Midiendo la agudeza visual en la antigüedad

En la actualidad

Ya hemos hablado de cómo medimos actualmente la agudeza visual. Mediante los sistemas de optotipos somos capaces de estimar la calidad de las imágenes mentales que somos capaces de generar de nuestro entorno, y por tanto la eficacia de nuestro sistema visual. Medimos cómo de pequeños son los detalles que podemos diferenciar en el centro de nuestro campo visual, que se corresponde con la zona central de la retina (que es anatómica y fisiológicamente superior a la retina periférica). Las principales anomalías visuales que afectan a nuestra visión alteran de forma proporcional nuestra agudeza visual. No es el único test que tenemos para medir cómo funcionan nuestros ojos: también está la campimetría y más recientemente los sistemas de sensibilidad al contraste, por nombrar los más importantes. Pero sin duda la agudeza visual es la prueba más relevante. Además, es una prueba rápida y sencilla de hacer.

Conocer la calidad de nuestra visión es importante a la hora de saber qué actividades de alto requerimiento visual podremos hacer bien y en cuáles estaremos limitados. Así, en diversos trabajos exigen un mínimo de agudeza visual, de forma que garantizamos que el que está desempeñando esa labor tiene visión suficiente para realizarla.

En la antigüedad

Pero esto de necesitar buena calidad visual para tareas específicas no es nuevo. A lo largo de la historia de la humanidad siempre ha habido profesiones en las que se necesitaba buena visión. Un cazador o un vigilante difícilmente podrán hacer bien su labor si son “cortos de vista”.  Por lo tanto, en las diversas épocas y culturas han ido surgiendo sistemas para estimar la calidad de visión, enfocado a seleccionar las personas aptas para realizar estas tareas. La mayor parte de las veces se trata de pruebas poco sistematizadas que apenas han quedado documentadas. Pero hay una que sí ha quedado suficientemente descrita en los textos como para que podamos hablar de ella.

“El test árabe”

No sabría traducirlo correctamente al castellano porque lo que he leído sobre el tema está en inglés. Lo que nos ha llegado a nuestros días son textos árabes que hablan de una forma relativamente sencilla de averiguar si un sujeto tiene buena visión. Al parecer, en la antigua Persia seleccionaban a los guerreros en función (entre otras cosas, claro) de si eran capaces de superar la prueba. Preocupados por disponer de guerreros competentes y capaces, los persas recurrieron a las estrellas. Posteriormente los árabes heredaron esta tradición.

¿Cómo lo hicieron?. En la constelación de la Osa Mayor, la cuarta estrella más luminosa se llama Mizar. Al lado de ella (desde nuestro punto de vista, claro, no es que sean estrellas cercanas) hay otra menos luminosa llamada Alcor. Realmente es lo que ven nuestros ojos, porque lo que vemos como un único punto de luz que llamamos Mizar son cuatro estrellas, y Alcor son dos. Pero nos quedamos con lo que ópticamente distinguimos desde la Tierra. Alcor es menos brillante y está junto a Mizar, un poco al este y al sur. En los textos antiguos, esta pareja también se llama “el jinete y el caballo”, entendiendo a Alcor como el jinete. Así, todo soldado perteneciente a la guardia del sultán tenía que ser capaz de diferenciar como estrellas separadas a Alcor y a Mizar.

osamayor

Curiosamente, los principios teóricos son muy similares a los que utilizamos nosotros para crear nuestro sistema de optotipos. Repasando lo explicado, se trata de encontrar el detalle mínimo, la mínima distancia que somos capaces de ver como separada entre dos puntos. Medida en distancia angular, así anulamos el concepto de distancia al objeto.

Este detalle mínimo lo establecemos como “normal” para una visión correcta en un minuto de arco. Cuando un sujeto es capaz de diferenciar detalles en un minuto de arco hablamos de visión del 100% (más correcto, visión de 1 en el sistema decimal, o visión de 20/20 en el sistema anglosajón). El optotipo de “E” de Snellen se basa en esto, para el test del 100% (1 ó 20/20) cada pata y cada espacio entre patas de la “E” tienen un ángulo de grosor de minuto de arco, para un tamaño total del optotipo de 5 minutos de arco. Por lo tanto el optotipo de un tamaño específico debe ponerse a una distancia determinada para que se cumplan esos ángulos.

Si utilizamos las estrellas, realmente hablamos de lo mismo. La distancia se considera infinita a efectos prácticos, igual en cualquier punto de la Tierra. Y se trata de puntos de luz que tienen una distancia angular específica. Así que como concepto teórico es perfectamente válido. Se trata de encontrar estrellas los suficientemente cercanas que sea necesario tener buena agudeza visual para verlas como puntos separados y no como un único punto. Y parece que Mizar y Alcor cumplen estas expectativas.

¿Una mala prueba?

Si uno consulta la Wikipedia inglesa, en el artículo que dedican al binomio Mizar-Alcor podemos encontrar esto: “[...] the ability to resolve the two stars with the naked eye is often quoted as a test of eyesight, although even people with quite poor eyesight can see the two stars”. Es decir, pone en duda la eficacia real del test árabe porque, afirma la Wikipedia, personas con mala visión puede ver las dos estrellas. Esto me extrañó bastante, porque si bien en aquella época posiblemente no utilizaran muchas bases teóricas para el test (no creo que midieran ángulos ni tuvieran un concepto teórico del ojo humano y de su óptica), es de esperar que la prueba estuviera refrendada por mucha experiencia. Se entiende ésta se ha utilizado masivamente: si hubieran entrado guerreros con mala visión al final el test se hubiera desechado. En la Wikipedia inglesa no pone referencia alguna para apoyar esta afirmación. Y en la Wikipedia española menciona en su artículo que es una forma clásica de medir la agudeza visual, sin ponerlo en duda.

Buscando más información por Internet no he encontrado información que apoye que es un mal test. Lo único que he podido encontrar es el siguiente texto en una revista de astronomía: “Now centuries ago it was said that these 2 stars, bright Mizar and dimmer Alcor, were used as a kind of ancient eye exam for one of an Arab sultan’s armies. If a recruit could see the 2 stars he was in, if he couldn’t he was out. But to tell you the truth it wasn’t a very difficult eye test because even today with light pollution everywhere most people can see 2 stars, although admittedly nowadays I have to use my glasses“. Es decir, se basa en dudar de la capacidad del test en que actualmente la mayoría de personas pueden diferenciar ambas estrellas. A mí no me parece un argumento de peso, en la actualidad la salud visual en países desarrollados es muy alta en comparación con la que había siglos atrás. Pero no sólo eso; la mayoría de las deficiencias visuales en personas jóvenes y sanas (el perfil esperable en un futuro guerrero del sultán) se debían a defectos de graduación. Ahora tenemos gafas (y lentillas, y cirugía refractiva) para corregirla, pero antes no. Ya admite el autor que necesita sus gafas para poder ver ambas estrellas como separadas.

Sin embargo, hay un argumento teórico que hacen dudar de la eficacia del test. Desde nuestro punto de vista, ambas estrellas están separadas 12 minutos de arco. Decíamos que una visión buena (100%, 1 ó 20/20) es la que permite diferenciar detalles de 1 minuto de arco. Por lo tanto 12 minutos es bastante más alejado, concretamente correspondería a una agudeza visual de 20/200 para anglosajones ó 0,1 en el sistema decimal (mal llamado un 10%, que correspondería realmente un 20% de visión). De ser esto cierto y poder comparar directamente minutos de arco de nuestros optotipos con el test árabe, resultaría una mala estimación de la visión. Y por lo tanto, el test árabe sería un mal test.

El experimento que lo confirma

En su momento me quedé con la duda, así que recurrí a PubMed, a ver qué encontraba. Me llevé una agradable sorpresa. Hace 2 años un oftalmólogo en Washington tuvo inquietudes parecidas a las mías, y decidió ponerse manos a la obra. Realizó un experimento para estimar la validez del test y lo publicó en un artículo (An Ancient Eye Test—Using the Stars. George M. Bohigian. Survey of Ophthalmology. September 2008, Vol. 53, Issue 5, Pages 536-539).

