Miopía: ¿enfermedad o evolución?

De la miopía hemos hablado muchas veces, incluso le hemos dedicado un artículo monográfico. Hoy vamos a hablar de ella de forma totalmente diferente, no vamos a dar información útil ni particularmente objetiva o documentada. Va a ser más un ejercicio de especulación.

Concepto de salud y enfermedad

Todos sabemos más o menos lo que significa estar sanos y enfermos. En principio, todos queremos estar sanos y evitar enfermar, y si enfermamos queremos recuperar la salud. La medicina trata de eso. Con lo cual separar ambas ideas es fundamental. El estado de salud y de enfermedad reflejan obviamente situaciones de la realidad, pero los conceptos los construimos nosotros, en la naturaleza no existen como tal. Son abstracciones nuestras. Lo que existen son átomos, moléculas, partículas que interaccionan. Algunas de esas partículas están muy organizadas y de la forma que nosotros las podemos percibir las llamamos “vivas”. Pero el concepto de organismo vivo, hasta cierto punto también es convencional. Ciertos cambios en nuestros procesos o nuestra anatomía, o ciertas interacciones con otros seres lo denominamos enfermedades. Pero eso es una etiqueta que ponemos de acuerdo a un punto de vista utilitarista, y hasta cierto punto, subjetivo.
Tenemos un concepto de “salud”, de persona sana. Un ser humano cuyos procesos no se ven afectados por agresiones externas o por errores internos habitualmente está “sano”, creamos un “modelo de salud” a partir de estudiar la fisiología humana, de observar y estudiar a las personas que se ven saludables, y de ahí sacamos nuestro modelo.
Lo que se aparta de ese modelo, lo llamamos enfermedad. O si no produce un problema grave, o por temas legales no nos conviene el apelativo “enfermedad”, utilizamos otros términos del tipo “anomalía”, “trastorno”, etc.

Un ejemplo

Pero tenemos que entender que es una abstracción de la realidad: aunque utilizamos información hasta cierto punto objetiva, la intentamos “encajar” en nuestra forma de pensar humana. Hay cierto grado de subjetividad en estas definiciones. Pondré un ejemplo que no tiene nada que ver con los ojos.
Nuestros glóbulos rojos transportan el oxígeno a través de la sangre gracias a una proteína llamada hemoglobina. La composición de esta hemoglobina es igual para una gran parte de la población. Sin embargo existen algunas personas cuya hemoglobina es un poco diferente, cambia tan sólo un aminoácido. Como los médicos ponen nombre a todo, la mayoría tenemos hemoglobina A y aquellos que tienen este aminoácido diferente tienen hemoglobina S. Hasta aquí es una mera diferencia de una proteína.
Pero resulta que los que tienen hemoglobina S, sus glóbulos rojos viven menos porque son más frágiles. Esta menor vida de los glóbulos rojos los hace propensos a tener anemia. En este momento etiquetamos esta diferencia como “enfermedad” y este “rasgo falciforme” (que es como llamamos la situación de poseer la proteína S) pasa a ser enfermedad. Lo llamamos enfermedad porque produce una desventaja práctica, un inconveniente.
Ahora cambiamos la situación geográfica y nos vamos a un medio donde el paludismo es muy frecuente. Es una enfermedad que afecta a los glóbulos rojos, produciendo un cuadro con muchas manifestaciones, con una mortalidad importante, y que además produce anemia. Pues la hemoglobina S tiene un papel protector, da una resistencia natural al parásito del paludismo. Por tanto, las personas con el rasgo falciforme tienen más resistencia, enferman menos. Están más sanos. Esta diferencia en la proteína ofrece más posibilidades de sobrevivir y está sano, sus ventajas superan con creces la desventaja.

Depende del medio y de las circunstancias, una misma cosa puede constituir una enfermedad o un marcador de salud. Por lo tanto, estos conceptos de salud y enfermedad no son inamovibles, no son dogmas.

El modelo teórico del ojo sano

Volvamos a la oftalmología. Para hablar de enfermedades y anomalías del ojo, nos fijamos bastante en un concepto teórico de cómo “debe funcionar el ojo sano”. Porque no sólo se trata de que el paciente no tenga síntomas oculares, los oftalmólogos podemos medir bastante bien la función ocular y podemos ser muy exigentes. Un ojo sano y ópticamente proporcionado (lo que llamábamos emétrope) tiene que ser capaz de ver con una agudeza visual de 1 en la escala decimal o 20/20 en la anglosajona (en este artículo explico cómo medimos la agudeza visual). En individuos menores de 40 años tienen que ver así de bien en lejos y en cerca. A partir de los 40-45 años empieza la presbicia o vista cansada, algo que es parte de nuestra naturaleza y que ocurre al 100% de la población. Eso nos quita visión de cerca, y obliga al ojo sano a utilizar medidas ópticas de corrección (habitualmente gafas). Décadas más tarde, y con una edad de aparición más variable, comenzarán los síntomas de la catarata, que irán quitando visión a todas las distancias. Podemos de todas formas asumir que hasta los 60-70 años un ojo sano debe ser capaz de ver bien de lejos. Y hasta los 40 años es capaz de ver bien a todas las distancias.

La miopía y su etiqueta de enfermedad

La miopía, en su sentido amplio y poblacional, es una enfermedad y poco podemos discutir sobre ello. Predispone a enfermedades como el glaucoma o el desprendimiento de retina, y hay problemas de retina propios de la miopía, que producen alteraciones visuales importantes e irreversibles. También es cierto que las complicaciones más graves de la miopía ocurren en los casos de altas graduaciones, lo que denominamos miopía magna. La mayor parte de los miopes tienen pocas dioptrías, y no sufren estas complicaciones que he dicho antes. A nivel práctico, la mayoría de los miopes no van a sufrir de, digamos, enfermedades orgánicas del ojo y la única alteración que van a notar es el aspecto óptico: no enfocan bien las imágenes lejanas.
Para el objetivo del artículo de hoy, vamos a quedarnos con esta parte de miopes, esta mayoría que tienen una miopía simple que apenas tienen complicaciones retinianas. También vamos a dejar de lado que todavía puede haber asociación entre estas miopías leves y otras enfermedades como el glaucoma. Supongamos que podemos quedarnos simplemente con la alteración del enfoque. Aunque es una inexactitud estadística, se corresponde muy bien con la percepción del individuo.
Frente al “modelo de ojo sano” que hemos descrito antes, estos miopes están en desventaja, porque no ven bien de lejos. Podemos no llamarlo “enfermedad” y utilizar otro apelativo como “anomalía” o “trastorno”, pero está fuera del “estándar convencional” que hemos construido para entender el ojo. El ojo joven tiene que poder ver bien a todas las distancias.

Ventajas y desventajas

Los animales que poseen el ojo en cámara casi siempre necesitan una buena calidad de imagen para lejos. Así, el ojo relajado está enfocado en lejos. Es la “visión por defecto”. De cerca hay un músculo que tiene que trabajar, realizando cambios anatómicos en el ojo. Estos cambios son los que fallan en la vista cansada. El ser humano actual es un animal bastante longevo en comparación con otros animales con mecanismos similares en la visión cercana. Así que estamos durante décadas con un ojo funcionalmente bien por lo demás, pero con mala visión de cerca. Esta desventaja no podemos decir que es una “anomalía” o un “trastorno”, porque le pasa a absolutamente todos los ojos humanos. Pero ahora tenemos un requerimiento visual muy importante, incluso más que de lejos en muchas circunstancias.
Supongamos que tenemos un miope leve, de no más de 2 dioptrías. Ve mal de lejos, pero no tanto. Ese desenfoque le impide una correcta nitidez, pero ve los objetos, calcula distancias, etc. Si está sin gafas se maneja relativamente bien en lejos. Y si necesita ver algo con detalle, siempre puede acercarse. De cerca ve bien, con la particularidad de que depende poco o nada del mecanismo de enfoque. Su ojo está enfocado “por defecto” en cerca. Por lo tanto, a partir de los 40 años empieza a notar cierta ventaja: no pierde vista de cerca como las personas “sanas”.
Por lo tanto, si podemos dejar de lado las etiquetas “sano” y “enfermo”, tenemos por una parte a unos sujetos que ven bien a todas las distancias, pero a partir de cierta edad, todavía activos, pierden vista de cerca. Y por otra parte a otras personas que de siempre ven algo peor de lejos, pero de cerca no tienen esa pérdida visual. Si se pudiera elegir, ¿iríamos todos al primer grupo?. No lo creo. Si la actividad o las aficiones de uno dependieran más de la visión cercana, podría merecer la pena estar en el segundo grupo.
Realmente no tenemos que elegir porque tanto para la miopía como para la vista cansada tenemos corrección óptica: con gafas, lentillas o cirugía al final todos ven bien a todas las distancias. Pero al margen de cómo podamos solucionar estas imperfecciones, resulta interesante hacer la reflexión: en un medio donde cada vez prima más la visión cercana, el ojo que de forma espontánea está enfocado para cerca (miope), podemos no considerarlo una anomalía. ¿Quizás un cambio evolutivo?

¿Evolución?

Es difícil defender que la evolución pueda favorecer al individuo miope. En los medios donde el miope puede verse más favorecido (países desarrollados, nivel de vida medio o alto) no hay presión de supervivencia en el aspecto visual que ponga en juego la selección natural. Además, la ventaja del miope se manifiesta a partir de los 40-45 años, y la edad fértil habitualmente la situamos antes. Bien es cierto que antes un miope podría tener más problemas para sobrevivir, o por lo menos para ser un individuo exitoso. En la actualidad no hay esa presión negativa y permite más variabilidad, con lo cual el miope puede competir en igualdad de condiciones.
Pero olvidémonos de la palabra “evolución”, que tiene un claro significado biológico de cambios genéticos en la especie en función del entorno. Hablemos de “tendencia”. ¿Es factible que se establezca una tendencia a las miopías leves?. No hay una presión biológica en este sentido, pero tampoco en impedirlo. Un miope leve sólo necesitaría gafas para lejos, y de cerca podría no necesitar gafas en toda su vida. Si en un futuro las necesidades visuales se polarizan claramente hacia la visión cercana en detrimento de la lejana, llevar corrección para lejos puede ser un “problema menor” frente a la gran ventaja de no tener que llevar para cerca a partir de los 40.

Comparte el artículo Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on Facebook
Facebook
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email

10 Comments

  1. Myriam
    20 agosto, 2010

    Estimado Ocularis,
    muy bueno el articulo. A propósito, ¿existe alguna estadística que indique si la miopía se esté incrementando en algún grupo poblacional?

    Un abrazo,
    Myriam

    Responder
  2. Marcelo
    21 agosto, 2010

    Ocularis:

    Que tal? Dirías que existe entonces un componente ambiental junto con el genético en el desarrollo de la miopía, debido al abuso de actividades de visión cercana en el mundo acutal como leer, usar la computadora, etc. ?
    En el caso de los miopes magnos se podría aconsejar no entregarse en exceso a estas actividades, por el riesgo de provocar un reactivación de la enfermedad , del avance de la miopía?

    Responder
    1. Ocularis
      22 agosto, 2010

      Myriam: Existen estadísticas que estudian los cambios en la prevalencia de miopía en distintas poblaciones. Llama la atención el aumento observado en países asiáticos. Sin embargo, no tenemos estudios a largo plazo, más globales y homogéneos. Existen potenciales sesgos, como que los medios que tenemos para diagnosticar miopías (en especial las leves) no son los mismos en todas las partes del mundo, y también varían a lo largo de los años. También podemos suponer que hay épocas de aumento en la prevalencia, que se alternan con épocas de disminución. Si nos fijamos en estudios con seguimiento relativamente cortos nos podemos quedar con la última tendencia, sin tener una visión más amplia del conjunto.

      Marcelo: Sabemos que hay causas ambientales, pero no cuáles son. El exceso de actividades de cerca es lo que tradicionalmente (y de forma bastante acientífica, todo hay que decirlo) se ha querido relacionar con la miopía, con lo cual es lo que más se ha estudiado. Con resultados contradictorios. Por lo tanto, y pese a que hace mucho, no hay suficientes criterios científicos para desaconsejar la actividad de cerca para frenar o impedir la miopía.

      Responder
  3. Almudena
    23 agosto, 2010

    Interesantes todos los posts sobre miopía. Los he estado repasando estos días. Aunque debo decir que me he vuelto un poquito hipocondríaca después de hacerlo. Sobre todo porque hace unas semanas fui a graduarme y mi miopía no deja de crecer… en Septiembre vuelvo a tener cita con el oculista, le preguntaré cositas de las que he leído por aquí: sobre todo acerca de la miopía magna.

    Responder
    1. Ocularis
      23 agosto, 2010

      Sí, puede agobiar leer esta información. Ten en cuenta que muchas veces se trata del punto de vista del médico, no del paciente. Técnicamente, la miopía es factor de riesgo de varias cosas: desprendimiento de retina, maculopatías varias, glaucoma, catarata precoz, etc. Pero eso se percibe en la práctica cuando eres el médico, porque por ejemplo una mayoría de desprendimientos de retina en jóvenes se da en miopes. Pero mirándolo desde el otro punto de vista, también es cierto que a la mayoría de los miopes (incluido los miopes magnos) no se les desprende la retina.

      Pongamos un ejemplo tonto para exagerar lo que quiero decir. Si uno se fija en los golpes accidentales en la frente, es posible que un factor de riesgo sea ser alto. Y así lo puede percibir un médico que esté en urgencias y atienda este tipo de golpes. Pero para una persona alta, no va sentir que está en un “grupo de riesgo”, porque lo normal es que no se vaya dando golpes por ahí.

      Gracias por leerme 🙂

      Responder
  4. Mau
    25 agosto, 2010

    Nunca posteo pero sigo tu blog porque me encanta. Es un poco irónico mi caso porque me gusta saber sobre los temas que planteas pero, teniendo una miopía muy alta y en progreso, no me preocupa ni un pelo saber estas cosas. Se ve que hipocondriaca no soy jejeje. Enhorabuena por este blog, de los mejores de la red.

    Responder
  5. Almudena
    25 agosto, 2010

    Me preocupa especialmente el hecho de que no pare de crecer. Sobre todo porque, a este paso, la nariz no me va a dar para sostener las gafas (llevo ya 7 dioptrías en el ojo derecho), mis ojos han rechazado este año las lentillas, y mi intención desde siempre ha sido operarme… pero parece que la fecha se aleja cada vez más. Dentro de poco, me van a recetar un bastón y un perro guía, snif.

    Siempre te leo (también me he suscrito al nuevo blog), aunque no soy muy de dejar comentarios.

    Saludos

    Responder
    1. Ocularis
      29 agosto, 2010

      Sí, tampoco yo soy de dejar muchos comentarios, quizás por falta de tiempo, pero también te leo desde hace mucho tiempo 🙂
      Nada, ánimo con la miopía.

      Saludos

      Responder
  6. luisa
    27 junio, 2014

    hola, muy interesante este articulo. Siempre tuve una duda respecto a la miopía y la vista cercana, si los miopes ven bien de cerca, hasta que la miopía incrementa y ven mal de lejos y de cerca, al desarrollar presbicia, ¿podría mejorar el ver mal de cerca por miopía?

    Responder
    1. Ocularis
      23 agosto, 2014

      La presbicia como tal no mejora en los miopes. La presbicia deteriora una función natural del ojo que es la acomodación, el enfoque activo de objetos cercanos al cambiar la forma del cristalino. Con la edad, el miope pierde acomodación de la misma manera que el resto de la población. Lo que pasa es que el miope, cuando no lleva gafas, necesita menos cantidad de acomodación para enfocar de cerca, o incluso nada de acomodación. Pero cuando el miope va totalmente corregido (con gafas o lentillas con toda la miopía, o bien intervenido de ésta), tiene las mismas dificultades de enfoque.

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *