Ocularis en Twitter

Muchos os habréis dado cuenta por los cambios recientes en el diseño del blog. En el marco derecho, un poco abajo (entre la estadísticas y los enlaces), hay una nueva sección titulada “Twitter”. Para los que no sepáis en qué consiste esta red social, aquí tenéis lo que explican en la Wikipedia. Es un servicio de microblogging, una forma de escribir entradas cortas (140 caracteres de texto simple). Es como un blog en pequeño, y muy simple, con entradas rápidas y muy resumidas. Lo curioso, visto desde fuera, es que esta simplicidad y aparente escasez de de recursos son sus bazas para construir una poderosa red social en Internet.

Red social significa contacto entre usuarios, intercambio de información, leer y aprender de muchas personas, comunicar, relacionarse. Desde sus orígenes, el Proyecto Ocularis ha buscado la participación y la comunicación con el internauta, conseguir un proyecto interactivo. Por eso el concepto de red social es muy cercano y deseable a mi forma de entender Internet. Había dos problemas a la hora de integrar el proyecto dentro de una red social:

  • Inversión de tiempo: Las actividades de una red social suelen caracterizarse por su gran dinamismo, una inmediatez en el intercambio de información. Eso supone, entre otras cosas, una inversión de tiempo adicional del que no dispongo. El formato “blog” actual es más adecuado al tiempo que dedico al proyecto.
  • Orientación de las redes sociales: La mayoría de las redes sociales se dedican a publicar y compartir información personal, y al entretenimiento de manera muy diferente a la intención divulgativa del blog. Por otro lado, las redes centradas en la salud, por razones que expondré en futuros artículos, tampoco encajan actualmente con la filosofía del proyecto.

He tanteado la red social más importante, Facebook, y no me he quedado con una impresión muy positiva. Sin embargo, desde el evento Blog&Ciencia 2009, le he estado dando vueltas a entrar definitivamente en el “mundo 2.0″ con Twitter. Esta era la red social que utilizaban personas del ámbito de la ciencia a las que aprecio y leo. Si en Facebook no encontraba el “ambiente adecuado” para seguir a la gente que me interesa, en Twitter sí. Luego investigué un poco en el ámbito sanitario, y me llevé la agradable sorpresa de que también hay mucho Twitter. Así que, el segundo punto ya estaba solucionado.

El primer punto sobre la inversión de tiempo no está resuelto: no voy a ser un gran “twitteador”, no voy a narrar lo que va ocurriendo en mi día a día. No tengo tiempo, ni creo que le interese a la gente, ni personalmente tengo ganas de contar esas cosas. Twitter para mí es una forma de leer a personas que me aportan, funciono más como “receptor” que como “emisor”. Las aportaciones que yo haga a Twitter serán principalmente:

  • Los nuevos artículos del blog irán por Twitter. Así, añadimos una nueva manera de estar “al día” en el blog. Aparte de visitar la web de vez en cuando, suscribirse por RSS o por mail, tenemos el Twitter.
  • Mantendré conversaciones con otros twitteros.
  • Cuando vaya a un curso o congreso, a través del móvil iré resumiendo en tiempo real lo que más me vaya interesando/impactando. Es cierto que a veces serán anotaciones para mí o para personal más experto, más que divulgación general. Así que no os asustéis de algunas entradas técnicas.
  • Algunas anécdotas o experiencias personales en el ámbito sanitario irán cayendo por Twitter.

De todas formas tampoco me planteo una regularidad en mis tweets. Podrán pasar días sin que escriba, y luego ir a un curso y escribir muchso tweets en poco tiempo. Así, a través del blog podréis echar un vistazo a las últimas entradas del Twitter. Y el que lo use y quiera, puede agregar la cuenta.

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Trivial oftalmológico: sexta pregunta

El texto de la cuestión correspondiente al mes de febrero era:

Qué estructura ocular tiene mayor aporte sanguíneo
a) La córnea
b) La cámara anterior
c) El cristalino
d) La coroides
e) El cuerpo vítreo

Participación y respuestas

La participación ha sido alta: 172 votos. Por amplia mayoría, gana la respuesta “d” (coroides) con 126 votos. Como opciones minoritarias, por orden tenemos: La respuesta “a” (córnea) con 26 votos, la “e” (vítreo) con 12 votos, la “b” (cámara anterior) con 5 votos, y la “c” (cristalino) con 3 votos.

encuesta6

Solución

La respuesta correcta es la que ha contestado la mayoría. Si entendemos el globo ocular como una esfera con tres envolturas, la úvea es la envoltura intermedia, una capa principalmente vascular. La coroides es la parte posterior de esta úvea, y se encuentra entre la retina y la esclera. Fundamentalmente se compone de vasos sanguíneos. El resto de las estructuras citadas (córnea, cámara anterior, cristalino, cuerpo vítreo) son esencialmente avasculares; es decir, no tienen vasos sanguíneos.

Se ha actualizado la clasificación, y ya está la pregunta para marzo, así que ¡a jugar! :)

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La formación de futuros oftalmólogos

Hoy quiero poner en común con mis queridos lectores una reflexión, no sobre la salud visual, sino sobre cómo serán (al parecer, y si no hacemos nada al respecto), los futuros oftalmólogos. Según el nuevo plan de formación de especialidades médicas, los futuros especialistas van a cursar dos años “troncales”, donde van a realizar rotaciones comunes, para luego realizar otros dos años en su especialidad concreta. Este sistema es totalmente diferente que el que se lleva utilizando hasta ahora, y merece la pena que lo analicemos.

El sistema actual

La formación actual del médico tras acabar la carrera es a través del examen MIR. Según el baremo (examen y expediente), uno obtiene una nota, y en función de lo buena que sea podrá elegir especialidad y lugar. Centrándonos en las especialidades clínicas, cuando llega a su lugar de formación, pasa a ser “médico interno residente”, o coloquialmente “residente”, y forma parte de un estamento encargado de tutorizar y reglamentar su formación. Según las especialidades, son cuatro o cinco años de formación eminentemente práctica (por lo menos si los comparamos con los aproximadamente siete años anteriores, en donde predominaba la teoría). En las especialidades hospitalarias este estamento es el servicio de la especialidad que uno ha elegido.

Estos cuatro o cinco años se van dividiendo en periodos llamados “rotaciones”. Hay una serie de rotaciones externas, fuera de tu servicio, y otras internas, dentro de él. Dependiendo de lo “generalista” o “específico” de la especialidad de uno, tendrán más peso esas rotaciones externas. Por ejemplo, las especialidades dentro de la medicina interna como son la neurología, endocrinología, gastroenterología, neumología, cardiología, reumatología, etc, tienen grandes periodos fuera de su servicio. Son especialidades muy interrelacionadas entre sí, y de esta forma un gastroenterólogo tiene que saber diagnosticar y manejar una insuficiencia renal, ya que sus pacientes con insuficiencia hepática tendrán con frecuencia problemas de riñón.

Las especialidades quirúrgicas también suelen tener rotaciones externas, y así un traumatólogo le interesa saber cómo manejar una arteria, y puede sacar mucho provecho de su rotación de en cirugía vascular.

En el caso concreto de oftalmología, la rotación son “sólo” cuatro años. Y digo “sólo” porque la mayoría de las especialidades quirúrgicas son cinco años. Hay que tener en cuenta que muchos cirujanos tienen que rotar por especialidades médicas (si quieres hacer cirugía digestiva hay que rotar por la “parte médica” que es la gastroenterología), quirúrgicas (a rotar por cirugía plástica para aprender a dejar “bien” las cicatrices), además de hacer mano en su especialidad concreta. Pero nuestro caso es un poco peculiar, porque nosotros no hacemos rotaciones externas. Hablo de España, y de lo que yo conozco: los cuatro años se relizan íntegramente dentro de servicios de oftalmología. Con lo cual, sumando el periodo dentro de cada servicio, somos de los médicos que más tiempo pasamos dentro de nuestra propia especialidad.

El nuevo sistema

Como hemos dicho, ahora quieren hacer dos años “troncales”. Eso sirve para unificar y sistematizar las rotaciones externas de todos los residentes, y dejan los dos últimos años para lo que antes eran las rotaciones internas. Para cada especialidad, este nuevo sistema va a suponer un cambio diferente. En función de los periodos de rotación interna o externa, el nuevo modo de formación dará lugar a especialistas formados sensiblemente diferente que los antiguos.

No voy a opinar de otros aspectos de la ley (según he leído después de los dos años comunes hay otro examen, y hasta entonces el médico no sabe a lo que se va a dedicar), y tampoco voy a hablar de lo que puede suponer para otras especialidades. Me voy a concentrar sólo en la mía. Dado que nosotros no hacíamos rotaciones externas, el cambio supone que vamos a tener una formación práctica en otras áreas de la medicina y/o cirugía que antes no teníamos. Y, dado que actualmente la formación específica en oftalmología duraba cuatro años, ahora durará dos.

Mas “médico general”, y menos especialista

Cierto es que los oftalmólogos no somos muy buenos “médicos generales”. A la hora de manejar nuestros pacientes ingresados, es habitual que tengamos que consultar con otros médicos para manejar los problemas extraoculares. También es cierto que tenemos relativamente pocos pacientes ingresados, que habitualmente están poco tiempo en el hospital.

Hemos hecho los seis años de medicina y el MIR como todos los demás, así que las bases teóricas están ahí, no nos “suena a chino” cuando tenemos que consultar con un colega. Pero no tenemos la rutina de manejo de enfermedades frecuentes como un edema agudo de pulmón o un coma hipoglucémico. En los cuatro años de residencia pasmos planta con los adjuntos, y cierto manejo adquieres, seguimos siendo una especialidad clínica y nuestros pacientes tienen enfermedades generales, pero nuestra soltura es mucho menor que si rotáramos en otros servicios.

Estos dos años troncales significarían oftalmólogos mejor formados en medicina general, ¿no?. Yo personalmente tengo mis serias dudas de que esa “formación general” se mantenga en la práctica. Diez o veinte años después de esos dos años rotando por los diferentes servicios, ¿qué queda?. Si no lo utilizas, si no practicas y te actualizas, posiblemente no te sirva de mucho. Pero aun suponiendo que te puedas mantener actualizado, ¿qué ventajas prácticas supone tener en el sistema sanitario oftalmólogos mejor formados en medicina general?. Sí, desde el punto de vista teórico es deseable que todos puedan saber de todo y saber hacer muchas cosas, pero, ¿como se cristaliza eso?. En las consultas y en la cirugía no, porque sólo vamos a ver y tratar ojos. ¿Por qué me voy a meter yo en diagnosticar y tratar los factores vasculares causantes de una trombosis retiniana?. Yo diagnostico y trato el problema del ojo, e informo al médico pertinente (normalmente el de atención primaria) del problema vascular del ojo, posiblemente reflejo de un problema vascular general. Su médico conoce y sigue mejor al paciente en conjunto, y tendrá una visión más longitudinal: integra el problema ocular del momento dentro de la historia de sus enfermedades, y podrá hacer un manejo más adecuado. Y en el hospital, tampoco le veo grandes ventajas a esta formación adicional: para manejar nuestros pacientes ingresados que tengan problemas extraoculares igual estamos “más sueltos”, pero para tratar en condiciones una enfermedad fuera de nuestra especialidad, en el hospital siempre va a haber especialistas más capaces.

En resumen, ni creo que se pueda mantener actualizada esa formación general, ni creo que sea de gran utilidad. Pero aunque le viéramos ventajas, ¿eso compensa disminuir a la mitad la formación específica?

¿Dos años o cuatro años?

Igual es que con dos años es suficiente para formar buenos oftalmólogos. Yo no lo veo así. Nuestra rama es tan amplia que desde hace tiempo no abarcamos: la tendencia inexorable de la oftalmología es la de subespecialización, lo que antes era “oftalmólogo” sin más, ahora hablamos de “oftalmólogo general”, y además hay retinólogos, glaucomatólogos, cirujanos de refractiva, especialistas en segmento anterior, estrabólogos, oftalmólogos infantiles, etc. Desde hace muchos años, y cada vez en más lugares, los oftalmólogos pasamos “consulta general” como “oftalmólogos generales” y otros días pasamos consulta de nuestra sección específica, como subespecialistas. Así, no perdemos el contacto con la oftalmología general, pero realmente nos quedamos con un manejo hasta cierto punto “básico” de las enfermedades oculares fuera de nuestra subespecialidad. Estas subespecialidades no están reconocidas en la legislación, pero están aceptadas y ya son rutinarias en la comunidad oftalmológica desde hace mucho tiempo.

Cuando un oftalmólogo en formación acaba la residencia tras cuatro años, sale “al mercado” como oftalmólogo general, sabiendo lo básico. Aunque te hayas decantado por una subespecialidad, se te dé bien o hayas rotado más tiempo, todavía no tienes la formación suficiente como para ser un auténtico “subespecialista”. Si te interesa o tienes oportunidad de subespecializarte, sueles necesitar en torno a dos años para terminar de formarte en ese sentido. Y te tienes que buscar la vida, moverte para encontrar “mentores” que te terminen de formar. En España no está contemplado, como decía, pero en otros países sí. El camino natural de la legislación será reglamentar lo que ya funciona en la realidad. Con lo que hablaríamos de cuatro años de oftalmología general, y otro periodo después de una especialidad. Y esto no creo que pase porque los oculistas seamos especialmente torpes. Nuestra especialidad es de las que más a avanzado y diversificado.

Si en la práctica cuatro años llegan justo para tener una formación oftalmológica general, y es creciente la demanda de reglamentar las subespecialidades, ¿qué pasará cuando los oftalmólogos salgan con una formación de dos años?

Y todo esto, ¿por qué me tiene que interesar?

Posiblemente para el internauta ajeno al mundo sanitario y oftalmológico, estos “cambios” internos no le importarán mucho. Pensémoslo como pacientes. Por mucho que luego el oftalmólogo se actualice, el periodo clave para convertirse en un buen especialista es la residencia. Cuando uno finaliza su residencia con una formación sólida y completa, sin “lagunas”, es fácil actualizarse. Cuando la formación es deficiente, no sistematizada o muy corta, hay problemas de base. Si faltan los cimientos, difícilmente luego se va a subsanar.

En un futuro nos atenderán oftalmólogos formados en la mitad de tiempo, cuando ya en el presente muchos nos hemos tenido que “buscar la vida” para formarnos más años por encima de los cuatro reglamentados. No es muy tranquilizador, ¿verdad?.

¿Y esto es un secreto?

Lo que me ha llamado la atención es que esta reforma de la formación de médicos no está apenas comentada por ningún sitio. Ya asumo que en los medios de comunicación convencionales no va a salir hasta que ya sea, digamos, demasiado tarde. Lo curioso es que a través de blogs y Twitter intento estar al día con en el mundillo de la salud, y no he visto ningún artículo ni reseña en mis fuentes habituales.

Invito al que me esté leyendo a comentar aquí sus opiniones, o si tienen blogs, leeré gustoso su análisis personal de estas reformas (yo me he concentrado en mi especialidad, pero me interesa la lectura que se hagan de otras especialidades).

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iPad y problemas oculares

Desde que se presentara este nuevo dispositivo de Apple, mucho se ha escrito en la red sobre el iPad. Éste no es un blog sobre tecnología y gadgets, y aunque personalmente me gustan los aparatitos electrónicos, no escribo artículos sobre mis preferencias y opiniones en sistemas operativos, ordenadores, móviles, etc. Entonces, ¿qué pinta una entrada sobre el iPad en un blog sobre oftalmología?.

Se debe a lo mucho que se está debatiendo y comparando el iPad con otros dispositivos de la misma gama, en especial en su faceta como lector de libros electrónico, comparando con los dispositivos de tinta electrónica. En el debate se argumenta cómo afectan los diferentes gadgets al sistema visual, y creo que ahí este blog puede aportar algo.

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Antecedentes

Realmente no me había planteado escribir un artículo sobre el iPad, ha sido después de varias sugerencias de lectores (gracias a todos). Y no se me había ocurrido precisamente porque, al margen de las muchas o pocas novedades que pueda presentar el dispositivo de Apple en el ámbito técnico, a nivel visual no hay ninguna novedad reseñable. No se me ocurre nada nuevo que contar que ya no haya dicho al hablar de la fatiga visual en general, las pantallas de visualización en particular, y la tinta electrónica.

Pero me sugirieron el artículo, me puse a navegar un poco, y es cierto que se están diciendo muchas cosas que merece la pena aclarar. Sí que da la sensación que cuando la empresa de la manzana saca un aparato, nos encontramos con los defensores acérrimos y los enemigos declarados. Y se usa la salud visual como argumento, pero en mi opinión con poca objetividad. Así que hoy no voy a decir nada que no esté en los tres artículos que he enlazado antes, pero voy a reorganizar la información, a ver si aporto más claridad.

El resumen corto

Para el que no tenga tiempo o ganas de entrar en un análisis más pormenorizado, vamos a resumir las conclusiones. A nivel visual, el iPad es simplemente una pantalla de visualización, como el monitor de un ordenador. Por características de tamaño y proximidad, el trabajo visual que implica trabajar con un iPad es superponible al que se realiza con un portátil. Comparando estos sistemas con un libro convencional o un dispositivo de tinta electrónica, tal como explicamos, hay diferencia: el sistema visual está más relajado con un sistema pasivo (libro, tinta electrónica) que con uno activo (portátil, iPad). Por lo tanto, para un uso prolongado o en personas con predisposición a tener fatiga visual, es probable que estén más cómodos utilizando la tinta electrónica.

Por tanto, ¿es inadecuado el iPad como e-reader (lector de libros electrónico)?. Evidentemente, no. Prácticamente todos nosotros nos pasamos varias horas al día delante de una pantalla de visualización (televisión, ordenador). Leer un libro o “trabajar con el ordenador” para el ojo viene a ser lo mismo. No tiene sentido defender que no debemos “leer un libro” con un dispositivo convencional tipo iPad, pero admitamos que para trabajar, navegar, etc, podamos utilizar el ordenador sin problemas.

Para el que quiera saber más

Analicemos un poco el problema, qué factores pueden influir en la fatiga visual:

  • Factores intrínsecos del sistema visual. Es lo más importante, lo que va a condicionar que para las mismas actividades visuales a unos les produzca fatiga y a otros no. Ya los hemos descrito en el artículo enlazado: pequeños defectos de graduación (muchas veces no diagnosticados), problemas en la superficie del ojo (sequedad, blefaritis, alergia, etc)  estrabismos latentes.
  • Factores externos. Condicionantes fuera del ojo que, habitualmente combinados con los factores intrínsecos, pueden desencadenar la fatiga visual. A su vez los dividimos en factores ambientales (sequedad, polvo, aire, temperatura), y lo que vamos a llamar trabajo o estrés visual. No es una denominación oficial, es una forma coloquial que utilizaremos en este artículo para referirnos a los factores funcionales que dependen del elemento que atrae la atención de nuestro sistema visual.

Los factores intrínsecos son los más importantes y los que más fácilmente se pasan por alto. Nos quejamos de cómo se nos cansa la vista con el ordenador, por ejemplo, echando la culpa a que el monitor es malo, o que el aire acondicionado está a tope. Pero resulta que nuestro compañero de trabajo está sometido a las mismas condiciones y el no tiene ningún problema. Así que dependiendo de cómo esté previamente nuestro sistema visual, nos adaptaremos mejor o peor a las situaciones adversas.

Los factores ambientales dependen de nuestro entorno más que del tipo de objeto o dispositivo que utilicemos. Que usemos un libro, un dispositivo de tinta electrónica o una pantalla convencional no va a producir más polvo o sequedad. Por lo tanto no es un elemento diferencial.

Entonces la clave es el trabajo visual, que es diferente para cada elemento. Así que analicemos qué nos puede producir este trabajo visual.

  • Origen de la luz. Nuestros ojos trabajan de forma natural con luz indirecta. El sol (y posteriormente la luz artificial) ilumina los objetos y nosotros los vemos gracias a la luz reflejada. El ojo no trabaja bien mirando al sol directamente, y tampoco enfocando directamente una fuente de luz. Las pantallas de visualización son fuentes directas de luz. Bien es cierto que desde las primeras televisiones y monitores a las actuales se ha avanzado mucho, y ya no producen tanta fatiga como antes, pero es indudablemente un factor. Por lo tanto, en este aspecto produce menos trabajo visual leer un libro o un dispositivo de tinta electrónica que ver la televisión, uno ordenador o un iPad. Dentro de las pantallas activas, el grado de estrés depende de la cantidad de campo visual que se ve afectada por esta iluminación directa. Cuanta más porción de nuestra zona de visión se ve iluminada de esta forma, mayor trabajo visual. Y eso no sólo depende del tamaño de la pantalla, sino de la distancia a la que esté.
  • Proximidad del objeto. Esto varía bastante de unos individuos a otros en función de nuestra motilidad ocular, pero en general nuestro sistema visual está más cómodo mirando objetos lejanos que cercanos. Mirando a lo lejos los ojos están casi paralelos, y el enfoque es “automático” si no hay defectos de graduación. Al mirar de cerca, los ojos deben aproximar sus ejes en un proceso llamado convergencia, que en general supone cierto trabajo visual. Y además el enfoque supone un proceso activo, donde un músculo debe permanecer contraído, en un proceso llamado acomodación. Así, excepto en algunos miopes que no llevan gafas o lentillas, tenemos que mantener contraído ese músculo de la acomodación. Y en los miopes, esa disociación entre ambos procesos (no tienen que acomodar pero sí converger) también puede producir trabajo visual.
  • Grado de precisión visual exigida. Es diferente mirar una imagen que leer. El hecho de reconocer siluetas a gran velocidad (que es lo que supone la lectura) necesita mayor precisión que ver una película o una fotografía, por ejemplo. Depende del tamaño del detalle o letra, tendremos más o menos exigencia visual. También es importante el contraste, la resolución de la pantalla, etc.

Puede haber más condicionantes del trabajo visual, pero estos son los más importantes. No nos tiene que asustar el término: “trabajo” o “estrés visual” suena mal, como a enfermedad. En general, la actividad de un órgano o sistema del organismo no es negativa por sí mismo, puede serlo el sobreesfuerzo. Por ejemplo, para conservar la salud de un músculo no debemos minimizar que trabaje, sino que tenemos que darle un trabajo adecuado, ni demasiado poco (el músculo se atrofia) ni demasiado intenso o prolongado (se sobrecarga y pueden aparecer lesiones).

Con el ojo pasa más o menos lo mismo; si bien es raro encontrar problemas por “usarlo poco” (excepto en la infancia), si lo “estresamos mucho” podemos producir una sobrecarga de trabajo que dará síntomas visuales (pero no lesiones ni enfermedades reales). Pero un trabajo visual adecuado a nuestras posibilidades no es negativo. ¿Y qué denominamos “adecuado”?. Como decíamos antes, cada sistema visual se adapta a una intensidad de trabajo diferente. La regla es fácil, cuando “nos pasamos” tenemos fatiga visual. Si no nos fatigamos, la cosa va bien. No debemos pensar que nuestros ojos “sufren en silencio” o estamos deteriorando nuestra salud visual sin darnos cuenta.

Dicho esto analicemos cuánto trabajo visual producen diferentes situaciones.

  • Una situación ideal de mínimo trabajo visual, sería estar con los ojos cerrados. No hay (casi) luz, directa o indirecta al sistema, no se produce enfoque a ninguna distancia y no exigimos ninguna precisión visual. En cualquier otra situación nuestros ojos están sometidos a cierto grado de trabajo visual.
  • Con los ojos abiertos, una situación de “ojos relajados” la tenemos por ejemplo cuando damos un paseo por el campo. Luz natural indirecta, predomina la visión lejana, y disfrutando del paisaje no exigimos un requerimiento visual grande. Para aquellos que por trabajo o afición están muchas horas leyendo o delante del ordenador y acaban cansados, es un buen consejo que aprovechen el fin de semana para hacer una escapada al campo.
  • Cuando estamos viendo la televisión, al ser una pantalla de iluminación directa tenemos cierto estrés visual. Habitualmente no muy grande, ya que suele estar a una distancia prudencial del ojo, y para los tamaños habituales, la televisión ocupa una parte relativamente pequeña del campo visual (por cierto, que sería una buena idea hacer un artículo sobre los tamaños adecuados de la televisión; lo anoto en la lista de artículos pendientes). Por otra parte, por estar habitualmente a más de 1-2 metros de distancia, tampoco se considera “esfuerzo de cerca”, y hay poca exigencia de acomodación y convergencia. Y si bien hay cierta exigencia en la precisión visual, salvo que leamos muchos subtítulos, tampoco es un factor muy relevante.

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  • Cuando estamos leyendo un libro, tenemos como ventaja que no es una fuente directa de luz, así que por aquí vamos bien. Sin embargo, el enfoque es muy cercano (30-40 centímetros). Y la exigencia de precisión es alta, porque se trata de leer. Por lo tanto, lo podemos considerar como una forma de trabajo visual relativamente alta.

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  • Trabajar con un ordenador de sobremesa es una fuente de luz directa, parecido a la televisión, pero por la distancia y los tamaños habituales de pantalla, hay más campo visual afectado por iluminación directa, por lo que hay más fatiga visual. También hay más exigencia porque solemos leer o trabajar con precisión. La distancia es relativamente corta, pero habitualmente algo más que la distancia de lectura de libro (50-70 cm frente a los 30-40 del libro). Pueden parecer pocos centímetros de diferencia, pero cara a la convergencia y la acomodación, es mucho. En general, trabajar con un ordenador de sobremesa es más fatigado que la televisión, y habitualmente más que leer un libro, porque el efecto de luz directa aquí suele tener más relevancia que la mayor cercanía del libro. Por otra parte, la posición del libro (por debajo de los ojos) supone menos fatiga que mirar de frente a la pantalla. Y también es cierto que solemos estar más horas delante del ordenador que delante de un libro, cosa que influye mucho.
  • Trabajar con un dispositivo de tinta electrónica sería equivalente a un libro.

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  • Y utilizar un iPad, por posición y distancia tendría un trabajo visual equivalente al de un libro o un lector de tinta electrónica. Al ser una fuente directa de luz, tendría una carga adicional de trabajo visual. Comparando el iPad (y en general cualquier pantalla relativamente pequeña de portátil o tablet) con una pantalla convencional de ordenador, la porción de campo visual ocupado por la iluminación directa es menor. La posición del dispositivo portátil la colocamos a nuestro gusto, así que al igual que pasa con el libro o con el lector de tinta electrónica, podemos colocarlo por debajo de nuestros ojos para mayor comodidad. Comparando el inconveniente de la mayor cercanía y las ventajas de su menor tamaño relativo y mayor maniobrabilidad, en general el iPad y dispositivos similares producirán menos fatiga visual que una pantalla de ordenador convencional. Eso es generalizando mucho: una pantalla de ordenador pequeña pero con la letra grande podría producir menos fatiga que el iPad, pero es difícil hacerlo en la práctica.

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Conclusiones

Respondiendo entonces a la pregunta original: ¿es más descansada la tinta electrónica que el iPad?. Sí. Entonces, ¿el iPad es un dispositivo inadecuado como lector de libros electrónico?. En principio no, es un sistema diferente que ofrece distintas cosas.

Si uno utiliza varias horas al día el ordenador sin problemas, es difícil que la utilización moderada del iPad vaya a suponer un problema de fatiga visual. Trabajar o navegar durante horas con el ordenador supone un trabajo similar o levemente superior a la lectura de un libro convencional, y como decíamos el iPad no va a implicar mayor trabajo que un ordenador.

Pero si uno es un lector empedernido (de estarse una gran cantidad de horas leyendo), quiere encontrar una auténtica alternativa al libro convencional, y nota fatiga visual con el ordenador, posiblemente el lector de tinta electrónica sea la solución.

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Novedades en cirugía refractiva y de cataratas

Últimamente se me acumulan los viajes. El pasado fin de semana del 4 al 6 de febrero estuve en un curso sobre cirugía refractiva y de la catarata. La verdad es  que por unas cosas o por otras, nunca había asistido a una edición de este congreso que se repite anualmente. Y le tengo una aprecio especial al organizador, el Dr. Soler, que “descubrió” mi blog a la comunidad de oftalmólogos y me llevó al congreso nacional de mi especialidad para que lo explicara. Aun con todo el tiempo que ha pasado, todavía sigue hablando de este blog, me encontró entre el público para saludarme  :)

Novedades

Y en cuanto al curso como tal, una experiencia muy positiva. Es bien cierto que en cirugía refractiva (para corregir la miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia) se avanza mucho y los cinco artículos que dediqué hace años en este blog (uno, dos, tres, cuatro y cinco) van quedando obsoletos. Todavía no es erróneo lo que se explica, en especial los aspectos prácticos para el futuro paciente (en cuanto a técnicas quirúrgicas, no hay un “cambio revolucionario” …. todavía). Pero se está avanzando e investigando por otros caminos, que cuando escribí esos artículos no existían.

Por ejemplo, dentro de la cirugía LASIK, el láser femtosegundo va sustituyendo al sistema mecánico (de cuchilla) para hacer el corte. Pero el femtosegundo va a dar mucho de sí, si no en la actualidad, en un futuro inmediato. Tanto en el tallaje de la córnea (y no solo el corte del flap) en cirugía refractiva, como en otras cirugías: para operar de catarata permite hacer incisiones, abrir la cápsula del cristalino e incluso partir la catarata.

Estuvimos hablando en su momento de cómo los sistemas de corrección óptica no pretenden limitarse a tratar los defectos “conocidos” de miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia, sino también tratar (o por lo menos tener en cuenta a la hora de la cirugía) otros defectos de la óptica, llamados en general “aberraciones”. Si antes lo que dominaba era el “frente de onda” que era lo que resumía el estado óptico del ojo y lo medía el aberrómetro, ahora sabemos que hay un factor por lo menos tan importante, que es el scattering o dispersión lumínica. De cómo se afecta este scattering en la cirugía de la córnea o con las lentes intraoculares, dependerá la calidad visual.

También hay novedades para las lentes intraoculares que sustituyen el cristalino. Cuando hablé de ello, lo novedoso eran las lentes multifocales (difractivas, refractivas). Citándome a lo que dije entonces: “la lente multifocal es un buen remedio para la vista cansada, pero no es perfecto”. Para un perfil de pacientes es útil, pero no a todo el mundo. La lente no enfoca todos los rayos de luz en un mismo punto, que es lo que hace nuestro cristalino sano y una lente intraocular habitual. Por lo tanto, para conseguir ver bien a todas las distancias sacrificamos algo de calidad visual. Y para unos pacientes es una solución adecuada, pero para otros no. Ahora hay otros jugadores en el campo, que son las lentes acomodativas. En el artículo mío del 2007 las menciono al final y de pasada, porque por aquel entonces no funcionaban bien. Ahora funcionan mejor, y ofrecen una visión bastante aceptable de cerca, con la ventaja de que son lentes monofocales, concentran la luz en un solo punto, así que ofrecen buena calidad Aunque todavía el enfoque de cerca no es perfecto, no renunciamos a la calidad visual. ¿Han quedado obsoletas las lentes multifocales?. No, pero ahora con las nuevas lentes se puede dar satisfacción a otro perfil de pacientes, el que también quiere una solución para la vista cansada, pero no quiere renunciar a nada de calidad visual. Se quita la “dependencia” absoluta a las gafas de cerca pero gana visión de cerca. Aunque no se pueda deshacer por completo de las gafas de cerca, es una alternativa que no quita calidad.

Y un poco de fisiología

Pero hay una ponencia que me gustó mucho, pero no por lo que tiene que ver directamente con la cirugía refractiva o de catarata, sino porque por fin se ponen de acuerdo cirujanos refractivos y estrabólogos. Se trata de la famosa dominancia ocular, algo que para los estrabólogos y oftalmólogos infantiles (y para los que nos gusta profundizar en la neurofisiología visual) no tiene mucho sentido en un paciente sano, pero que los cirujanos refractivos lo establecen cuando tienen que realizar una técnica quirúrgica de monovisión (que también hablé al final de este artículo). El Dr. Arias presentó los resultados de utilizar el “ojo dominante” de lejos o ponerlo de cerca. y da lo mismo. Lo que viene a decir que en sistema visual sano no existen ojos dominantes, que los test de preferencia visual se basan en establecer prioridades motoras de elección de un ojo, que no se corresponde con la realidad habitual de un sistema visual binocular sano. Que es lo que ya sabíamos los que trabajamos con la visión binocular.

Pero el tema de la dominancia ocular lo quiero tocar más tranquilamente, sobre todo por el tema de la famosa lateralidad cruzada, los psicólogos, psicopedagogos, el apredizaje y el retraso escolar, la dislexia, etc. Está en la lista de artículos pendientes, así que no me quiero extender más.

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