El experimento me parece ingenioso. Con diez sujetos voluntarios, confirmó que tenían una agudeza visual correcta (1 ó 20/20) con nuestros optotipos de Snellen. Aplicó lentes esféricas positivas (las que se utilizan para corregir la hipermetropía o la presbicia) de magnitud creciente. Comenzó con +0.25, de forma que “emborronaba” la visión del sujeto. Si todavía era capaz de diferenciar los optotipos correspondientes al 1 ó 20/20. Si todavía los veía, probaba con +0.5, y así sucesivamente.

Posteriormente llevó a los mismos voluntarios a una zona sin polución, durante una noche clara, y probó que todos veían separadas ambas estrellas. Luego hizo lo mismo, fue probando lentes positivas hasta emborronarles la visión lo suficiente como para que no diferenciaran las estrellas como puntos separados. En ambos casos, la media de las lentes que conseguían “no ver” el test estaba entre +0.5 y +0.75 , lo que demuestra que el test árabe tiene una correspondencia buena con el 1 ó 20/20 de nuestros sistemas actuales de optotipos.

Y la explicación

En el artículo también discuten las causas entre esta aparente contradicción entre teoría (12 minutos de arco es mucha separación para un test que pretende corresponder a los optotipos de 1 minuto de arco) y práctica (el resultado del experimento es bastante representativo).

Realmente, para medir la nitidez de visión, no sólo nos podemos fijar en los minutos de arco de separación. Nuestra retina no recibe la imagen directa del exterior, y no se trata de una “malla de detectores luminosos” independientes y aislados unos de otros. Es un sistema complejo y dinámico, por lo que no es capaz de ofrecer la misma nitidez en todas las circunstancias. Primeramente se trata de un sistema óptico, por lo que las circunstancias de iluminación y contraste modifica la calidad de la imagen proyectada en la retina. Incluso el ojo con la óptica más perfecta que podamos imaginar, empeorará su rendimiento en diversas circunstancias. Además, la propia retina se adapta a las condiciones de iluminación, “amplía” algunos estímulos para mejorar la sensibilidad, sacrificando nitidez, interpreta mejor líneas y perfiles que puntos aislados, etc.

En la práctica, es bien sabido que somos capades de diferencia mejor las formas oscuras sobre fondo claro que al revés. Así, los optotipos están en condiciones ideales, figura negra sobre fondo blanco. Además se toma en condiciones ideales y homogéneas de iluminación y contraste. Cuando miramos las estrellas, se tratan de puntos claros sobre fondo negro, condiciones peores para el contraste, como explicábamos en el último artículo. Además, por la noche los ojos se adaptan a la oscuridad, y perdemos nitidez (el punto proyectado sobre la retina se visualiza como mayor). Por otra parte, Alcor es sustancialmente menos brillante que Mizar, esta falta de homogeneidad en el contraste también dificulta la percepción.

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Optimizando nuestra agudeza visual

Estaba leyendo un artículo para documentarme para la entrada que tocaba del blog (que de acuerdo con la lista tratará sobre cómo se medía la agudeza visual en la antigüedad), y uno de los datos clave era el tipo de contraste entre el fondo y el objeto que miramos. Me he dado cuenta que de estos aspectos no he dedicado ningún artículo, así que se impone una especie de entrada-resumen donde explicar escuetamente cómo conseguir un mejor rendimiento de nuestra visión. Utilizaremos como ejemplo un ejercicio visual rutinario que exige buena percepción de perfiles: la lectura. Podremos extrapolar las conclusiones a cualquier circunstancia que necesite buena resolución de imagen, en el sentido de “afinar al detalle”.

Luz directa o indirecta: De esto hemos hablado en varias ocasiones (aquí y aquí). La luz directa (televisión, ordenador y pantallas similares) fatiga más la vista que la luz indirecta (papel, tinta electrónica y en general cualquier entorno “natural”). Que no significa que la vista se estropee con las pantallas de visualización o que no podamos estar horas y horas utilizándolas sin tener síntomas visuales. Pero no estamos hablando hoy de fatiga visual, hablamos de cómo de nítido podemos llegar a ver, cuánto podemos afinar, ajustar hasta el límite la capacidad de resolución de nuestro sistema visual. Y ante esto, un libro no siempre tiene las de ganar frente a la pantalla de un ordenador. Dependerá de variables indirectas relacionadas, como el contraste.

Luz ambiental
: Influirá alterando el contraste. Un objeto que lo vemos con luz indirecta, si hay poca luz ambiental, normalmente perderemos contraste. Por eso aconsejan leer sobre papel con buena iluminación. Cuando hablamos de luz directa (televisión, ordenador), la cosa cambia. Si hay muy poca luz, el ojo se fatiga más, por eso aconsejan luz indirecta de intensidad intermedia para televisión y ordenador. Pero hoy no estamos hablando de eso, así que en estos caso podemos optimizar nuestra agudeza visual reduciendo la iluminación. No demasiado, porque demasiado contraste también es contraproducente.

Contraste: Quizás la variable más importante. Se trata de separar el primer plano (el objeto que estamos delimitando sus contornos) y el fondo (aquello que rodea al objeto). Cuanto más contrastados estén, mejor. Así, si utilizamos diferentes colores, hay que asegurar uno destaque sobre el otro, de otra manera la lectura se vuelve difícil; no sólo incómoda sino más ineficaz. Hay diferentes combinaciones que son adecuadas, pero si queremos maximizar nuestra agudeza visual en un momento dado, el contraste máximo nos lo ofrecen el blanco y el negro. El contraste no sólo depende del color: como apuntábamos más arriba, la iluminación y el tipo de luz (directa o indirecta) también juegan su papel . Se trata de la intensidad de luz que nos ofrece tanto el fondo como la forma. Si nos vamos al blanco y al negro, en general cuanto más intensidad de luz tenga el blanco y más “ausencia de luz” tenga el negro, mejor. Pero hasta un límite, por encima del cual el blanco nos “deslumbra” y perdemos resolución de imagen. En conclusión, seremos capaz de leer con mejores resultado utilizando el blanco y el negro, con bastante intensidad del blanco pero sin pasarnos.

¿Letras blancas sobre fondo negro, o letras negras sobre fondo blanco?. Se producen interesantes discusiones en foros de internet, acerca del diseño de páginas web. Hay gente que le gustan las páginas oscuras con el texto claro. Aducen que el ojo se cansa menos porque es menos iluminación global y el ojo está más cómodo. Realmente, es un error. Ese tipo de diseño tiene varias ventajas, como que gasta menos energía la pantalla, pero la verdad es que la lectura es más difícil. Son varias las razones, pero centrémonos sólo en las características ópticas propias del ojo. Todos tenemos aberraciones visuales, que son consecuencias propias de nuestro sistema óptico (y de todos los sistemas ópticos, es algo inherente) que implican que la proyección de la imagen sobre la retina nunca es perfecta. Estas pequeñas imperfecciones, que lo tienen también las personas que no necesitan gafas, se hacen más patentes cuando miramos un objeto brillante (claro e intenso) contra un fondo oscuro. Los contornos de un objetos claros sobre fondo oscuro se vuelven más borrosos e imprecisos, que un objeto del mismo tamaño que sea oscuro contra un fondo claro.

En resumen, si queremos leer unas letras muy pequeñas a simple vista, la mejor forma de hacerlo es fondo blanco y bien iluminado y letras negras.

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Trivial oftalmológico: décima pregunta

La cuestión de junio decía así:

Señale la opción correcta sobre el desprendimiento de retina
a) La retina desprendida siempre se altera en su función
b) El tratamiento siempre es médico
c) La presión intraocular nunca se afecta
d) Se produce siempre por roturas en la retina
e) Es una enfermedad exclusiva de miopes

La participación ha sido buena, un total de 115 votos repartidos así:
a) 51 votos (44%)
b) 8 votos (24%)
c) 13 votos (13%)
e) 28 votos (11%)
f) 15 votos (8%)

Para contestar la pregunta podemos recurrir a los artículos de este blog sobre el desprendimiento de retina (uno, dos y tres). Esta pregunta la podríamos calificar de “fácil”. La única dificultad es que en todas las respuestas hay un elemento que suele estár presente en las preguntas falsas de los test. El que está acostumbrado a realizar este tipo de exámenes, sabe que las respuestas que contienen “siempre”, “nunca”, “exclusivamente” suelen ser falsas. En esta ocasión las 5 opciones tienen algo de esto.
El tratamiento del desprendimiento de retina siempre es quirúrgico, no médico. Hay que operar para colocar la retina en su sitio, no se vuelve a recolocar con gotas, pastillas, etc. Al principio me sorprendió que un 24% de los votantes contestara esta respuesta, que el tratamiento siempre es médico. Luego he caído en la cuenta que posiblemente sea un problema de terminología. Cuando hablamos de “tratamiento médico” nos referimos al tratamiento conservador no intervencionista (fármacos, observación, etc). Se usa como opuesto al “tratamiento quirúrgico”. Igual algunos lo han entendido como que es un tratamiento que tenemos que hacer los médicos. Y lógicamente la cirugía también la hacemos médicos.
En cuanto a las demás respuestas, ya explico en los artículos enlazados que un desprendimiento de retina con el tiempo puede alterar la presión intraocular, existen más causas aparte de las roturas retinianas (por ejemplo la variante exudativa), y aunque la miopía es un factor de riesgo, no es ni mucho menos exclusivo de miopes. Y la retina que está desprendida, indefectiblemente, no funciona igual de bien. Ésta sería la respuesta correcta.

Y seguimos: ya está puesta la pregunta de julio y el ranking está actualizado. He cambiado la entrevista de la radio y ahora podemos oír la segunda parte sobre el tema del ojo vago.

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Cuando la mácula y el vítreo no se llevan bien

Vale, no es un título “académicamente correcto”, y no es el que tenía puesto en la lista de artículos pendientes. El término adecuado es el de tracción vitreomacular. Espero que mis queridos lectores disculpen estas pequeñas licencias. Pero presentemos ya a nuestros protagonistas.


Comenzamos

La mácula: Hemos hablado muchas veces de ella (al hablar de la calidad de imagen, la agudeza visual, en la degeneración macular asociada a la edad, el edema macular en la diabetes, etc). Se trata de la parte central de la retina, y es la encargada de ofrecernos la visión central. La retina periférica ofrece información visual de poca nitidez, por lo que dependemos mucho de la función de la mácula para “ver finamente”: leer, reconocer caras, manipular con la mano, etc. El centro de la mácula lo llamamos fóvea, y tiene una organización característica: van aumentando la densidad de receptores de luz (por lo que la imagen ofrecida cada vez es más nítida conforme nos acercamos al centro) y van desapareciendo las capas de la retina, por lo que ésta se va adelgazando. El centro de la fóvea se denomina foveola, y es la parte más delgada, el centro de esta depresión. Si “cortáramos” la mácula y la viéramos de perfil encontraríamos que la parte externa de la mácula tendría el espesor habitual de la retina, y en el centro la fóvea la reconoceríamos porque tiene esa depresión característica.
Aquí tenemos un esquema (un poco simple, todo hay que decirlo) de la depresión foveal:

Y aquí tenemos una imagen de una retina real y “viva”, que es como si la hubiéramos cortado y visto al microscopio.

Vemos la depresión foveal, fácilmente identificamos el céntro de la mácula. Esta imagen es una tomografía de coherencia óptica (OCT), un aparatito sobre el que ya hemos hablado, que va a ser crucial para el manejo de la tracción vitreomacular.

El vítreo también es un viejo conocido. Se trata de una gelatina transparente que rellena la casi toda la cavidad interna del ojo. Habitualmente está adherida a la retina. En el artículo sobre las moscas volantes explicamos que la parte posterior del vítreo se puede soltar (”despegarse”) de la mácula, la papila y otras estructuras de la retina que está más atrás), y posteriormente originar opacidades que es lo que el paciente percibe como “moscas”, “hilos”, “velos”, etc.

Aquí vemos el vítreo adherido a la retina:

Y aquí abajo vemos que se ha desprendido el vítreo de la parte posterior. En la parte periférica de arriba queda una unión fina entre vítreo y esa zona de retina periférica:

El vítreo “medio suelto”, pero anclado a ese punto crítico de la retina periférica, tracciona de aquí. Pega “tirones” de la retina, y puede acabar rompiéndola:

Esta rotura inicialmente no afecta a la función de la retina. En esta zona tan periférica, la retina apenas tiene función visual. Pero el agujero puede ser causa de desprendimiento de retina.

Y ahora, al tema

Hemos visto cómo el vítreo puede traccionar de la retina en la periferia. Ya está explicado en artículos precedentes. Pero vamos a suponer que el vítreo no se desprende completamente de toda la parte posterior. Me explico: la unión de toda la superficie posterior del vítreo con la parte posterior de la retina no es toda igual. Hay uniones más fuertes en los vasos sanguíneos, en el nervio óptico (papila) y en el centro de la mácula. Bueno, pues puede pasar que se suelte del nervio óptico, de los vasos sanguíneos, de otros sitios de la retina posterior, pero permanezca la unión entre vítreo y mácula.
¿Qué pasa entonces?. El vítreo parcialmente suelto, que comienza a perder volumen (porque el desprendimiento vítreo se asocia a deshidratación y disminución de volumen), tiende a retraerse, y comienza a “tirar” del centro de la mácula hacia la cavidad interna del ojo.
¿Cómo lo vemos?. Mirando en el fondo del ojo no es fácil, hay que tener mucha costumbre de explorar máculas para ver qué esta pasando, sobre todo en las etapas iniciales de la tracción vítreomacular. Como decía más arriba, la OCT nos ha facilitado mucho el diagnóstico y el seguimiento. Porque podemos ver los cambios estructurales en la fóvea debido a esta tracción (luego los explico), y porque podemos ver también el vítreo.
Esto exige una explicación un poco más detallada. El vítreo como tal, en la OCT se ve negro. Es decir, normalmente no se identifica nada.

Vuelo a poner la foto de más arriba. La línea roja marca el límite de la retina con la envoltura del ojo que está detrás (la coroides). O sea, de la línea roja hacia abajo es la coroides, y para arriba es la retina. La retina tiene esos colores que van del verde al anaranjado. El límite superior de la retina dibuja ese perfil característico de la depresión foveal. Y por encima está negro. En principio es vítreo, el gel de proteínas transparentes no tiene por qué verse en la OCT con colores. Pero podría ser también que se haya desprendido el vítreo, y eso negro sea líquido, también se vería negro.
Por suerte, hay una estructura vítrea que sí podemos ver, a veces. En el límite del vítreo  se produce un aumento de densidad de la malla de proteínas, que sí se ve en la OCT. Se llama hialoides posterior. Cuando la hialoides está pegada a la retina (no hay desprendimiento de vítreo) no la vemos, porque es indistinguible del límite de la retina. Cuando hay un desprendimiento posterior completo y la hialoides posterior se ha alejado mucho de la mácula, tampoco lo vemos, está fuera del rango de la tomografía. Pero si la hialoides se ha alejado poco, o hay un desprendimiento parcial, podemos ver la hialoides en la OCT.

Vamos a verlo en imágenes:

Vemos la retina, y una línea en medio de la zona negra que correspondería a la hialoides. El espacio que hay entre esa línea y la retina estaría ocupado por líquido (mayormente agua). Por encima de la línea es vítreo. Vemos que la hialoides está suelta en la parte periférica pero está “anclada” en un punto de la retina. Sería una forma inicial de tracción vitreomacular.

Consecuencias

Ya vemos cómo la hialoides puede traccionar de la mácula, sobre todo de la fóvea. ¿Qué ocurre entonces?. Inicialmente esa zona tan delgada, tan repleta de fotorreceptores, tan delicada como es la fóvea, al ser traccionada y verse obligada a aumentar su volumen “a las bravas”, puede quedar dañada en su estructura y consecuentemente en su función.


Vemos en esta OCT de arriba que la depresión foveal característica ha desaparecido, se está acumulando fluido en la fóvea (edema macular por la tracción).
El paciente comienza a perder visión central (agudeza visual). Puede que en estas etapas iniciales se solvente el problema terminando se soltarse el vítreo, dejando la mácula “en paz”, y ésta vuelva a recuperar su forma y función normales. O puede que el problema progrese.

Aquí arriba vemos que hay una tracción intensa de la hialoides (se ve con dificultad, pero podéis adivinar la línea), que levanta mucho la foveola, tanto que se ha “desprendido”. Hay un levantamiento de la retina central. Hay ya una pérdida visual importante.

Finalmente, si la tracción continúa, se puede romper la retina. Puede romperse una parte y que continúe la tracción:


O puede ocurrir que la hialoides “arranque” completamente este fragmento de fóvea, y con eso finalice la tracción macular.


En esta OCT de arriba vemos el fragmento de fóvea, completamente roto y separado del resto de la fóvea que “levita” por encima. Realmente está adherido a la hialoides.

En cualquier caso, posiblemente la consecuencia más temible de la tracción vitreomacular es la rotura y pérdida de la fóvea central, una circunstancia que llamamos agujero macular.

Normalmente lo que se arranca y se pierde es justo el centro de la fóvea, nuestra visión más central. Las consecuencias son graves para la agudeza visual. Y solucionarlo es complejo. Existen cirugías que intentan “sujetar” los bordes  para que por aquí no se desprenda la retina, pero no tenemos medios para “regenerar” el tejido perdido.

La tracción vitreomacular sin agujero es difícil de ver en el fondo de ojo. Porque la hialoides posterior es transparente, y como la retina tampoco es fácil de ver (lo que vemos en el fondo de ojo son los vasos sanguíneos y el color naranja correspondiente al epitelio pigmentario, pero la retina neurosensorial como tal es bastante transparente), apenas vemos nada. Pero cuando hay un agujero sí que podemos identificarlo en el fondo de ojo, porque los bordes del agujero se vuelven un poco blanquecinos, y en el agujero como tal, como falta retina, se ve muy claramente lo que hay detrás: el color naranja del epitelio pigmentario. Veamos unas fotografías de agujeros maculares:

Y no confundir con ….

Esta zona tan pequeña y particular de la anatomía del ojo, la interfase vitreomacular, alberga otras enfermedades aparte de la tracción de la que hemos hablado hoy. Concretamente, la membrana epirretiniana (también llamada membrana celofánica, pucker macular, etc) ocurre en esta zona, pero no queda incluida en lo que denominamos tracción vitreomacular.

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Enfermedades de los párpados

Y volvemos a hablar de oftalmología. Sobre los párpados ya hemos hablado en otras ocasiones: para hablar de su función, cuando explicábamos el padecimiento más común (la blefaritis) y sus consecuencias (el orzuelo y el chalación, y un tipo particular de ojo seco).
Intentar condensar en un artículo como el de hoy el resto de enfermedades que afectan a los párpados es demasiado ambicioso. Me limitaré a explicar las que tienen mayor protagonismo en el ámbito oftalmológico; otros problemas los nombraré de pasada y otros se quedarán en el tintero.

Crecimiento de nuevos tejidos

Los abultamientos más frecuentes que ocurren en los párpados posiblemente sean los derivados de las glándulas de meibomio: los orzuelos y chalaciones. Seguidos de verrugas vulgares, xantelasmas (manchas amarillentas planas cerca del puente de la nariz, debido al envejecimiento y al colesterol) y otras lesiones habituales, todas benignas.

También hay lesiones malignas, dependiendo habitualmente de la piel. Quizá la más destacable es el carcinoma escamoso, pero hay más.
Para todos estos crecimientos el tratamiento, cuando precisa, es quirúrgico. En casos de lesión maligna o sospechosa, en principio la extirpación es obligatoria: hay que quitarlo. En las lesiones benignas, no siempre. De hecho, si la lesión no es grande el criterio para decidir extirpar es más “estético” que “médico”.

Inflamaciones

La blefaritis es una inflamación crónica del borde del párpado, hablamos de una enfermedad “muy oftalmológica” y su manejo entra de lleno en nuestra competencia. Las inflamaciones de la piel del párpado, alejándonos por tanto de la superficie ocular, normalmente no es una entidad claramente separada de las enfermedades de la piel. Existen dermatitis de contacto, eccemas, etc, en el párpado. Muchas veces en el contexto de una afectación más extensa de piel, que en ocasiones maneja el dermatólogo.

Alteración en las pestañas

Tenemos la pérdida de pestañas (madarosis), que puede agobiar mucho al paciente por el tema estético, pero que no tiene gran relevancia en cuanto a la función visual. Más importantes son los trastornos de pestañas que impliquen que éstas entren en contacto con la superficie del ojo. El roce mecánico de las pestañas contra la conjuntiva y sobre todo contra la córnea supone una agresión intensa, que puede implicar úlceras.
Hay dos problemas principales:

  • Triquiasis: una o más pestañas, cuyas raíces se encuentran en su posición normal (en la parte anterior del borde del párpado), en vez de crecer alejándose del ojo, crecen hacia adentro hasta entrar en contacto con éste. 

  • Distiquiasis: una o más pestañas crecen donde no deben, habitualmente en la parte posterior del borde del párpado. Son pestañas “supernumerarias”, anómalas en tamaño, posición, etc. Y normalmente, ya sólo por estar en un lugar tan próximo al ojo, contactan con éste.

Alteración en la posición del párpado

  • Ptosis: Es la caída del párpado superior. Puede ser leve y no llegar a taparse la pupila, con lo cual la función de la visión está más o menos preservada. En cuanto la pupila queda cubierta, ese ojo no ve por sí mismo. Las causas son muy variadas, así como su momento de aparición. Pensemos en una persiana que está subida a una altura concreta, y nosotros sostenemos a pulso la cinta de la persiana para mantenerla en esa altura. Puede ser un problema de nuestro brazo, que hagamos menos fuerza y la persiana baje (ptosis de causa muscular o miogénica), o que aunque nuestro brazo funcione bien la cinta se haya ido dando de sí con los años (ptosis aponeurótica senil), o que un golpe de viento haya roto la unión entre la cinta y la propia persiana (ptosis traumática). Por nombrar causas frecuentes.

  • Retracción de párpados: Sería lo contrario, el párpado superior en vez de caerse y tapar una parte de la superficie del ojo que debería dejar expuesta, está demasiado arriba y expone demasiada superficie. Aunque es bastante característico de la afectación ocular del tiroides, hay más causas. 

  • Debido normalmente a una laxitud del párpado inferior (que va quedando “flojo”, habitualmente por la edad), ésta no queda perfectamente apuesto y a tensión sobre el ojo. Imaginemos que cogemos una toalla de dos de sus vértices contiguos, y el borde que tenemos entre ambas puntas lo sujetamos contra una pared. Mientras mantengamos la tensión, el borde se encuentra recto y bien aplicado a la pared. Conforme vamos aflojando tensión, el borde se comba, y habitualmente se vuelve un poco hacia afuera o hacia adentro. Cuando el borde del párpado se evierte hablamos de ectropion, y puede dar lugar a lagrimeo (la lágrima no circula y se acumula en ese “pocillo” que hay entre párpado y ojo) y a veces un tipo de sequedad ocular (porque la lágrima no se reparte bien por el ojo, ya que no hay un parpadeo eficaz). Cuando el borde se vuelve hacia adentro hablamos de entropion, y habitualmente es más molesto porque las pestañas rozan el ojo. Nos encontramos a una situación parecida a la triquiasis o distiquiasis que explicábamos antes.

Y creo que por hoy ya es suficiente. Quedan muchas enfermedades por hablar, y ni siquiera he explicado el tratamiento (habitualmente quirúrgico) de las que he perfilado. Mantendremos el tema abierto para futuros artículos.

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