Mitos y leyendas urbanas de la visión (I)

En vez de realizar un artículo monográfico de un tema, hoy vamos a dar respuestas cortas a una serie de afirmaciones y dichos sobre nuestra vista y los ojos. Mitos y leyendas urbanas sobre el sistema visual, elementos que forman parte del «saber popular». Algunos se dan por ciertas y no lo son, otros tienen una parte de realidad pero hay que matizar. 

No es la primera vez que tocamos el tema en Ocularis. Sin ir más lejos, en el podcast tenemos ya como costumbre dedicar el último episodio de la temporada a esto. Así que todos los diciembres desde hace 2 años hay a nuestra disposición episodios de este estilo. Si te interesan estos temas y aún no los has oído, aquí tienes los enlaces para oírlos a través del blog:

También puedes escucharlos en tu aplicación favorita de podcast. Busca en el podcast de Ocularis, en el listado de episodios, el número 12 (el último) tanto de la primera como de la segunda temporada.

Antecedentes en el blog

Ya como artículos del blog, también hemos tocado de alguna manera estos temas. En un post sobre cómo cuidar nuestros ojos, desgranábamos algunos mitos falsos sobre el tema. Al hablar del principio de precaución lo aplicábamos a afirmaciones populares en el ámbito visual, e intentábamos hacerlo con criterio y sin dejarnos llevar por un miedo irracional. 

Ya cuando se trata de artículos sobre temas más concretos, a veces también dedico una parte a desmentir afirmaciones que popularmente se dan por ciertas (o a reafirmarlas si son correctas). Como por ejemplo cuando hablábamos sobre la visión de los halcones. En otras ocasiones ya hay un apartado concreto que se llama «derrumbando mitos», como en los artículos de la miopía y la fatiga visual.

Esta serie de artículos

Pero el formato de hoy es diferente, mucho más variado y escueto. Este artículo pretende ser conciso, corto, y muy ecléctico. No hay un tema, un hilo conductor que se va desarrollando en las diferentes secciones del post. Cada apartado es un tema propio. 

Estos temas los han propuesto en el grupo de telegram de este Proyecto Ocularis, grupo al que os animo a entrar y participar. Desde aquí doy las gracias a los integrantes por su generosa aportación de propuestas. Este grupo es abierto, con buen ambiente y no sobrecarga de mensajes, cosa que se agradece en esta época de exceso de información. Así que si tienes telegram y te interesa la salud visual, ¿por qué no te unes?

Hoy no vamos a tratar todas las propuestas realizadas: hablaremos de una parte de la lista recopilada, porque como decía no quiero que quede un artículo muy largo, y para dejar también un poco con las ganas de más. La idea es hacer más artículos sobre el tema. 

Si hay algún mito, leyenda urbana o dicho sobre la visión que conoces y te interesa saber qué hay de real en él, no dudes en proponérmelo. En el grupo de telegram, o directamente a mí por correo electrónico o por cualquier red social (twitter, telegram, linkedin, facebook). Tienes todos mis datos en el apartado de «Contacto» de esta página.

Y sin más, empezamos.

Ver el televisor de cerca es malo para los ojos

Dicho recurrente que nos ha acompañado desde que aparición el televisor, hace ya unas cuantas décadas. De hecho, en los albores de este proyecto, allá por 2005, escribí un artículo explicando que no es malo ver «la tele» a oscuras. Era otra época, los televisores, igual que los monitores de ordenador, tenían un tubo de rayos catódicos. Una tecnología antigua y actualmente obsoleta. A día de hoy las pantallas son planas, con tecnología de plasma, LCD, LED, OLED, micro-LED o cualquiera de estas variantes. Esta tecnología de los televisores antiguos, «cabezones», decíamos que implicaba el uso de rayos catódicos y por tanto una emisión de luz menos controlada y calibrada que las modernas pantallas. Para mejorar el contraste de la imagen y que la pudiéramos ver con calidad, se debía aumentar la intensidad de la radiación de luz visible de una forma menos controlada, conocida y eficiente que las pantallas actuales. 

