Carencias del sistema visual humano (II)

En la entrada anterior estuvimos considerando el aparato visual de los humanos, cuáles son sus puntos débiles. Utilizando como referencia el de otros animales, estuvimos comparando cómo funcionaban nuestros ojos y el resto de sistema visual, en qué aspectos salimos bien parados y en cuáles no. Estuve dando unas razones para colocar nuestros ojos en un buen lugar dentro del reino animal. Para resumir:

  • Nuestra nitidez de imagen es muy buena. No tanta como la de algunas aves, pero aparte de éstas, pocos animales nos superan en calidad de imagen (generalizando bastante, sólo los felinos y otros primates pueden ponerse a nuestro nivel).
  • Nuestra visión cromática (ver los colores) es muy buena, pero en lo que destacamos es en la gran capacidad de ver en relieve. Nuestra percepción de las tres dimensiones es muy superior a la de la mayoría de especies.
  • Como animales diurnos, nuestra visión en penumbra es claramente inferior en comparación con las especies nocturnas. Pero en comparación con otros animales diurnos, no estamos demasiado limitados. Sí que hay numerosos ejemplos de animales mejor adaptados a ambos medios, pero no hay una diferencia excesivamente grande.
  • El campo visual conjunto (el obtenido con ambos ojos a la vez) es nuestra peor baza. Es el precio de tener tan buena visión tridimensional.

Por tanto, tenemos unos ojos muy bien adaptados a nuestro estilo de vida. Mejor dicho, nuestro estilo de vida es como es debido a nuestro sistema visual. Carecemos de una visión periférica tan buena como muchos animales que deben estar alerta para que ningún peligro o presa se les escape. De todas formas, no estamos en la situación de poder ser cazados por un gran carnívoro que nos aceche; no es algo que vayamos a echar de menos. Por contra, tenemos una gran calidad de visión y una buena visión en tres dimensiones. Eso significa que el sentido de la vista nos ofrece una información muy concreta y detallada de nuestro entorno, difícil de igualar en el reino animal. No tenemos que acercarnos y utilizar otros sentidos (olfatear, tocar o chupar) para investigar lo que nos rodea. Con mover la cabeza y los ojos (desplazar nuestro reducido pero eficaz campo visual) nos basta para tener una buena idea de lo que nos rodea.

Por lo tanto, ¿nuestro sistema visual es perfecto?. Para nuestra forma de vida, ¿no echamos nada en falta?.

Estas preguntas suponen un ejercicio de imaginación y especulación, cada cual es libre de establecer qué echa de menos, qué cosas podrían estar mejor. Yo os voy a contar mi propia especulación basada en mis razonamientos y experiencia. No tiene que ser ni la mejor ni por supuesto la única. Pero quiero basarla, no en qué podríamos con mejorar aunque no lo necesitemos, sino en carencias que veo a diario, y que no dependen de una enfermedad (que podemos entenderlo como una desviación del funcionamiento natural), sino de la propia naturaleza del ojo.

Desde mi punto de vista, hay dos elementos esenciales

  • Para lo que no tenemos una buena adaptación: el paso del tiempo
  • La parte del ojo que peor va a sufrir el tiempo: el cristalino.

¿Envejecimiento?

