Poniendo nombre a la cirugía de la catarata

No solo es la operación más frecuente, con mucho, de la especialidad, también es una de las cirugías más frecuentes de toda la medicina. En el blog le hemos dedicado tres artículos (uno, dos y tres), así que no voy a volver a explicar en qué consiste. Me voy a centrar en cómo denominamos la cirugía en la actualidad. Y le quiero dedicar un artículo a un tema aparentemente tan nimio porque realmente no hay un consenso en la terminología. Una cirugía tan frecuente y tan asentada no tiene un nombre ampliamente admitido.

Un breve recuerdo

Para el que no se quiera mirar los enlaces que he puesto arriba, va un rápido resumen de lo que estamos hablando. La catarata es una opacidad del cristalino, que es una lente que tenemos en el interior del ojo. Este cristalino está metido en una especie de estuche transparente que está sujeto por unos pequeños ligamentos. Este estuche lo denominamos “cápsula”.
La raíz “Facos” significa cristalino. Una persona que tiene cristalino, decimos que es “fáquica”. Si se ha quitado el cristalino (y no lleva lente dentro del ojo), se denomina “afáquica” (el prefijo a-, significa negación, “sin cristalino”). Y a una persona que además de quitarle el cristalino se le pone una lente que lo sustituye, se le denomina “pseudofáquica”, donde pseudo- significa “falso”, es como si llevara un falso cristalino, una lente que lo sustituye.

La cirugía de la catarata ha ido evolucionando bastante. A grandes rasgos:
* En la antigüedad la catarata no se extraía del ojo, se desplazaba de donde estaba para que no estuviera en el eje visual.
* Más cercanos a la actualidad, el procedimiento habitual de hace no tantos años era la extracción completa de la cápsula y el cristalino. Había que hacer una incisión grande, se atrapaba el cristalino y su cápsula con un aparatito que lo congelaba (como un pequeño tubo muy frío), se arrancaba de los ligamentos y se sacaba del ojo. Era la “extracción intracapsular”. Porque el cristalino se extrae dentro de la cápsula, se sacan las dos cosas juntas, en bloque. Normalmente no se ponían lentes intraoculares, porque al principio no existían. Si nos planteamos poner una lente cuando realizamos esta extracción intracapsular, no podemos colocar la lente en el lugar donde estaba el cristalino, porque ya no queda cápsula donde se sujete. Deberíamos poner la lente en una posición más anterior, delante del iris.
* Posteriormente la técnica cambió. Después de realizar la incisión, abrimos la parte anterior de la cápsula, y sacamos el cristalino del ojo, pero dejando la cápsula dentro. Es la “extracción extracapsular”, y presenta muchas ventajas. Entre ellas, podemos colocar la lente en un sitio mejor, detrás del iris porque se queda sujeta por la cápsula.
* Y por último está la técnica actual. Se realiza una incisión pequeña, y también abrimos la cápsula. En vez de sacar el cristalino completamente (no podríamos porque hemos hecho una incisión muy pequeña), lo que hacemos es trocearlo dentro del ojo con un sistema de ultrasonidos, y después lo aspiramos. Luego colocamos la lente dentro de la cápsula. Sería la “facoemulsificación”.

Y ahora, ¿cómo lo llamamos?

La técnica que utilizamos casi siempre es la facoemulsificación. Entonces, ¿así denominamos la cirugía en los informes?. Pues habitualmente no, a pesar de que es un término relativamente exacto. Realmente en la cirugía hacemos más, porque no se trata sólo de quitar el cristalino, es muy importante poner la lente. El nombre largo sería “facoemulsificación más implante de lente intraocular”. Un poco largo, ¿no?. A veces en la historia clínica o en algunos papeles burocráticos se utilizan términos coloquiales dentro de la especialidad, y hablamos de “FACO + LIO”, y a veces simplemente “FACO”, entendiendo que la lente intraocular (LIO) se pone de rutina.

Por otra parte, cuando lo tenemos que escribir como antecedentes quirúrgicos en un informe, muchos oftalmólogos optamos directamente por el nombre sencillo de “cirugía de catarata”. ¿Por qué?:

  • Lo entiende todo el mundo. No se trata de describir una cirugía con una terminología técnica para que el paciente no se entere.
  • No hay otra cirugía de catarata que no esté encaminada a eliminarla, y si podemos, siempre ponemos lente intraocular. Por lo tanto estás siendo bastante concretos.
  • Puede parecer que este término es más ambiguo que “facoemulsificación más implante de lente intraocular”. Pero es que siempre vamos a ser ambiguos. Aunque digamos esto último, hay muchas cosas que quedan por decir de la cirugía. ¿Dónde está la lente: en saco capsular, en sulcus, en cámara anterior?. ¿Qué tamaño de incisiones hay?. ¿Se han necesitado suturas?. ¿Qué técnica hemos utilizado en la facoemulsificación?. Por lo tanto, si de todas formas no vas a poder resumir la cirugía en unas pocas palabras, con decir “cirugía de catarata” es suficiente.

Para los que son muy puntillosos, “facoemulsificación” implica una técnica concreta de eliminación de la catarata. Que no siempre utilizamos, y llamar a todo “facoemulsificación” sería inexacto. Cuando utilizamos ultrasonidos, emulsificamos la catarata. Pero a veces la utilización de ultrasonidos es mínima y rompemos la catarata aprovechando la succión y elementos mecánicos, y deberíamos hablar de “facofragmentación”. E incluso a veces la propia aspiración es suficiente para desestructurar la catarata, y no usamos ultrasonidos en absoluto: sería una “facoaspiración”.

Otros nombres inexactos

En algunos informes describen la cirugía de la catarata como “pseudofaquia”. Tampoco sería totalmente exacto. Pseudofaquia es la situación del ojo tras la cirugía, no la cirugía en sí.
Y en otros informes, normalmente no de oftalmólogos sino de otros especialistas, hablan de “faquectomía”. Es un término que personalmente no me gusta nada. El sufijo -ectomía hace referencia a las cirugías que consisten en extirpar algún órgano o tejido. Pancreatectomía cuando se extrae el páncreas, polipectomía cuando se extirpa un pólipo, etc. Por similitud, y visto desde fuera, otros compañeros se refieren a nuestra cirugía como faquectomía. Aparte de que el término suena fatal (esto es una apreciación personal), no lo veo conveniente. Primero porque no estamos extirpando la catarata de la misma manera que otros cirujanos hacen sus -ectomías. En las modalidades antiguas de cirugía sí, pero ahora no. Se emulsifica o fragmenta dentro del ojo. Supongo que desde fuera puede parecer lo mismo, pero no lo es. Pondré un ejemplo: cuando se trata por endoscopia una variz sangrante en el tracto digestivo, hay diferentes medios de hacerlo (por estrangulamiento, inyectando un fármaco, etc). El tejido de la variz queda destruido, y sin embargo no hablamos de “varicectomía”. Ese tejido se destruye, pero no lo sacamos en bloque. Nosotros no sacamos sin más la catarata fuera del ojo. La destruimos dentro del ojo.
La segunda causa por la que el término “faquectomía” no me convence es porque sólo nos referimos (de forma además inexacta) a la eliminación de la catarata, no al implante de la lente intraocular. Hemos puesto una prótesis dentro de un ojo, al fin y al cabo. No es muy coherente utilizar terminología muy técnica y hasta cierto punto “oscura” para ser muy descriptivos, y luego dejarnos una parte de la cirugía casi tan importante como lo que describimos. Si de todas formas no vamos a describir técnicamente bien la cirugía, con hacer referencia a que hemos operado la catarata es suficiente, y así el informe queda más claro.

VN:F [1.9.3_1094]
Rating: 10.0/10 (2 votes cast)
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Facebook
  • MySpace
  • Netvibes
  • Wikio
  • Twitter
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • email

Un nuevo blog

Toca una entrada corta para confirmar lo que mencionaba en el penúltimo artículo: he creado un nuevo blog, que no irá sobre oftalmología ni el sistema visual. Ahí no habrá divulgación ni ciencia. Por lo tanto, no forma parte del Proyecto Ocularis. De esta manera, se separa definitivamente el contenido “extradivulgativo” de ocularis.es. En este blog no volverá a publicarse ningún artículo de contenido personal. La etiqueta “Personal” no desaparece porque hace referencia a una serie de artículos antiguos que no voy a borrar, pero ya no se volverá a utilizar para entradas nuevas.

Por otra parte, este blog todavía sigue en el hosting antiguo porque no he conseguido hacer bien la migración. Cuando finalmente el cambio de hosting sea efectivo, se perderá la información que mandéis durante unas horas (comentarios, votos en la encuesta, etc). Os mantendré informados por Twitter. Gracias por vuestra paciencia

VN:F [1.9.3_1094]
Rating: 10.0/10 (1 vote cast)
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Facebook
  • MySpace
  • Netvibes
  • Wikio
  • Twitter
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • email

Miopía: ¿enfermedad o evolución?

De la miopía hemos hablado muchas veces, incluso le hemos dedicado un artículo monográfico. Hoy vamos a hablar de ella de forma totalmente diferente, no vamos a dar información útil ni particularmente objetiva o documentada. Va a ser más un ejercicio de especulación.

Concepto de salud y enfermedad

Todos sabemos más o menos lo que significa estar sanos y enfermos. En principio, todos queremos estar sanos y evitar enfermar, y si enfermamos queremos recuperar la salud. La medicina trata de eso. Con lo cual separar ambas ideas es fundamental. El estado de salud y de enfermedad reflejan obviamente situaciones de la realidad, pero los conceptos los construimos nosotros, en la naturaleza no existen como tal. Son abstracciones nuestras. Lo que existen son átomos, moléculas, partículas que interaccionan. Algunas de esas partículas están muy organizadas y de la forma que nosotros las podemos percibir las llamamos “vivas”. Pero el concepto de organismo vivo, hasta cierto punto también es convencional. Ciertos cambios en nuestros procesos o nuestra anatomía, o ciertas interacciones con otros seres lo denominamos enfermedades. Pero eso es una etiqueta que ponemos de acuerdo a un punto de vista utilitarista, y hasta cierto punto, subjetivo.
Tenemos un concepto de “salud”, de persona sana. Un ser humano cuyos procesos no se ven afectados por agresiones externas o por errores internos habitualmente está “sano”, creamos un “modelo de salud” a partir de estudiar la fisiología humana, de observar y estudiar a las personas que se ven saludables, y de ahí sacamos nuestro modelo.
Lo que se aparta de ese modelo, lo llamamos enfermedad. O si no produce un problema grave, o por temas legales no nos conviene el apelativo “enfermedad”, utilizamos otros términos del tipo “anomalía”, “trastorno”, etc.

Un ejemplo

Pero tenemos que entender que es una abstracción de la realidad: aunque utilizamos información hasta cierto punto objetiva, la intentamos “encajar” en nuestra forma de pensar humana. Hay cierto grado de subjetividad en estas definiciones. Pondré un ejemplo que no tiene nada que ver con los ojos.
Nuestros glóbulos rojos transportan el oxígeno a través de la sangre gracias a una proteína llamada hemoglobina. La composición de esta hemoglobina es igual para una gran parte de la población. Sin embargo existen algunas personas cuya hemoglobina es un poco diferente, cambia tan sólo un aminoácido. Como los médicos ponen nombre a todo, la mayoría tenemos hemoglobina A y aquellos que tienen este aminoácido diferente tienen hemoglobina S. Hasta aquí es una mera diferencia de una proteína.
Pero resulta que los que tienen hemoglobina S, sus glóbulos rojos viven menos porque son más frágiles. Esta menor vida de los glóbulos rojos los hace propensos a tener anemia. En este momento etiquetamos esta diferencia como “enfermedad” y este “rasgo falciforme” (que es como llamamos la situación de poseer la proteína S) pasa a ser enfermedad. Lo llamamos enfermedad porque produce una desventaja práctica, un inconveniente.
Ahora cambiamos la situación geográfica y nos vamos a un medio donde el paludismo es muy frecuente. Es una enfermedad que afecta a los glóbulos rojos, produciendo un cuadro con muchas manifestaciones, con una mortalidad importante, y que además produce anemia. Pues la hemoglobina S tiene un papel protector, da una resistencia natural al parásito del paludismo. Por tanto, las personas con el rasgo falciforme tienen más resistencia, enferman menos. Están más sanos. Esta diferencia en la proteína ofrece más posibilidades de sobrevivir y está sano, sus ventajas superan con creces la desventaja.

Depende del medio y de las circunstancias, una misma cosa puede constituir una enfermedad o un marcador de salud. Por lo tanto, estos conceptos de salud y enfermedad no son inamovibles, no son dogmas.

El modelo teórico del ojo sano

Volvamos a la oftalmología. Para hablar de enfermedades y anomalías del ojo, nos fijamos bastante en un concepto teórico de cómo “debe funcionar el ojo sano”. Porque no sólo se trata de que el paciente no tenga síntomas oculares, los oftalmólogos podemos medir bastante bien la función ocular y podemos ser muy exigentes. Un ojo sano y ópticamente proporcionado (lo que llamábamos emétrope) tiene que ser capaz de ver con una agudeza visual de 1 en la escala decimal o 20/20 en la anglosajona (en este artículo explico cómo medimos la agudeza visual). En individuos menores de 40 años tienen que ver así de bien en lejos y en cerca. A partir de los 40-45 años empieza la presbicia o vista cansada, algo que es parte de nuestra naturaleza y que ocurre al 100% de la población. Eso nos quita visión de cerca, y obliga al ojo sano a utilizar medidas ópticas de corrección (habitualmente gafas). Décadas más tarde, y con una edad de aparición más variable, comenzarán los síntomas de la catarata, que irán quitando visión a todas las distancias. Podemos de todas formas asumir que hasta los 60-70 años un ojo sano debe ser capaz de ver bien de lejos. Y hasta los 40 años es capaz de ver bien a todas las distancias.

La miopía y su etiqueta de enfermedad

La miopía, en su sentido amplio y poblacional, es una enfermedad y poco podemos discutir sobre ello. Predispone a enfermedades como el glaucoma o el desprendimiento de retina, y hay problemas de retina propios de la miopía, que producen alteraciones visuales importantes e irreversibles. También es cierto que las complicaciones más graves de la miopía ocurren en los casos de altas graduaciones, lo que denominamos miopía magna. La mayor parte de los miopes tienen pocas dioptrías, y no sufren estas complicaciones que he dicho antes. A nivel práctico, la mayoría de los miopes no van a sufrir de, digamos, enfermedades orgánicas del ojo y la única alteración que van a notar es el aspecto óptico: no enfocan bien las imágenes lejanas.
Para el objetivo del artículo de hoy, vamos a quedarnos con esta parte de miopes, esta mayoría que tienen una miopía simple que apenas tienen complicaciones retinianas. También vamos a dejar de lado que todavía puede haber asociación entre estas miopías leves y otras enfermedades como el glaucoma. Supongamos que podemos quedarnos simplemente con la alteración del enfoque. Aunque es una inexactitud estadística, se corresponde muy bien con la percepción del individuo.
Frente al “modelo de ojo sano” que hemos descrito antes, estos miopes están en desventaja, porque no ven bien de lejos. Podemos no llamarlo “enfermedad” y utilizar otro apelativo como “anomalía” o “trastorno”, pero está fuera del “estándar convencional” que hemos construido para entender el ojo. El ojo joven tiene que poder ver bien a todas las distancias.

Ventajas y desventajas

Los animales que poseen el ojo en cámara casi siempre necesitan una buena calidad de imagen para lejos. Así, el ojo relajado está enfocado en lejos. Es la “visión por defecto”. De cerca hay un músculo que tiene que trabajar, realizando cambios anatómicos en el ojo. Estos cambios son los que fallan en la vista cansada. El ser humano actual es un animal bastante longevo en comparación con otros animales con mecanismos similares en la visión cercana. Así que estamos durante décadas con un ojo funcionalmente bien por lo demás, pero con mala visión de cerca. Esta desventaja no podemos decir que es una “anomalía” o un “trastorno”, porque le pasa a absolutamente todos los ojos humanos. Pero ahora tenemos un requerimiento visual muy importante, incluso más que de lejos en muchas circunstancias.
Supongamos que tenemos un miope leve, de no más de 2 dioptrías. Ve mal de lejos, pero no tanto. Ese desenfoque le impide una correcta nitidez, pero ve los objetos, calcula distancias, etc. Si está sin gafas se maneja relativamente bien en lejos. Y si necesita ver algo con detalle, siempre puede acercarse. De cerca ve bien, con la particularidad de que depende poco o nada del mecanismo de enfoque. Su ojo está enfocado “por defecto” en cerca. Por lo tanto, a partir de los 40 años empieza a notar cierta ventaja: no pierde vista de cerca como las personas “sanas”.
Por lo tanto, si podemos dejar de lado las etiquetas “sano” y “enfermo”, tenemos por una parte a unos sujetos que ven bien a todas las distancias, pero a partir de cierta edad, todavía activos, pierden vista de cerca. Y por otra parte a otras personas que de siempre ven algo peor de lejos, pero de cerca no tienen esa pérdida visual. Si se pudiera elegir, ¿iríamos todos al primer grupo?. No lo creo. Si la actividad o las aficiones de uno dependieran más de la visión cercana, podría merecer la pena estar en el segundo grupo.
Realmente no tenemos que elegir porque tanto para la miopía como para la vista cansada tenemos corrección óptica: con gafas, lentillas o cirugía al final todos ven bien a todas las distancias. Pero al margen de cómo podamos solucionar estas imperfecciones, resulta interesante hacer la reflexión: en un medio donde cada vez prima más la visión cercana, el ojo que de forma espontánea está enfocado para cerca (miope), podemos no considerarlo una anomalía. ¿Quizás un cambio evolutivo?

¿Evolución?

Es difícil defender que la evolución pueda favorecer al individuo miope. En los medios donde el miope puede verse más favorecido (países desarrollados, nivel de vida medio o alto) no hay presión de supervivencia en el aspecto visual que ponga en juego la selección natural. Además, la ventaja del miope se manifiesta a partir de los 40-45 años, y la edad fértil habitualmente la situamos antes. Bien es cierto que antes un miope podría tener más problemas para sobrevivir, o por lo menos para ser un individuo exitoso. En la actualidad no hay esa presión negativa y permite más variabilidad, con lo cual el miope puede competir en igualdad de condiciones.
Pero olvidémonos de la palabra “evolución”, que tiene un claro significado biológico de cambios genéticos en la especie en función del entorno. Hablemos de “tendencia”. ¿Es factible que se establezca una tendencia a las miopías leves?. No hay una presión biológica en este sentido, pero tampoco en impedirlo. Un miope leve sólo necesitaría gafas para lejos, y de cerca podría no necesitar gafas en toda su vida. Si en un futuro las necesidades visuales se polarizan claramente hacia la visión cercana en detrimento de la lejana, llevar corrección para lejos puede ser un “problema menor” frente a la gran ventaja de no tener que llevar para cerca a partir de los 40.

VN:F [1.9.3_1094]
Rating: 10.0/10 (7 votes cast)
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Facebook
  • MySpace
  • Netvibes
  • Wikio
  • Twitter
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • email

El Proyecto Ocularis cumple 5 años

Y ya va un lustro. Estoy muy contento de que el proyecto en general, y el blog en particular, ya hayan cumplido 5 años. Es una bitácora veterana en este mundillo de la blogosfera sanitaria. Podemos considerarlo un blog estable y consolidado, con una media de visitas diarias superior a las 1.800 visitantes únicos, y unas 450 suscripciones por RSS. En este último año ha habido varios cambios: algún certificado más de calidad (en el apartado “membresías” del marco derecho), ya ha desaparecido por completo el foro, y la aparición de Twitter en el proyecto.

¿Otro blog?

