas con esta enfermedad para toda la vida.

Habría otra tercera complicación, pero no es un efecto adverso farmacológico como lo explicado, sino cuando se usa sin un diagnóstico correcto. Los corticoides alteran la respuesta defensiva, así que cuando hay un agente infeccioso implicado, este fármaco puede perjudicar más que ayudar. El ejemplo clásico es el herpes ocular, en el que el uso de corticoide puede empeorar mucho el cuadro. Por eso es tan importante que la indicación se haga siempre desde el ámbito médico.

Como decíamos en el apartado anterior, debido en parte al miedo por estas complicaciones, a veces se usan los AINEs «de más». Lo cierto es que no todos los colirios corticoides son iguales. Los hay con gran penetrancia en el ojo, son más potentes pero también hay más riesgo de cataratas y glaucoma. Pero también los hay con baja penetrancia, lo que no los hace adecuados para tratar inflamaciones internas, pero el riesgo de las complicaciones descritas es mucho menor. Precisamente estos corticoides que penetran poco, aunque son menos potentes, su acción antiinflamatorio superficial es muy buena, y su uso con buen criterio es beneficioso cuando necesitamos bajar la inflamación.

En ciclos cortos en casos de alergias rebeldes, algunos ojos secos más intensos, algunas irritaciones concretas en la conjuntiva, van bien. Lo importante es que estos medicamentos estén siempre en supervisión médica estrecha, incluso los de baja penetrancia.

Antialérgicos

Se trata de colirios para una enfermedad concreta: la conjuntivitis alérgica. Debido a que su uso es mantenido o crónico (porque la alergia es una enfermedad crónica) y la superficie ocular se ve afectada, están apareciendo cada vez más antialérgicos sin conservantes, lo cual es bueno.

Se trata del mismo grupo farmacológico que se usa de forma oral para la alergia: los antihistamínicos. Y aunque habitualmente están en seguimiento médico (atención primaria, alergología, oftalmología), el propio paciente alérgico en general va autocontrolando su uso del colirio: comienza a utilizarlo cuando llega su época de alergia, y también lo puede interrumpir cuando, según los síntomas, ya ha cesado la temporada.

Conviene recordar aquí que estos colirios tienen efecto acumulativo: al segundo o tercer día de uso pautado (por ejemplo, cada 12 horas), el efecto antialérgico es mejor. Por lo que se usan en ciclos completos. No se van poniendo según el día o de forma intermitente.

Antiglaucomatosos

Son colirios que se usan diariamente para bajar la presión intraocular, para tratar (y a veces prevenir) un glaucoma. Ya le dedicamos un artículo al tema. El uso de estos medicamentos y la enfermedad tratada (glaucoma) sí es de manejo exclusivo del oftalmólogo.

Conviene resaltar que son medicaciones de uso crónico, se utilizan todos los días durante muchos años (en general para toda la vida). Así que también se van imponiendo paulatinamente los formatos sin conservantes. Aun así, los propios principios activos producen efectos secundarios con los años: enrojecimiento, irritación.

Antibióticos

De la misma manera que hay antibióticos en comprimidos, sobres, jarabes, intramusculares o intravenosos, para combatir todo tipo de infecciones (respiratorias, urinarias, digestivas, etc), muchas de las familias de antibióticos se usan también en formato colirio.

La indicación es clara: infecciones por bacterias. Sean conjuntivits bacterianas o infecciones de la córnea (queratitis bacterianas). En las infecciones más internas del ojo no llegan bien los antibióticos en colirio y habrá que ayudarse de otra vía de entrada.

Curiosamente, también es un medicamento del que se abusa mucho. Como hemos venido diciendo, muchas veces sufrimos molestias, irritaciones, y enrojecimientos por problemas transitorios e inespecíficos. Y a veces son tratados con antibióticos como si fuera una infección.

Lo cual en general es un error, porque los colirios antibióticos son bastante tóxicos para la superficie ocular, como decíamos antes con los AINEs. Por lo que irritamos más el ojo. Para muchos de estos casos inespecíficos suele venir mejor usar lágrimas artificiales que antibióticos.

A veces surge el miedo de dejar una infección sin tratar. La gran mayoría de las infecciones bacterianas son conjuntivitis. Aparte de que tienen otros síntomas (una secreción o legaña característica), tampoco pasa mucho por dejar una conjuntivitis infecciosa sin tratar. Son procesos autolimitados aun sin tratamiento. Sí que es cierto que hay que explorar bien el ojo, y descartar infección corneal.

Por otra parte, también se suelen tratar las conjuntivitis por virus con antibiótico. Y claro, no mejoran. Como estas conjuntivitis víricas en general duran varias semanas, se suelen ir cambiando de colirio antibiótico a ver cuál funciona. Como es de suponer, no va a funcionar ninguno.

Así que, como idea general: no pasa nada porque no nos traten con antibióticos un ojo rojo. El antibiótico igual nos lo deja más rojo.

¿Quién indica los colirios?

Los colirios son medicamentos, igual que el resto. Y la indicación debe ser siempre del médico. ¿Siempre el oftalmólogo? No. Es cierto que hay enfermedades concretas que sí son más exclusivas de la oftalmología, como el glaucoma y las uveítis, y los colirios que se usan son de indicación más restringida de este especialista.

Pero el manejo de lágrimas artificiales, antialérgicos o antibióticos se puede hacer desde atención primaria, urgencias, alergología, etc.

El farmacéutico, además de dispensar el colirio indicado por el médico, puede ayudar a solucionar dudas sobre el uso, conservación, caducidad, etc. Nuevamente, un error por desgracia común es acudir a la farmacia a que nos dé un colirio para un ojo rojo o una irritación ocular. Y el farmacéutico no es el encargado de indicar y prescribir un colirio. Utilizar al farmacéutico como una «variante menor» pero más accesible del médico es un error.

Con el optometrista puede pasar algo parecido: se dedica entre otras cosas a graduar y adaptar gafas y lentes de contacto. Pero no se ocupa ni del diagnóstico ni del tratamiento de enfermedades oculares. Y tampoco de la indicación ni uso de medicamentos, como los colirios.

A veces algunas personas confunden al óptico-optometrista con el oculista u oftalmólogo, porque los instrumentos que utilizan pueden ser similares. Al fin y al cabo es un «profesional de bata blanca que me mira el ojo». Por eso es importante separar los conceptos.

Todo esto es importante respetarlo para no retrasar un diagnóstico o un manejo médico, o una indicación inadecuada y peligrosa de un colirio. Pero como hemos ido diciendo en el artículo, para una serie de enfermedades crónicas, ya diagnosticadas y en colaboración con el médico, el paciente puede obtener un importante grado de autonomía en el manejo de ciertos colirios. Lágrimas artificiales y antialérgicos principalmente son los grupos que se pueden ir utilizando, con los consejos y el seguimiento médico correspondiente, pero con criterios de uso y frecuencia muchas veces dependiendo del propio paciente.

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