Lo pongo entre interrogantes, porque el término va con trampa. De hecho, arriba acabo de decir “el paso del tiempo”, que parece simplemente un eufemismo de envejecer, pero no es así. Este matiz es importantísimo. Veamos cómo nos afecta el envejecimiento en otras partes de nuestro organismo, y luego veremos qué es lo que ocurre dentro de nuestros ojos.
Durante el comienzo de nuestra vida, muchos de nuestros sistemas están en pleno desarrollo, de forma que deben pasar años para que podamos utilizar todo su potencial. Esto pasa evidentemente con el aparato reproductor, pero también con buena parte del sistema endocrino, y también con nuestros músculos y huesos. Así, funcionalmente nuestro organismo sigue una gráfica ascendente, de forma que alcanzamos nuestro punto máximo entre los 15 y los 20 años (no ocurre así con el cerebro, pero de momento excluiremos este órgano de nuestras consideraciones). Nos mantenemos a pleno potencial entre una y dos décadas. En torno a los 40 comienza la curva descendente. No nos recuperamos igual de las enfermedades, no cicatrizamos tan rápido, nos cansamos más. No es algo brusco, todavía tenemos un cuerpo plenamente funcional. Si nos hemos mantenido sanos y nos hemos cuidado, podemos mantener un estado muy bueno (no tan espectacular como en la juventud, pero muy bueno) por lo menos una o dos décadas más. A partir de los 60 comienza el auténtico envejecimiento. Nuevamente aquí las cosas varían mucho si uno se ha cuidado o no, o si acontecen enfermedades. En buenas condiciones, un sujeto puede vivir una o dos décadas más con buena calidad de vida. Con un descenso de la actividad física y menor tolerancia a enfermedades que antes eran banales, pero se puede llevar una vida tranquila sin limitaciones.
Como vemos, en buenas circunstancias la especie humana es longeva. Comparados con otros animales (animales grandes y complejos como nosotros), vivimos bastante. Eso es porque la mayoría de nuestros sistemas tardan bastantes décadas en verse afectados por la edad. Éste es el envejecimiento natural, una lenta involución después de varias décadas de buen funcionamiento. Y lo característico del envejecimiento, además de su aparición “tardía”, es su enorme variabilidad. Algunos envejecen antes, pero otras personas están sorprendentemente bien con 80 ó 90 años. Con “buenos genes” y una vida sana, el cuerpo humano puede retrasar mucho su envejecimiento.
Bien es cierto que los primeros cambios del envejecimiento pueden acontecer a edades tempranas, pero eso no se nota en la funcionalidad hasta varias décadas después.

El cristalino

En un lugar particular del ojo,las cosas cambian radicalmente. De otras veces que hemos hablado, sabemos que con los años el cristalino (la lente interna del ojo) pierde transparencia, es lo que llamamos cataratas. La catarata senil, la que ocurre en el ojo sano de la persona mayor, es fácil de asumir porque la funcionalidad del ojo se afecta paralelamente a la del resto del cuerpo. Perdemos vista por la catarata, pero también audición, nos movemos peor, etc.
Sin embargo, el cristalino está sufriendo cambios desde el nacimiento. La pérdida de transparencia que afecta a la visión llega tardíamente, sí, pero hay otros cambios que son, comparando con el resto del organismo, precoces. Aunque “más o menos transparente”, en la lámpara de hendidura un cristalino de una persona de 30 años ya se observa diferente que en un niño de 10.

Pero ahora no quiero hablar de la catarata ni de los cambios en la transparencia. Se trata de algo más sutil, invisible. Tiene que ver con la pérdida de acomodación. Y a eso me quiero referir, esa es la clave. Para mí, la pérdida de acomodación es la limitación más importante de nuestro sistema visual. Así que adentrémonos en el tema de la acomodación. Le dediqué un artículo monográfico (hace más de tres años, pero sigue siendo válido), aconsejo su lectura. En esta entrada del 2005 explicaba que la acomodación es el proceso con el que nuestro ojo puede enfocar en las diferentes distancias. En concreto, de lejos la acomodación está relajada y de cerca tiene que acomodar de forma lineal (cuanto más cerca está el objeto, más acomodación necesitamos).
La acomodación consta de dos partes: un músculo que “trabaja” (llamado músculo ciliar) y unas estructuras que se ven modificadas pasivamente por el trabajo del músculo. Estas estructuras pasivas son el cristalino y el sistema de ligamentos y cápsula que lo sostienen. Cuando se contrae el músculo ciliar, la tensión de los ligamentos se relaja y el cristalino cambia de forma: se abomba y sus superficies se curvan más. Por lo tanto, su comportamiento óptico varía. Como el cristalino es una lente, la acomodación le confiere mayor poder dióptrico, más potencia. Esa potencia adicional que necesitamos para ver de cerca.

Lo sorprendente de este proceso de acomodación (que por lo demás se trata de músculo y tejido fibroso, en cierta medida similar a innumerables acciones musculares del organismo) es que varía mucho con la edad del sujeto. En concreto, perdemos capacidad de acomodación desde que nacemos.