En el primer congreso me dí cuenta que la mayoría de los blogs dentro del ámbito sanitario no están pensados para el público general, sino que es una herramienta de comunicación entre profesionales y para profesionales. Es una buena forma de “crear comunidad”. Mi  blog está pensado para el público general, el hecho de intentar ofrecer información de calidad implica ser objetivo y seleccionar bien los temas a hablar. No es una buena forma de comunicarme con otros profesionales, porque no comparto opiniones a través del blog. Conforme ha ido estableciéndose el blog, he ido limitando los artículos de ámbito personal o de opinión, algo que por una parte yo quería, pero por otra también he echado de menos escribir otro tipo de artículos.

Conforme ha ido creándose la blogosfera sanitaria, también he tenido ganas de escribir artículos sobre estrategia sanitaria, sobre el estado actual del día a día, etc. En definitiva, opiniones como médico del entorno sanitario, social, etc. Pero no quiero mezclarlo con la labor de escribir artículos de divulgación. Por lo tanto, estoy planteándome seriamente abrir otro blog, y llevar ambos en paralelo, pero con una orientación totalmente diferente.

Cambio de hosting

Por otra parte, llevo varios meses con problemas del ancho de banda contratado. Sobrepaso el máximo que puedo contratar con el hosting que tengo actualmente, y a finales de mes se podía cortar la conexión con el blog. Ahora que estoy de vacaciones estoy haciendo pruebas con otro hosting, y en los próximos días haré la migración del blog. Es probable que se pierda algún comentario en el traslado, desde aquí agradezco la compresión de mis queridos lectores.

Facebook

Inicialmente probé esta red social, la más importante en la actualidad, y no me convenció. Hace unos meses me animé con twitter y la experiencia me gusta. No escribo mucho, pero me permite leer e interactuar con mucha gente interesante en el ámbito de la ciencia y la medicina. Ahora he vuelto a Facebook, pero con otra orientación diferente. Aunque es una red bastante orientada al ocio, al entretenimiento y a una forma de comunicación que no suelo utilizar, realmente es una herramienta abierta que permite utilizarse de la forma que uno quiera. Así que he creado un nuevo perfil que está orientado a la comunicación en el ámbito científico y sanitario. No la voy a utilizar para mi entorno personal estricto (así que espero que no se enfaden mis amigos de verdad porque no les acepte como “amigos” en Facebook). Lo de tener cientos de “amigos” en esta red social que ni siquiera conozco tampoco va conmigo, así que mi idea es establecer conexiones con aquellos que ya conozco en persona (en el ámbito divulgativo, científico y sanitario) o aquellos que me interese leer.

Oftalmopedia

El proyecto de la wiki sobre el aparato visual está bastante abandonada, y me da pena. Bien es cierto que me cuesta escribir en modo “enciclopedia”, me he acostumbrado al modo blog. He pensado que la oftalmopedia sea un proyecto compartido, en el que pueda colaborar el que quiera. Supongo que le resultará más interesante al que esté metido en el tema (residentes de oftalmología, oftalmólogos, optometristas, estudiantes de medicina, etc), pero no es algo excluyente. Si a alguien le interesa participar, por favor que contacte conmigo.

Y finalmente, muchas gracias a mis queridos lectores por seguir ahí :)

VN:F [1.9.3_1094]
Rating: 10.0/10 (1 vote cast)
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Facebook
  • MySpace
  • Netvibes
  • Wikio
  • Twitter
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • email

Trivial oftalmológico: undécima pregunta

La pregunta de julio decía esto:

¿Qué especialista raramente suele necesitar la colaboración del oftalmólogo?
a) Médico de atención primaria
b) Neurólogo
c) Traumatólogo
d) Endocrinólogo
e) Pediatra

No es una pregunta “de libro”, posiblemente intentar documentarse en apuntes o libros, o navegar por internet para encontrar la respuesta, no sea fácil. Sin embargo la respuesta correcta ha resultado ganadora. De los 168 votos, la mayoría (78) han ido a la opción c)traumatólogo. El segundo puesto ha sido para la la d)endocrinólogo, con 42 votos. Después el neurólogo con 26, el médico de atención primaria con 15 y el pediatra con 7.

Para contestar adecuadamente a la pregunta, lo más cómodo es ir descartando las respuestas hasta quedarnos con la buena. De los cinco especialistas propuestos, dos se dedican a la atención general de sus pacientes. Por una parte el pediatra, que colabora estrechamente con el oftalmólogo (en los medios donde hay oftalmólogo infantil, pues con éste) para velar por el desarrollo visual de sus pacientes. Teniendo en cuenta que la salud visual influye directamente en el desarrollo psicomotor y social del niño, esta relación pediatra-oftalmólogo tiene más importancia si cabe.
Con el médico de atención primaria pasa algo parecido. La salud visual de un adulto no sólo es responsabilidad del oftalmólogo. Desde atención primaria la labor potencial es grande. Digo “potencial” porque el manejo de estos pacientes varía mucho en función de dónde estemos. Se deriva más o menos al oftalmólogo dependiendo de las atribuciones, un campo poco delimitado. Lo que es bien cierto es que la mayoría de las enfermedades oftalmológicas pueden manejarse inicialmente desde atención primaria: alergias oculares, otras conjuntivitis, ojo seco, blefaritis, etc. Junto con los defectos de refracción (que los puede también sospechar el médico de atención primaria y derivarlo a la óptica sin necesidad de mandar el paciente al oftalmólogo), desde el centro de salud se puede realizar un primer abordaje de una mayoría de padecimientos oculares, que en la mayoría de las ocasiones es suficiente. Además de eso, la mayoría de problemas crónicos (volvemos al ojo seco, blefaritis, orzuelos, alergias, etc) no precisan un manejo exclusivo del oftalmólogo. Una vez confirmado el diagnóstico e iniciado el tratamiento, el oftalmólogo puede remitir el paciente a su médico de atención primaria, que en muchas circunstancias podrá ir manejando al paciente. La colaboración es grande en lugares en donde la atención primaria maneja bastante el tema de los ojos. En los sitios donde no es así, la dependencia es mayor porque el médico de atención primaria deriva la práctica totalidad de síntomas oculares al oftalmólogo.

Nos quedan entonces tres especialistas (neurólogo, traumatólogo y endocrinólogo), y debemos descartar dos. El neurólogo podríamos descartarlo con relativa facilidad, sin necesitar muchos conocimientos médicos. El cerebro está íntimamente relacionado con el ojo. De hecho el sistema visual no está sólo en el ojo: participan el ojo, el cerebro, nervios y músculos. El nervio óptico, por ejemplo, es una estructura “común”, que es competencia de ambos especialistas. Y más cosas: cambios en el tamaño de las pupilas, la visión doble, etc son manifestaciones neurológicas en el terreno del oftalmólogo. De hecho hay una subespecialidad de la oftalmología que es la neuro-oftalmología, dedicada a ello.

Quizá nos quedemos con la duda cuando ya sólo tenemos dos: el endocrinólogo y el traumatólogo. Intuitivamente, el traumatólogo está “muy lejos del ojo”. El traumatólogo tiene como ámbito el sistema musculoesquelético, pero principalmente de cuello hacia abajo. Los huesos y músculos de la cabeza están fuera de su ámbito (tenemos a otros especialistas como el cirujano maxilofacial, el otorrinolaringólogo, neurocirujano, cirujano plástico, etc). El endocrinólogo precisa del oftalmólogo principalmente en dos materias: el control del paciente diabético, porque puede tener lesiones en la retina, y en el manejo de tumores de la hipófisis, ya que puede afectar a las vías visuales (concretamente al quiasma).

Ya está puesta la pregunta de agosto, se ha actualizado el ranking y la entrevista de la radio (hemos acabado el ojo vago y esta vez hablamos de degeneración macular asociada a la edad). ¡A jugar!

VN:F [1.9.3_1094]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Technorati
  • Google Bookmarks
  • Yahoo! Bookmarks
  • Facebook
  • MySpace
  • Netvibes
  • Wikio
  • Twitter
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • email