Terapia visual y lectura

En esta ocasión vamos a volver sobre un tema, a modo de repaso, que ya abordamos en el blog hace años. Un poco como hicimos a comienzos de este 2018 con la degeneración macular y los suplementos nutricionales: Ya habíamos desmontado la mentira de que estos complementos sirvan para la enfermedad, pero es un tema tan en boga a día de hoy que, aprovechando nueva evidencia científica al respecto, conviene repasar, recordar, insistir. La desinformación hay que seguirla combatiendo con información veraz.

Pues hoy vamos a seguir el mismo esquema, pero sobre las dificultades escolares y de lectura y su “tratamiento” con terapia visual. Aprovecharemos que hay una revisión sobre el tema relativamente reciente (finales de 2017) y repasamos lo que ya explicamos en este blog en el 2011.

Lectura y rendimiento escolar

En los niños entre 4 y 10 años aproximadamente, es relativamente frecuente que haya problemas escolares. Estas dificultades, salvo que haya problemas cognitivos o de desarrollo más serios (normalmente los pediatras no tardan en diagnosticarlos), habitualmente son pasajeros y no revisten gran importancia. A pesar de ello, suelen causar cierto grado de preocupación en los padres, que puede llegar incluso a niveles de estrés y ansiedad importantes.

Como causas frecuentes de estos problemas, podríamos citar:

  • Variabilidad individual: no todos los niños aprenden a la misma velocidad, y eso no significa que los que en un momento dado se encuentran rezagados tengan un problema. Es más, un mismo niño puede tener más dificultades durante un curso y luego mejorar claramente el curso siguiente. El aprendizaje y el desarrollo no sigue una cronología regular y acompasada al currículo escolar. Esa variación cuando es a mejor (el niño va “por delante de la clase”) no nos preocupa y no llevamos el niño a hacer pruebas. Cuando ocurre que otro curso va peor, sí que nos ponemos a buscar cosas, y a veces no hay más motivos que la variabilidad individual.
  • Atención, motivación, interés, disciplina: muchas veces los padres enfocan el problema como una dificultad en las capacidades propias del aprendizaje: la vista, el oído, o el propio desarrollo madurativo. Lo más normal es que no pase nada de eso, que no haya una dificultad del los sistemas que le permiten aprender. Simplemente no quiere, no le interesa, prefiere centrarse en otras cosas. Existen cambios sociales que están relacionados con todo esto. Hace unas décadas era más común que los padres dedicaran tiempo para hacer los deberes con sus hijos, durante unos años hasta que, preadolescentes, ya habían cogido la disciplina del estudio y lo hacían por sí mismos. Que en aquella época hubiera algunos niños que precisaran más atención por parte de los padres no se veía como algo especialmente preocupante y no se solía buscar una causa médica o “pseudomédica”. En la actualidad también se hace eso de dedicar tiempo y constancia para educar a los hijos en el estudio, pero ya no es tan generalizado. Hoy por hoy muchos padres tienen menos tiempo para dedicar a sus hijos, y en ciertos ámbitos y circunstancias concretas, se ha perdido la noción de invertir el tiempo necesario para cada hijo, en función de lo que necesite.
  • Sobreexposición a estímulos: actualmente a los niños no les da tiempo a aburrirse. Televisión, contenidos personalizados y adaptados a tu gusto, videojuegos en todos los dispositivos posibles (consola, móvil, tablet, ordenador), gran cantidad de juguetes en un ciclo de entrada vertiginoso. No da tiempo a que el niño “repose” algo de tiempo en una actividad concreta, que tenga tiempo para centrarse en algo. Muy pocos estímulos no son buenos porque los necesitamos para que desarrollen su inteligencia, pero demasiados también son malos. Los niños también se tienen que aburrir, aunque suene raro, para que desarrollen su imaginación, inventen juegos por sí mismos. En la vorágine actual de nuevos estímulos cambiantes y nuevos, es difícil que luego se concentren e leer, en aprender un texto, en concentrarse en una tarea más allá de cinco minutos.

Y podríamos seguir en la lista. Dentro de ella, por supuesto, están también los problemas visuales. Hipermetropías y astigmatismos, muchas veces no diagnosticados y que no quitan agudeza visual, pueden estar detrás de problemas escolares. Es por ello que, aunque en la revisión del pediatra o de la óptica el niño “haya visto bien”, no están descartados realmente los problemas visuales. Por lo tanto, cuando hay dificultades de lectura o de rendimiento escolar, acudir al oftalmólogo es importante.

Terapia visual

Vamos a suponer que vamos al oftalmólogo y nos descarta los problemas de graduación que hemos mencionado antes, y otros que también pueden causar dificultades (estrabismos, etc). Aun en estas circunstancias , algunos optometristas llevan a cabo una serie de medidas a modo de “terapias” con el objetivo de mejorar estos problemas. Se trata de una proporción relativamente minoritaria de ópticos-optometristas: la mayoría de ellos no lo lleva a cabo, y muchos estás directamente en contra debido a la falta de evidencia científica de su uso. Si bien es cierto que la gran mayoría de oftalmólogos están en contra de estas prácticas, alguno lo recomienda e indica, normalmente en el contexto de una clínica o centro oftalmológico en el cual hay optometristas que realizan estos “tratamientos”. Por lo tanto, no se trata de una pseudoterapia que en global hacen un tipo de profesionales, y otra profesión esté en contra. Se trata de evidencia científica. La mayoría de profesionales lo entienden. Pero cuando tu sueldo depende en parte de no entender algo, pues nos encontramos lo que hay.

Sobre esto hable hace siete años, en un artículo que hablaba de la terapia visual en general. Este concepto amplio y ambiguo abarca varios campos, y en el post hablé en general de todo ello. En esta ocasión vamos hablar solo de la terapia visual enfocada a los problemas de lectura y rendimiento escolar.

En el 2011 recalqué un artículo científico a modo de gran revisión bibliográfica, publicado en el 2009, donde se unieron las asociaciones oficiales Estados Unidos de pediatría, oftalmología, oftalmología infantil, ortóptica (los profesionales de la visión de allí que hacían estas “terapias” que aquí hacen algunos optometristas). El resultado era contundente: no hay evidencia científica a pesar de los muchos intentos de “demostrar que funcionaba”, y se desaconsejaba su uso.

Pues bien, en diciembre del año pasado se publicaron, en la revista de mayor impacto de oftalmología pediátrica, dos artículos de actualización (uno y dos). Aportan bibliografía más actualizada sobre el tema, pero el resultado es el mismo, y muy claro. No han demostrado que funcionen, y no se debe utilizar la terapia visual para estos problemas.

La jerga

Si bien estas nuevas publicaciones no aportan información realmente novedosa sobre el tema, sí me ha resultado interesante cómo entrar más o menos detalladamente en los presuntos mecanismos en los que estos “terapeutas” tratan el problema. Existe toda una terminología que suena muy bien, una “jerga” que parece describir de forma seria y científica un problema que, visto desde fuera y por un lego, parece que está perfectamente identificado y demostrado. Pues bien: son palabras vacías, un aura de seriedad con la que se revisten para justificar estos falsos tratamientos. Y en esta publicación lo van desmontando paso por paso. Al igual que en España, y supongo que también en otros países, en Estados Unidos estas pseudoterapias suponen un problema importante y parece que los profesionales honestos se están moviendo para intentar ponerle freno.

Voy a poner un par de párrafos de uno de los artículos que enlazo, porque me parecen muy interesantes:

Behavioral optometrists believe that “visual efficiency problems” (strabismus and nonstrabismic binocular vision problems, such as CI or AI), and “visual information processing problems” profoundly contribute to reading difficulties. They also evaluate “saccadic movements” to detect “inefficient readers” while researchers have shown that the optometric developmental eye movement (DEM) test does not actually assess eye movements; moreover, other tests that developmental optometrists use are poorly validated.

Optometrists define VT as a method to develop or improve visual skills and abilities. Orthoptic techniques are used to treat “visual efficiency problems,” whereas “behavioral/perceptual” techniques are used to improve “visual processing,” and inefficient readers are treated with “saccadic training methods.” In addition to eye exercises, “training/developmental lenses,” which are low hy- peropic power (1.25 D to 1.75 D) lenses with or without bifocals or low power prisms, patches, filters, electronic targets, balance boards, metronomes, computer programs, and other specialized instruments may be used. A VT program consists of in-office and at-home exercises performed over weeks to months.

Despite the complete lack of corroborating research findings with methodological strength and statistical validity, VT and training glasses are widely available and directly marketed to parents and teachers for children who are experiencing learning difficulties. These methods rely on anecdotal evidence to convince the public that they work and often overstate the therapy’s effectiveness and the types of problems they may address. Using VT may give parents and teachers the false sense that a child’s reading difficulties are being adequately addressed. It could also critically delay remedial treatment that is most effective when started before the student reaches third grade.

Que lo podemos traducir como (las negritas son mías):

Los optometristas comportamentales creen que “los problemas de eficiencia visual” (estrabismos y problemas de visión binocular no estrábicos, como la insuficiencia de convergencia o la insuficiencia de acomodación), y “los problemas del procesamiento de la información visual” contribuyen en gran medida a las dificultades de lectura. También evalúan los “movimientos sacádicos” para detectar “lectores ineficientes” mientras que los investigadores han demostrado que las pruebas optométricas del desarrollo del movimiento ocular realmente no valoran los movimientos oculares; es más, otros test que usan dichos optometristas están pobremente validados.

Los optometristas definen la terapia visual como un método para desarrollar o mejorar las capacidades y habilidades visuales. Las técnicas ortópticas se usan para tratar “problemas de eficiencia visual”, mientras que las técnicas “de comportamiento / perceptuales” se usan para mejorar el “procesamiento visual”, y los lectores ineficientes son tratados con “métodos de entrenamiento sacádico”. Además de los ejercicios oculares, se pueden usar “lentes de entrenamiento/desarrollo”, las cuales llevan una potencia hipermetrópica baja (de 1.25 a 1.75 dioptrías) con o sin bifocales o prismas de potencia baja; parches, filtros, dispositivos electrónicos, tablas de equilibrio, metrónomos, programas de ordenador y otros instrumentos especializados. Un programa de terapia visual consiste en ejercicios realizados en el gabinete óptico o en casa durante semanas o meses.

A pesar de la completa falta de hallazgos en investigación con solidez metodológica y validez estadística que lo corrobore, la terapia visual y las “gafas de entrenamiento” están ampliamente disponibles y se venden directamente a padres y profesores de niños con dificultades de aprendizaje. Estos métodos se basan en pruebas anecdóticas para convencer al público que funcionan y frecuentemente exageran la eficacia de la terapia y los tipos de problemas que pueden abordar. El uso de la terapia visual puede dar a los padres y profesores la falsa sensación de que las dificultades de lectura de un niño se están abordando adecuadamente. También podría retrasar críticamente el tratamiento eficaz que es más efectivo cuando se inicia antes de que el estudiante alcance el tercer grado.

Nada más se puede añadir.

¿Por qué parece que funciona?

Pues volviendo a las causas reales de las dificultades escolares de lectura, lo que hemos comentado al principio: si el niño básicamente sano, al final suelen haber circunstancias pasajeras que hacen que no vaya bien una temporada, y luego mejorará. Muchos de estos niños, después de unas semanas/meses haciendo terapia visual, mejorarán. Y sin terapia visual, también mejorarían. Es la falacia de la regresión a la media. Y sin duda ayudará más que los padres, preocupados por el mal rendimiento, estén más pendientes y ayuden al niño, que el tiempo que pierden con los ejercicios visuales.

Y luego está el interés económico del que indica y realiza esta pseudoterapia. Y los propios padres, que cuando han invertido tiempo y dinero en este “tratamiento” prefieren pensar que ha sido útil y eficaz.

Conclusiones

Obsérvese toda la jerga que aparece entrecomillada en el texto que he traducido, y la falta de pruebas que hay de que eso exista y funcione como pretenden. Como decíamos antes: palabras vacías. Conviene recordar aquí que hablamos de optometría comportamental, y que la mayoría de ópticos-optometristas no realizan estas terapias. En general estos profesionales se comportan de manera científica en este aspecto.

En resumen: si tu hijo tiene problemas de rendimiento escolar o de lectura, está bien que lo lleves al oftalmólogo. Si necesita gafas, te las prescribirá y el optometrista te las adaptará. Sin embargo, no dejes que te líen con toda esta jerga, ni dejes que lo traten con prismas, filtros, o ejercicios.

 

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