Trivial oftalmológico: trigesimocuarta pregunta

La cuestión de julio ha tenido una participación de 129 personas, y decía así:

¿En cuál de estas condiciones el principal tratamiento suele ser los antiinflamatorios?
a) Miositis (73%, 94 Votes)
b) Micosis (9%, 11 Votes)
c) Miosis (6%, 8 Votes)
d) Miasis (5%, 8 Votes)
e) Midriasis (7%, 9 Votes)

La pregunta era fácil, prueba de ello es que la opción correcta ha sido la más elegida por una amplia mayoría. Quizás el único interés de la pregunta es que hemos reunido términos lingüísticamente similares: se pronuncian y se escriben parecido. Y todos pueden utilizarse en el ámbito oftalmológico. También nos permite hablar de aspectos muy dispares de la especialidad, ya que no he reunido las opciones de la pregunta por el tema, sino por su grafía y fonética.

Efectivamente la miositis es una anomalía que suele necesitar un tratamiento antiinflamatorio como primera elección. Mios es la raíz griega que utilizamos para referirnos al músculo. -itis es el sufijo, de origen también griego, que significa “inflamación”. Miositis por lo tanto significa inflamación de un músculo, y evidentemente no es un término de uso exclusivo en oftalmología. ¿A qué se refiere una miositis en un contexto ocular?. Es la inflamación de uno o varios músculos extraoculares. Esos músculos son los que se encargan de mover los ojos, de ellos hemos hablado en algún artículo anterior, y hay 6 músculos por ojo (ó 7, si contamos con el elevador del párpado superior).

Existen miositis subagudas o crónicas, como la que ocurre en la oftalmopatía tiroidea. En esta enfermedad, nuestras defensas atacan al tiroides y al tejido blando que rodea al ojo, incluyendo los músculos y la grasa orbitaria. También hay cuadros agudos como una celulitis orbitaria, en la cual hay una infección en la órbita. La órbita es el espacio delimitado por hueso que contiene el ojo, el nervio óptico, los músculos extraoculares, glándula lagrimal, nervios, venas, arterias, etc. En una infección de este tipo, que por cierto es un cuadro grave tanto para el ojo como para la vida del paciente, los músculos se inflaman también, aunque ese aspecto no es el más importante.

La afectación del músculo tiene más relevancia en la enfermedad inflamatoria orbitaria idiopática, también llamado pseudotumor orbitario. Puede ser un cuadro más o menos agudo o subagudo, pero no crónico. Se inflaman en global los tejidos orbitarios de forma difusa, o algunos en concreto. La causa no es infecciosa como la celulitis orbitaria, sino autoinmune, de manera similar a la oftalmopatía tiroidea. Un subtipo de esta enfermedad es la miositis, en la cual se inflama de forma específica algún músculo.

Excepto en el caso de la infección, el tratamiento son los antiinflamatorios, normalmente corticoides orales o intravenosos. Lo cual, aun sin entrar mucho en el tema, cualquier enfermedad que acabe en -itis probablemente se beneficie de un antiinflamatorio.

La micosis es una colonización o infección por hongos. Es un término que se puede utilizar en diferentes especialidades, como la miositis. Los hongos también pueden invadir el ojo, como el caso de la queratitis micótica, que es la infección de la córnea por hongos. Suele aparecer por un traumatismo con una rama, o por un mal uso de lentes de contacto. En general son cuadros graves. Hongos de las especies Aspergillus, Fusarium y Candida son habituales en este problema.

No menos grave es la endoftalmitis fúngica, que sería una micosis “global” del ojo, en la cual el hongo se consolida en la cavidad vítrea, y se suele afectar la práctica totalidad de los tejidos oculares. Puede ser una evolución de la queratitis micótica, en la cual el hongo termina atravesando la córnea e invadiendo el interior del ojo, pero normalmente el germen llega por vía sanguínea. El ejemplo típico sería la endoftalmitis por Candida, en la cual el hongo de la especie Candida ha viajado desde la infección inicial (en el riñón, los genitales, el colon, etc) a través del sistema sanguíneo hasta el ojo.

Existen otras formas de micosis que tienen relación con el ojo, como la mucormicosis. El tratamiento de la micosis ocular son los antifúngicos, destinados a acabar con el germen. En algunos momentos de la enfermedad los antiinflamatorios pueden estar indicados, pero no es el tratamiento principal. De hecho, hasta que no tenemos controlada la infección, están contraindicados.

La miosis, al contrario que los términos que hemos ido explicando, no es una enfermedad, y se trata de un concepto exclusivamente ocular. Es la situación en la que la pupila tiene un tamaño pequeño, debido a que un músculo del iris, el esfínter de la pupila, se contrae, y el otro músculo del iris, el dilatador de la pupila, se relaja. La miosis es la respuesta natural al aumento de iluminación. Es la forma que tiene nuestro ojo de modular la cantidad de luz que llega a la retina, como ya hemos explicado. También es una respuesta al enfoque de objetos cercanos, y de forma sutil, nuestras pupilas se hace más pequeñas , más mióticas, cuando estamos tranquilos y relajados (es una respuesta parasimpática). Existen algunas enfermedades como la intoxicación por fármacos o tóxicos depresores del sistema nervioso (heroína, benzodiazepinas, etc), la uveítis anterior o el síndrome de Horner que cursan con miosis.

El término opuesto es la midriasis, condición en la que la pupila aumenta su tamaño por acción del dilatador y relajación del esfínter. Aumenta la cantidad de luz que entra al ojo, y el estímulo más habitual de la midriasis es la disminución de luz ambiental. Debido a que es parte del sistema simpático, nuestras pupilas se dilatan algo más cuando estamos nerviosos, asustados o hacemos ejercicio físico. Algunas enfermedades como la parálisis del III par craneal (no siempre) o la intoxicación por cocaína y otros estimulantes producen midriasis. En oftalmología se usan colirios midriáticos para dilatar la pupila, y así explorar el fondo del ojo.

La miasis hace referencia a la invasión de algún tejido del organismo por larvas de mosca. Puede ocurrir en diferentes partes del cuerpo, entre ellas el ojo. La miasis ocular, si bien como concepto suele ser desagradable de imaginar para muchas personas, no suele ser grave. Y es relativamente frecuente. Se trata de moscas que “chocan” accidentalmente con el ojo abierto de un sujeto, y las larvas se depositan en la superficie del ojo. El paciente suele notar molestias, enrojecimiento, a veces algo de legaña, y sobre todo como si “algo se moviera” por su ojo. Y de hecho así es: las larvas se desplazan sobre la superficie ocular. No tienen capacidad de atravesar la conjuntiva por sí mismas, por lo que permanecen en el exterior. Se han probado distintos fármacos para acabar con las larvas, pero el tratamiento habitual es quitarlas con pinzas en la lámpara de hendidura (a simple vista es muy difícil porque son ciertamente pequeñas y casi transparentes). Se parecen a pequeños renacuajos con gran movilidad que se esconden en los recovecos y pliegues de la conjuntiva. Normalmente son muy numerosas.

El ranking ya está actualizado y está puesta la pregunta de agosto, así que ¡a jugar!

 

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