Para explicarlo mejor, vamos a utilizar ejemplos prácticos. Nuestra capacidad de acomodación podemos medirla con el llamado punto próximo. Como explicaba en el artículo enlazado antes, el punto proximo es la distancia a la que podemos enfocar un objeto con la acomodación trabajando al máximo. Cuanta más acomodación tengamos, más potencia podemos dar al enfoque y más cerca está el punto próximo. Y al revés, conforme perdemos acomodación, el punto próximo se va alejando.
Un niño de 2 años tiene una acomodación enorme, su punto próximo casi está en contacto con el ojo. Prácticamente podría verse sus propias pestañas. Conforme vamos cumpliendo años, perdemos acomodación. Pero desde la infancia. Un niño de 10 años tiene su punto próximo más lejos. Con 20 años puede haberse ido a los 10-15 centímetros. Y vamos perdiendo y perdiendo, hasta que el punto próximo llega en torno a los 30-40 centímetros (la distancia de lectura, acontece sobre los 40-45 años), y lo llamamos vista cansada o presbicia. Pero como vemos, se trata de un proceso que empezó casi desde el nacimiento.

Nos damos cuenta que es un proceso natural, universal (le pasa a todo el mundo, incluso a los miopes), y dependiente de la edad. Pero no es realmente un envejecimiento. No como envejece el resto del cuerpo. No tenemos unas décadas de funcionamiento óptimo y luego involuciona. Perdemos acomodación desde niños, y es un proceso imparable. Además, no depende de las condiciones de vida.

Pérdida de función atípica

En los países desarrollados, cuando uno tiene medios para ponerse gafas de cerca, la vista cansada la consideramos un problema menor. Pero el que tenga una solución relativamente fácil, asequible y segura, no deja de ser una prótesis artificial. No cambia el hecho de que después de los 40 años el ojo sufre una considerable merma de su función. Por lo menos para nuestro estilo de vida, en el que es tan importante la visión cercana.

En otras épocas de la historia de la humanidad, llegar a los 40-50 años suponía ser anciano. Hoy por hoy, unas mejores condiciones de vida (alimentación, medidas sanitarias, esfuerzo físico más saludable, etc) retrasan el envejecimiento natural y hasta los 60-70 años el cuerpo puede mantener unas funciones más que aceptables. Estamos hablando de 20-30 años más en los que el adulto es funcional, sin limitaciones.
Excepto la vista. Sin gafas de vista cansada (y si uno no es miope), un sujeto de 50-60 años no ve bien de cerca. En un entorno en el que necesitamos ver de cerca. Y eso no mejora con dieta, ejercicio, reposo, vitaminas, ni nada. No depende realmente del envejecimiento, no como lo entendemos habitualmente. Es un proceso que ocurre desde la infancia.

¿Por qué le he echado la culpa al cristalino?. De los dos componentes de la acomodación que explicaba antes (el músculo ciliar y los elementos pasivos), el que resulta afectado no es el músculo. De hecho, con los años el músculo ciliar gana capacidad en vez de perder. El problema está en los elementos pasivos. Es decir, el cristalino y las estructuras anejas (ligamentos y cápsula). Pierde elasticidad, se vuelve más rígido, y no se deforma tanto como antes.

Esta rigidez no es comparable con la debida al envejecimiento de otras estructuras. También las articulaciones y las vainas tendinosas pierden elasticidad. Pero no con 20 años, y depende mucho del uso de esas estructuras.
Con el cristalino es diferente: al margen de cómo usemos el ojo, se va volviendo rígido, y es así desde el nacimiento.

¿Tiene que ser así?

Es una pregunta difícil de contestar. Fijándonos de nuevo en otros ejemplos animales, la variabilidad de los mecanismos de acomodación es asombrosa. Por supuesto, los ojos compuestos y los simples de los invertebrados no acomodan. Sólo los ojos en cámara (los que dan una auténtica imagen de calidad) pueden acomodar. Algunos de estos ojos no acomodan: hay animales que ven mal de cerca, siempre. Otros dependen de su pupila para ver de cerca. Algunos deforman la córnea, otros modifican la longitud del ojo. De todos los mecanismos, el de modificar el cristalino parece ser el de mejor calidad. Pero es difícil encontrar animales filogenéticamente diferentes a nosotros (es decir, descartando los primates), con una acomodación de tan buena calidad como la nuestra y tan longevos como nosotros. Así que es complicado encontrar ejemplos en el reino animal que hayan encontrado alguna solución a la longevidad del ojo sin perder calidad en la acomodación.

En cualquier caso, para mí es la limitación más importante de nuestro sistema visual. Fácil de solucionar, pero en edades donde una persona está sana y sin limitaciones por envejecimiento, su ojo (sano, no enfermo) ya no puede mirar correctamente de cerca.

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11 comentarios

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  1. Chindasvinto dice:

    ¿Y una persona operada de cataratas,por ejemplo, que tenga una lente intraocular en vez de cristalino, también acaba teniendo problemas de vista cansada?