De manera que en aquellos tiempos, dependiendo de las condiciones de iluminación ambiente, un visionado continuado del televisor podría producir fatiga y cansancio visual, incluso dolor de cabeza. Eso podía pasar con esa tecnología de ésa época. Y así lo explicaba un oftalmólogo joven, apenas acabada la especialidad, que era ese yo del pasado que escribió el artículo que enlazo más arriba. De todas formas, esos síntomas no enmascaraban un peligro real para nuestra visión. El visionado continuado de esas pantallas de rayos catódicos no amenazaban nuestro sistema visual, no perjudicaban la salud de nuestros ojos a largo plazo. La intensidad de la luz emitida seguía estando varios órdenes de magnitud por debajo de la luz natural. Incapaz de dañar estructuralmente a los tejidos visuales. No importa que nos acerquemos mucho al televisor. Hablo por ejemplo cuando los niños se acercan tanto a la «caja tonta», dejando el sofá y poniéndose en el suelo justo delante de la pantalla. No se les van a «quemar las retinas» ni producir ninguna enfermedad. Eso no quiere decir que les dejemos hacer eso: a los niños hay que educarlos, deben aprender a sentarse donde deben y no donde quieran, por lo menos a partir de cierta edad. Pero no utilizaremos falsos argumentos de salud para convencerlos de que aprendan a comportarse y a colocarse correctamente.

Si los televisores (y las pantallas en general) de esa época no eran realmente dañinas, las actuales mucho menos, por las razones que ya hemos expuesto. Sin embargo este mito no ha desaparecido. Al contrario, se ha actualizado y reforzado con falsedades como la mentira de la luz azul, y asociando erróneamente el uso de pantallas a enfermedades de los ojos como la degeneración macular. Tenemos sólidos datos para asegurar que el uso del televisor (y otras pantallas) no es malo para los ojos, además de su propia implausibilidad biológica (un simple tema de «dosis de radiación»).

La masturbación causa ceguera

¿Quién no ha oído ese mito? Por lo menos en España, las personas a partir de cierta edad, se han criado en una sociedad que todavía arrastraba una tendencia de tabú y prohibición en el ámbito sexual.

Afirmaciones peregrinas como ésta eran una forma de meter miedo a los adolescentes para que evitaran el autoerotismo. Creo que no hace falta que un médico (me da igual que sea oftalmólogo, urólogo, ginecólogo, médico general o lo que sea) tenga que decirnos que la masturbación no altera la visión, ni produce granos en la cara, ni todas esas cosas que se decían. Por otra parte también creo que ya nadie se lo toma en serio. Ni nadie lo dice en serio: ni siquiera los sacerdotes católicos recurren a esto para convencer a sus feligreses sobre la visión cristiana de la sexualidad. Las cosas han cambiado. 

Y ya que hablamos de sexo …

Dejando la masturbación en concreto y hablando de sexo en general, aquí podría incluir anécdotas oftalmológicas sobre actividades sexuales concretas que sí son peligrosas para los ojos. Pero ahorraré a mis queridos lectores los detalles particulares y pondré unos consejos generales sobre el sexo y la oftalmología:

  • Los fluidos corporales no deben bajo ningún concepto entrar en contacto con la superficie ocular. Los fluidos sexuales tampoco. Contienen gran cantidad de bacterias, y sus condiciones bioquímicas (pH, osmolaridad, etc) no dañan la piel y las mucosas preparadas para ello, pero sí la superficie ocular. Pueden producirse infecciones serias en los ojos. Eso no quiere decir que no puedan entrar en contacto con la cara, pero hay que cerrar bien los ojos, y luego lavarse bien la cara. En caso de contacto accidental con el ojo, hay que actuar como en las quemaduras químicas: lavarse abundantemente con agua de grifo, y acudir al médico. Sí, da vergüenza, lo sé, pero nos estamos jugando la vista, y no es una broma.

  • Existen cirugías oculares en las que se realizan incisiones en el propio globo ocular. Heridas quirúrgicas que deben cicatrizarse. A veces se suturan, y en otras, debido a su pequeño tamaño, no hace falta. De hecho, la mayoría de las cirugías oftalmológicas son así (si exceptuamos las cirugías de párpados, de vía lagrimal, de estrabismo, de pterigium). Las operaciones más habituales (por supuesto las cataratas, pero también las de glaucoma, y retina) implican unas heridas en los ojos. Durante los días siguientes, a veces semanas, se recomienda no realizar esfuerzos físicos bruscos o violentos. No agacharse, no levantar pesos, no girar la cabeza con brusquedad. No presionar el ojo, ni directamente ni a través del párpado, no dormir de ese lado para que la almohada no haga presión sobre el ojo operado. Esta limitación de actividades incluye el sexo. Aunque no hagamos presión directa en el ojo, el coito y otras formas de sexo producen cambios circulatorios, respiratorios y movimientos en el abodomen y el tórax. Esos cambios de presión se transmiten por vía venosa al globo ocular, que sufre aumentos bruscos y transitorios de presión. Eso puede abrir la herida quirúrgica, con consecuencias serias. El iris por ejemplo puede verse parcialmente atrapado en la herida o incluso algo prolapsado (que asoma por fuera del ojo). Y eso es un asunto serio. También puede pasar aunque la herida esté suturada. Si el cirujano le dice al paciente que le ha cosido la herida no significa «vía libre». Reposo es reposo. Tras la operación, cuando el cirujano explica al paciente y los familiares las medidas de reposo, en general no mencionamos el sexo. Quizá es un error nuestro. La situación social tampoco ayuda: a veces hemos operado a una persona mayor, y hablamos con los familiares, quizás el cónyuge y/o sus hijos. Todavía es incómodo abordar estos temas. ¿Os imagináis al oftalmólogo diciendo a las hijas del paciente, ya mayor, que se debe abstener del sexo? En las consultas de oftalmología, y menos en el quirófano, no se suele dar la confianza e intimidad para tocar estos temas. Pero es así: nada de sexo durante un tiempo. Porque las aperturas de la incisión, los prolapsos (y necrosis) del iris, y las infecciones, ocurren.

Comer zanahoria para tener una supervisión

Otro mito que nos acompaña desde hace décadas. Asociado también a dibujos animados de la infancia de los que ahora ya peinan algunas canas, todos «sabemos» (comillas comillas) que las espinacas dan fuerza y las zanahorias son buenas para la vista. 

Si bien lo podemos considerar una «mentirijilla» para educar a los infantes y adolescentes para que mantengan unas conductas concretas, algo parecido a lo de la masturbación y la ceguera, por lo menos aquí el propósito es más loable. Sin interferir en la sexualidad del adolescente, estimular la ingestión de verduras siempre va a ser un buen consejo sin conceptos morales de por medio. Aunque basar un consejo de buena salud en un dato falso me sigue pareciendo una mala idea. Si queremos educar bien, lo haremos con la verdad, no con mentiras. Hay muchas razones para aconsejar comer zanahorias y arándanos, por ejemplo, sin relacionarlos con la buena visión, como se ha hecho durante mucho tiempo.

Hablando ya de «supervisión»: el caso es que una buena visión se basa en la ausencia de enfermedad ocular y en la ausencia de defectos de graduación, o en su defecto llevar estos bien corregidos. Sí, el hecho de llevar gafas no significa que veas mal «per se», digamos. Probablemente implique que ves peor sin gafas que una persona que no necesita gafas. Incluso esto no siempre es cierto. Pero una vez que llevas gafas y estás bien corregido, puedes ver igual o mejor que alguien que no necesita gafas. Esto, que para los que nos dedicamos al tema es tan obvio, no siempre lo es para el público general, así que tengámoslo presente.

Más allá de esto, sí es cierto que hay diferencias visuales, por una parte entre los que ven simplemente bien, lo normal, lo que debe ver un individuo sano; y por otra parte algunos que ven «de más». Que tienen cifras de agudeza visual bastante por encima del 100%, si lo queremos llamar así.

Pero esto no se consigue comiendo zanahorias. Ni arándanos, ni cualquier alimento que queramos imaginarnos. Tampoco se consigue entrenando la vista de ninguna de las maneras. Ni hay ninguna actividad o profesión que haga desarrollar mejor visión. Sí es probable que un deportista de tiro con arco, un cazador o un piloto de avión tenga mejor visión que la media. Pero no es que su profesión o actividad les haya mejorado la vista. Precisamente su condición de visión superior les ha facilitado que puedan o les guste dedicarse o hacer dicha actividad de gran exigencia visual.

Dicho esto, come frutas y verduras. Quizás no te van a dar supervisión, pero sin duda es bueno para tu salud en general. Y quizás también juegue un papel en la prevención de la degeneración macular.

Fin (por ahora)

Nos quedan muchos mitos y leyendas urbanas por hablar, así que haremos más artículos del sobre ello. ¿Quieres participar? ¿Por qué no propones algún tema? ¡Cuéntamelo!

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