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  2. Albert dice:

    “Por tanto, tenemos unos ojos muy bien adaptados a nuestro estilo de vida. Mejor dicho, nuestro estilo de vida es como es debido a nuestro sistema visual.”

    Hombre, Darwin lo dijo al revés… :-p Y puestos a escoger, me quedo con Darwin (sin ánimo de menospreciar, eh). Si nuestro estilo de vida hubiera tenido que ser otro, con el paso de miles y miles de años nos habríamos ido adaptando a ello a través de la evolución y blablablá… ¿no? Así que me quedo con la primera parte de tu aseveración.

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  3. meneame.net dice:

    Carencias del sistema visual humano…

    "Tenemos unos ojos muy bien adaptados a nuestro estilo de vida. Carecemos de una visión periférica tan buena como muchos animales que deben estar alerta para que ningún peligro o presa se les escape. De todas formas, no estamos en la situación…

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  4. Ocularis dice:

    Chindasvinto: Cuando extraemos el cristalino, el ojo pierde totalmente la capacidad de acomodación. Verá bien de cerca si la lente intraocular permite ver de cerca (si es una monofocal con algo de miopía, verá bien de cerca y peor de lejos, y si es una multifocal, puede ver a ambas distancias).

    Albert: Me temo que no tienes clara la teoría evolutiva, te recomiendo una lectura más minuciosa. Darwin no hablaba de estilos de vida (un concepto muy “humano”, a corto plazo y no muy relacionado con la autoconservación), y los cambios genéticos no van “orientados” por cómo utilicemos el órgano. Es decir, porque utilicemos el ojo preferentemente de cerca, no va éste a ir adaptandose mejor a la mirada cercana en sucesivas generaciones. Para nada. Los cambios genéticos ocurren al azar, y cuanto más complejo es un órgano, más difícil es que se den cambios profundos. Si existe una importante presión evolutiva (algo amenaza la supervivencia de la especie), entonces puede ocurrir que algunas de las variaciones genéticas favorezcan la supervivencia de sus individuos hasta la edad reproductiva. En ese caso, y sólo en ese caso, se irán seleccionando los cambios que conduzcan a una mejor adaptación.
    Eso no ocurre en el ser humano, que no tenemos una presión evolutiva que amenace nuestra supervivencia. Al menos no hay variaciones oculares que mejoren la supervivencia. Nuestro ojo ve bien en tres dimensiones y de cerca porque para los primates, ver en relieve y con nitidez le permite una mejor adaptación para trepar y vivir en los árboles. Poco que ver con la actividad humana de cerca. Lo mismo que nuestra mano con pulgar oponente. No se ha ido “mejorando” porque la utilizamos para manipular herramientas desde los primeros homínidos. Es una adaptación a la vida en los árboles. Los primates tienen los ojos y las manos casi iguales a las nuestras, la evolución ya no nos diferencia de nuestros primos, nos separa un tiempo muy corto y no hay presión selectiva.

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  5. Yugui dice:

    Sólo te escribía para felicitarte por el blog en general y por cualquier articulo como este mismo… Estudio cuarto de medicina aquí en Madrid tb, y bueno dentro de dos semanas tendré mi examen de “ojos”, y quería agradecerte lo útil que me han resultado tus artículos. Ya te leía desde antes, a través del blog de Shora di con ocularis, pero ha sido este año, que he tenido un contacto más cercano con la especialidad que te he leído con muchísimo más detalle y atención… en serio, explicas la fisiopatología, la anatomía, las cirugías… todo de una forma tan didáctica, amena, gráfica, clara… que ojalá hubiese una mínima parte de esa vocación docente que demuestras con este proyecto en los catedráticos o profesores de medicina de las universidades… en serio, qué gusto da leer tus artículos sobre el desprendimiento de retina y no esas diapositivas de conceptos inconexos que dan algunos profesores…
    En serio, escribe un libro o dedícate a la docencia porque realmente sabes hacerlo…

    ole, ole y ole!

    y gracias again, jejjejeje

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  6. Lola dice:

    Tu web es muy interesante, tengo un blog sobre el Sindrome de Pupila de Adie en el que exponemos toda la informacion sobre este sindrome ocular, nos gustaria que pudieras visitarlo, o tambien comentar algo sobre ello en tu web ya que en el resto de la red hay muy poca informacion sobre Adie. Gracias

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  7. Ocularis dice:

    Hola Yugi: Muchas gracias por tu valoración. Agradezco mucho este tipo de mensajes, es un apoyo para seguir escribiendo artículos :)
    Un cordial saludo.

    Hola Lola: Anoto tu propuesta en la lista de artículos pendientes. Gracias por leerme

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  8. Luigi dice:

    Hola, Ocularis. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, te quería comentar algo relacionado con la evolución del ojo. La teoría de la evolución, de la que ahora se cumple 200 años, tal y como es, es decir, tal y como tú le explicas a Albert en tu comentario, me resulta ya hace tiempo difícil de entender. Ya sabes que los críticos con la teoría de Darwin suelen argumentar la perfección del sistema óptico del ojo para ponerla en entredicho; el mismo Darwin reconoce que esa perfección juega en su contra aunque luego la intenta salvar. Que conste que no la discuto, lo que pasa es no la entiendo. Que no entiendo cómo es posible que cambios azarosos, sin un camino prefijado, puedan derivar a esa maravilla que es el ojo, humano o no humano.

    Por concretar, ese mecanismo al que aludes en este artículo de la acomodación, ¿cómo pudo desarrollarse? Si apareció de repente, con el cristalino, su cápsula, la zónula, las fibras suspensorias, el músculo ciliar; es decir, si todo o casi todo apareció de golpe, pues, la verdad, me parece más propio de una milagro que de otra cosa; pero si apareció poco a poco, sin que hubiera ningún camino preestablecido, de forma azarosa, pues tampoco no logro entender, ya que parecería que cualquier mutación dentro del globo ocular tendría que ser perjudicial, ¿no?

    Que conste que no estoy hablando de creacionismo ni fijismo, que yo soy más bien no creyente, pero resulta muy fácil de entender cuando te hablan de pájaros en la selva de un color determinado y de una mutación de cambio de color que favorece a ese pájaro en concreto frente a sus enemigos, eso es fácil de entender, repito, pero cuando hablamos del sistema óptico humano, la cosa se complica mucho.

    Por otra parte, si pequeños y casuales cambios son capaces de ser aprovechados de forma causal con el medio que nos rodea, ¿cómo es posible que simples errores refractivos como la miopía o el astigmatismo, que pueden suponer a poca que se tenga, una clara desventaja, por ejemplo a la hora de cazar, actividad de subsistencia habitual del hombre primitivo y no tan primitivo, no hayan sido erradicados mucho tiempo atrás por seres emétropes.

    En resumidas cuentas, Ocularis, que ya ves que debo ir muy desencaminado, así que me gustaría que arrojaras luz allí donde las sombras no me dejan ver. Gracias.

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  9. Ocularis dice:

    Ok, apunto a la lista un artículo sobre la evolución del ojo.
    Mejor explicarlo con tranquilidad y unas cuantas imágenes.

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  10. EC-JPR dice:

    Vale, leídas ambas entradas :) Del problema del punto ciego me acordaba, pero no caí en la pérdida de acomodación. Me lo apunto, aunque me da miedo que si lo pongo en la entrada no se pille… :oops: A ver si al final consigo que quede algo aparente, pero va a estar jodido :oops:

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  11. Ocularis dice:

    Tampoco tienes que explicar la acomodación de pe a pa. Sólo hace falta mencionar las consecuencias prácticas: El ojo a partir de los 40 años tiene serias dificultades para enfocar de cerca, y después de los 45 casi nadie se libra de gafas de cerca (a no ser de que ya utilices gafas para lejos). Una persona sana, en la cuarentena, no la podemos considerar “vieja”: el resto de órganos cumple adecuadamente su función. Forzando la máquina, la forma física (y la cicatrización de las heridas, recuperación de una enfermedad, etc) no es tan óptima como con 20-30 años, pero con 40-50 las cosas siguen funcionando, los sistemas cumplen su función normal de forma aceptablemente bien. El ojo no, ya no enfoca de cerca.
    Un ojo “diseñado” para el hombre moderno, de gran longevidad y con tanto uso de la mirada de cerca, no tiene sentido. Tiene sentido desde el punto de vista evolutivo, teniendo en cuenta que los primeros homínidos ni vivían tanto, ni utilizaban tanto la mirada de cerca. Y más importante: un problema a partir de esa edad no afecta a la capacidad reproductiva (habitualmente el ser humano tiene los hijos antes de los 40-50 años), por lo que evolutivamente es un problema menor.
    Ya me dirás qué tal va el artículo ;)

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