Frenando la miopía: la hipótesis ignorada

por | 20 Enero, 2017

Sí, volvemos a tocar el tema de la miopía. Ya hemos dedicado un artículo monográfico suficientemente descriptivo para hacernos una idea de lo que es. Es antiguo, pero en general no muy desfasado. Casi todo lo que escribí hace más de 12 años (nota mental: este blog se está haciendo mayor) es válido en la actualidad. También hay un post especulativo sobre lo que llamamos enfermedad y lo que puede ser un cambio fenotípico en un marco evolutivo. Es una lectura poco práctica, pero para el que le guste darle vueltas a los conceptos biológicos que nos pueden afectar, igual le interesa, aunque solo sea para compartir su punto de vista en los comentarios.  También hemos hablado de la falsa miopía, otro problema visual que simula la miopía pero que no lo es.

Pero hoy vamos a hablar de las estrategias de prevención de la miopía. Sería como una actualización de lo que hemos ido diciendo sobre el tema, pero sin entretenernos mucho en cada una de las estrategias que se plantean, porque quiero dirigir el artículo hacia una hipótesis concreta, una que no es nueva, no es desconocida ni secreta, pero que no está recibiendo la atención que merece. Y creo que es tarea de los divulgadores en el campo de la salud visual el darla a conocer.

Pero vayamos por partes. Primero tengo que volver a hablar de la medicina basada en la ciencia, que es un concepto complementario o mejorado del más habitual de medicina basada en la evidencia. En este artículo lo explico, pero resumiendo mucho consiste que en nuestra búsqueda de certeza debemos buscar evidencia científica sólida del hecho concreto que queremos validar, como siempre, pero además hemos que tener en cuenta el concepto de plausibilidad biológica. En especial cuando trabajamos con hipótesis que todavía no reúnen ensayos clínicos randomizados de calidad. Es decir, cuando estamos barajando hipótesis que todavía no se pueden considerar hechos comprobados, la más razonable, la que debería recibir los esfuerzos en investigación, debería ser la hipótesis plausible, la que tiene sentido en el contexto del conocimiento acumulado previo.

Vamos a hablar de las estrategias que se han desarrollado o propuesto para prevenir o frenar la miopía. Y empezamos por las que no funcionan.

Lo que no frena la miopía

Hay tanta necesidad de frenar la miopía, es tal la demanda de la población de hacer algo, que sería muy largo (y aburrido) nombrar y describir todas las cosas que se han pregonado. Dentro de lo que podemos calificar como pseudociencia pura, alejada de lo que sería el ámbito científico, tenemos: el método Bates, remedios “naturales” de hierbas, ejercicios para la vista, masajes oculares (¡esto además puede ser peligroso!), yoga, meditación, homeopatía, osteopatía, terapias visuales “exóticas”, y un larguísimo etcétera. No merece la pena detenerse en este punto.

Más peligroso es todo aquello que se ha defendido desde canales aparentemente más “fiables”. Medios de comunicación convencionales, medios de divulgación de tipo científico-tecnológico, médicos, además de optometristas y oftalmólogos han estado recomendando diferentes estrategias  que simplemente no funcionan. Y lo siguen haciendo.

  • Evitar esfuerzos de cerca. El estudio, la lectura y las actividades de cerca se han querido relacionar con la miopía. Con algunas publicaciones que querían reforzar esta hipótesis, otros estudios mejor diseñados no han encontrado relación. Resulta que los estudios a favor, aparte de las carencias habituales de poco seguimiento, pocos sujetos, etc, muchos carecían de un estudio sistemático con cicloplejia (eso significa paralizar el músculo que hay dentro del ojo que enfoca y desenfoca). Estudiar la miopía sin realizar cicloplejia en un estudio científico no es una buena idea, porque no podemos separar la miopía real de la falsa miopía, y la falsa miopía sí se puede relacionar con el esfuerzo visual de cerca. La hipótesis de que la miopía se produce por forzar la vista no está demostrada, de hecho podemos decir que está más que desechada, pero todavía hay mucha gente que lo cree y lo defiende. Desgraciadamente, también sanitarios en general y profesionales de la visión en particular. Y demonizar actividades como la lectura y el estudio, aparte de que no sirve para luchar contra la miopía, encima dificulta una labor esencial que necesitamos como sociedad: formar a nuestros niños y adolescentes (1).
  • Gafas bifocales e hipocorrección de la miopía. Estas estrategias van en consonancia con la hipótesis de arriba. Si es “malo” que el niño enfoque de cerca, porque la hipótesis es que el enfoque de cerca produce miopía, además de evitar esfuerzos de cerca, podemos hacer que el ojo no realice el enfoque normal, sino “aliviarle” de ese trabajo. Así ponemos menos miopía en las gafas (hipocorrección), o bien usamos gafas bifocales. Esto último consiste en que en la parte de arriba del cristal, el que se usa para visión lejana, enfoca de lejos con la miopía bien corregida; y en la parte del cristal de cerca ponemos menos graduación. De una manera o de otra, hacemos que el niño de cerca no tiene que hacer el esfuerzo normal de enfocar. Recordamos un poco el tema de las distancias. El ojo “normal” está enfocado por defecto para lejos, y para cerca necesita un esfuerzo activo del músculo ese que hemos hablado antes (el músculo ciliar). Un miope está “enfocado por defecto” no para lejos, sino en un punto más cercano. De forma que de lejos está desenfocada la imagen y necesita gafas. Si no tiene muchas dioptrías, el miope ve bien de cerca, pero hay una diferencia: el esfuerzo que tiene que hacer el músculo ciliar es menor del habitual. Con esta hipótesis de que el esfuerzo de cerca produce miopía (lo recuerdo de nuevo: no es cierto), se han utilizado durante décadas estrategias para evitar el esfuerzo normal del músculo ciliar. La idea era evitar que este músculo realizara su trabajo normal de enfocar la imagen. Como ya podréis suponer, ni las bifocales ni la hipocorrección de la miopía han demostrado que frenen la miopía. Pero en este caso ha sido al revés: varios estudios han puesto de manifiesto que estas medidas de hecho pueden aumentar la miopía, en vez de frenarla. Así que cuidado, aquí ya no solo podemos perjudicar a la gente en el ámbito extraocular, sino también en el puramente ocular. Ya decirles a los niños y adolescentes que no estudien o lean es malo. Pero ponerles unas bifocales es un engorro, y ponerles menos graduación implica que les quitamos visión lejana, así que mermamos su calidad de vida. Y encima si hacemos algo de esto último, lo mismo le producimos más miopía. Error garrafal, debería de alguna forma estar regulado para impedir estas prácticas. Y, para horror y vergüenza de la sociedad en general, se sigue haciendo.
  • Uso del ordenador, tablet, móvil. Demonizar las pantallas de visualización es la moda hoy, lo mismo que en la primera parte del siglo XX se puso de moda echar pestes sobre la lectura en general. En aquella época de cambio social en el que la mayor parte de la población sabía leer y además leía con frecuencia, esa práctica extendida y novedosa también se denostó. Durante muchas décadas se ha echado la culpa de la miopía a la lectura, y todavía arrastramos el problema. Pero ahora este mito se moderniza, y ahora “lo malo” son las pantallas. Con el añadido de que unos cuantos negociantes han encontrado con éxito la forma de lucrarse con ellos. Que si los LED, que si la luz azul. Da igual que hablemos de daño directo en la retina, metemos a la miopía en el mismo saco. Estos remedios mágicos son como los ungüentos y jarabes de los estafadores ambulantes. Si antes el jarabe milagroso lo mismo te curaba el reúma, la calvicie y el asma, ahora los filtros amarillos te protegen la retina, frenan la miopía, te hacen dormir mejor, y supongo que pronto te harán más alto y guapo. Huelga decir que no hay ninguna evidencia de que el uso de pantallas produzca miopía, o que evitar su uso reduzca su evolución.
  • Dietas beneficiosas para la vista y complementos dietéticos. También está de moda. Desde la zanahoria de toda la vida a las dietas ricas en antioxidantes que se lleva más ahora. Comprimidos con vitamina A de hace unos años, a los preparados “especializados” en retina con luteínas, omega-3 y lo que esté de moda. Nuevamente, ninguna evidencia de que eso frene la miopía. Y si bien recomendar una dieta sana, rica en frutas y verduras, es una buena recomendación en general, no debemos basarnos en mentiras. Ya hay beneficios más que suficientes para recomendar una dieta sana, hacer afirmaciones que luego no son ciertas menoscaba la confianza de los que divulgan (mal) mensajes que pretenden ser fiables. Por otra parte, los complementos dietéticos quedan fuera de lo aconsejable. Coma sano, sí, pero no le voy a vender que así se frena la miopía. No atiborre a su hijo de zanahorias sólo porque usted se obsesione con el tema de las gafas: el niño va a odiar las zanahorias y va a acabar con la piel naranja. Pero sobre todo no empiece con la peligrosa espiral de darle pastillas. Estos complementos, por desgracia, está fuera de la protección que tendrían si fueran medicamentos. Se pueden comprar sin receta médica, y no hay supervisión ninguna. Se pueden alcanzar rápidamente niveles altos de vitaminas, antioxidantes y otros elementos. Uno puede pensar: “son vitaminas, ¿qué hay de malo en atiborrarme de ellas?”. Recuerde, no hay “moléculas buenas y malas”. Todo elemento químico que interacciona con nosotros puede ser positivo, incluso esencial, pero a dosis suficientes todos son tóxicos. Y la mayoría pueden ser letales. Si una pastilla al día frena la miopía (que es que no), pues tres la frenarán más, ¿no?. Pues eso, no abuse de los complementos nutricionales. Mejor ni use.

Lo que se cuece en la investigación

Hay numerosas líneas de investigación que van ampliando poco a poco nuestro conocimiento sobre las causas de la miopía. En este contexto, se están probando varias estrategias que de alguna manera interactúan con el desarrollo de la miopía. Todavía nos queda mucho por saber, estamos “tocando” los mecanismos que todavía no conocemos bien. Interfiriendo, manipulando estos mecanismos obtenemos cambios en la progresión. Así explicado puede sonar mal pero es la forma de investigar, y luego de tratar.  Hablemos de las líneas más destacables.

  • El uso lentes de contacto especiales. Desde la ortoqueratología tradicional que “deforma” la parte central de la córnea a las lentes con desenfoque periférico, estas técnicas están teniendo mucha trascendencia social en la actualidad. Cuenta con dos poderosos aliados: por una parte el colectivo de optometristas que globalmente están muy interesados en aplicar su uso. Por otra parte la industria que se encarga de fabricar este tipo de lentes de contacto. Los estudios demuestran un beneficio de escasa relevancia clínica (se frenaría en torno a media dioptría de miopía), con pocos sujetos de estudio y un seguimiento escaso. No acumula evidencia para poder afirmar que ese beneficio es real. De hecho, varios artículos más recientes ponen en tela de juicio los resultados optimistas previas. Pero vamos a suponer que hubiera beneficio real. Probablemente el beneficio no compense los inconvenientes y riesgos. De este tema quiero hablar más cuando lleguen los artículos de los conflictos de intereses en optometría, así que no me detendré mucho.
  • El gel de pirenzepina. Se trata de utilizar un gel con un fármaco que se aplica como si fuera una pomada a diario. Hay pocos estudios pero bien diseñados, con un buen número de sujetos y también un tiempo de seguimiento ya respetable. Es un tratamiento seguro, aunque tampoco hay una mejoría revolucionaria. De todas formas, no se comercializa como medicamento, así que en la actualidad no se puede plantear su uso.
  • El colirio de atropina. Hay estudios en población asiática que nos muestran también que frena la miopía. Están bien diseñados, de seguimiento largo y muchos sujetos. La atropina es un medicamento que se usa habitualmente en forma de colirio. A su dosis normal (1%) produce importantes efectos en el ojo, que no son peligrosos como tal pero si muy incómodos. Por una parte dilata mucho la pupila, lo que hace que entre mucha luz al ojo e incremente la sensibilidad a ésta. Los niños pueden estar bastante molestos al sol. Otro efecto más incómodo es que paraliza la función del músculo ciliar del que hemos hablado antes. Lo que dificulta o impide el enfoque de cerca. Paradójicamente, al probar diferentes concentraciones del fármaco, han encontrado que una dosis 100 veces menor que la habitual (es decir, usar atropina al 0,01% en vez de al 1%) es más eficaz frenando la miopía.

Esto es lo que se cuece, las líneas de investigación más prometedoras. No es el tratamiento para frenar la miopía. O no debería serlo aunque se están aplicando, ya que no hay una regulación entre lo que es investigación y la práctica clínica. De estas tres estrategias, la que ofrece más dudas de su efectividad y seguridad es el uso de lentes de contacto, aunque se están utilizando en la práctica clínica. La pirenzepina simplemente no está disponible para su uso así no se utiliza.

El colirio de atropina posiblemente sea más avalada por las publicaciones, y de hecho se está utilizando en otros países. Tiene como inconvenientes que los estudios se han realizado en población asiática. Deberían validarse con estudios de población europea para aplicarlos en nuestro entorno con más fiabilidad. También está el problema de los efectos secundarios de la atropina. Cierto es que con concentraciones bajas no afecta a la visión cercana, y solo queda el problema de la fotofobia.

Por qué no usar estos tratamientos

Por hacer un resumen de las pegas para el uso clínico de estas tres opciones:

  • Lentes de contacto: falta evidencia clínica de su eficacia y seguridad.
  • Pirenzepina: no disponible.
  • Atropina: inconvenientes efectos secundarios, y eficacia probada en asiáticos.

Sin embargo ahora quiero hacer hincapié en los dos problemas más importantes, dos aspectos comunes que limitan mucho su utilidad:

  • Poco eficaces. Con pequeñas diferencias entre unos y otros, su eficacia, aunque pueda ser estadísticamente significativa (que así parece ser para los dos medicamentos, más dudoso para las lentes de contacto), es clínicamente poco relevante. ¿Qué quiere decir eso?. Que el análisis de los datos de los ensayos encuentran un efecto detectable. Pero eso no quiere decir que merezca la pena utilizarlos en el día a día. No nos tenemos que dejar perder por los números ni el léxico de los artículos de investigación, y debemos hacernos las preguntas correctas. ¿Qué queremos de un tratamiento contra la miopía?. ¿Cuál es el beneficio para el que estamos dispuestos a asumir unos riesgos, unos inconvenientes, e invertir tiempo y dinero en un tratamiento diario durante meses o años?. Queremos evitar que se produzca la miopía. Y si no, que la reduzcamos bastante. La miopía supone tener que llevar gafas y que sin ellas uno ve mal. Pero además la miopía, cuanto más alta es, se asocia a problemas de retina. Si no podemos evitarla por completo, digamos que quiero pasar de una miopía de por ejemplo 7 dioptrías a una de 3 dioptrías. Seguiré necesitando gafas pero así disminuyo de verdad el riesgo de desprendimiento de retina o de lesiones en la mácula. ¿Voy a estar durante años poniéndome una gota que produce fotofobia, o una lentilla por la noche que me puede hacer úlceras, para que en unos años, si me funciona, acabe con 6.5 dioptrías en vez de 7?. Porque esa es la eficacia (o menos) que están manejando los estudios. Reducir media dioptría significa que llevaré igualmente gafas, que al quitarme las gafas veré casi igual de mal, y el riesgo de mi retina es el mismo. Lo siento, pero no merece la pena.
  • Efecto rebote. Siento seguir con las malas noticias, pero esto se pone peor. Los estudios de mejor calidad y con mayor seguimiento nos informan de lo que ocurre después de dejar el tratamiento. Los grupos de estudio que se beneficiaron de esa sutil reducción de la miopía, al cesar el tratamiento sufrieron una aceleración en la progresión de la miopía, que tendía a igualarse a la de los grupos que no se trataron. Con lo cual, aunque queramos ser optimistas y dar valor al efecto aunque sea poco, resulta que es transitorio. ¿Cómo se explica eso?. Bueno, como decíamos al principio del post: no conocemos la enfermedad, estamos “tocando” a ciegas los mecanismos de funcionamiento, pero no estamos actuando realmente en la causa. Hay una serie de factores que llevan al ojo en crecimiento a hacerse miope. Esos factores modulan el crecimiento del ojo hacia la miopía, parece que determinan unas dioptrías finales hacia las que va progresando el ojo. Con estos tratamientos se ponen trabas momentáneas a ese plan, pero ese “plan hacia la miopía” no cambia, solo se retrasa. En cuando desaparece el obstáculo que ponemos, esos factores que no conocemos compensan el tiempo perdido para acabar con la misma miopía.

Así que, si evitamos dejarnos llevar por un peligroso optimismo o por un también peligroso conflicto de intereses, que lo hay, no debemos aconsejar ninguna de estas estrategias.

Lo que se puede recomendar

No he hablado de la opción más viable de reducir la miopía. Esta alternativa acumula estudios con varias razas, de miles de niños y adolescentes, bien diseñados, con un seguimiento de años. Consiste en incrementar las actividades al aire libre. Aumentar el número de horas semanales en las que el sujeto en crecimiento pasa en un entorno abierto. No suena realmente a tratamiento, pero las pruebas dicen que funciona. Tampoco son reducciones de la miopía realmente satisfactorias, en ese sentido tiene el inconveniente de “efecto modesto” como los tratamientos que he explicado antes. Pero cuenta con varias ventajas claves, que los desmarca de las demás opciones:

  • Estudios potentes, bien diseñados, etc. Esto marca la diferencia sobre todo con el uso de lentes de contacto, cuya eficacia es controvertida.
  • Cero inconvenientes. Es muy barato, no hay que pagar por un tratamiento diario durante años. Tampoco hay que ponerse geles, lentillas o colirios. No hay que sufrir ninguna incomodidad.
  • Riesgo cero. No estamos actuando sobre el ojo, no hay efectos farmacológicos indeseados, no hay riesgo de úlceras o infecciones.
  • Posibilidad de mantener el “tratamiento” de forma indefinida. Porque no es un tratamiento en el sentido tradicional, es un cambio del estilo de vida. En comparación, las otras opciones se acabarán antes o después, y llega el efecto rebote para suprimir cualquier beneficio.
  • Esta recomendación va en consonancia con otros beneficios globales para el niño. Evitar el sedentarismo, fomentar la socialización y la realización de actividades físicas pasan habitualmente por realizar actividades al aire libre. En global se trata de fomentar hábitos de vida saludables.
  • Por otra parte está la posibilidad de que estemos actuando más cerca de la causa, como vamos a explicar ahora.

En conclusión, a día de hoy lo que podemos aconsejar a los padres preocupados por la miopía de sus hijos es que aumenten las horas semanales al aire libre. Debemos ser realistas en que la reducción de la miopía, por lo que sabemos ahora, es pequeña. Pero es lo que está demostrado con mayor fiabilidad, sin efecto rebote incomodidades ni riesgos.

Indicios para la “mejor hipótesis del momento”

Hasta ahora hemos reunido mucha información, pero necesitamos algún detalle más. Hemos hablado de frenar la miopía, pero ¿cómo podemos conseguir precisamente lo contrario: producir o acelerar la miopía?. Es relevante la pregunta porque es una manera de conocer la enfermedad desde la aproximación contraria. Y de esto sabemos algo. Precisamente para estudiar la miopía necesitamos animales de experimentación miopes. Así que necesitamos inducirles una miopía. Y la forma de hacerlo es mediante la privación visual. Evitar el estímulo visual (que entre luz) en el ojo en crecimiento produce un ojo vago, pero también miopía. ¿Por qué cuento esto ahora?. En seguida encajamos todo.

Vamos a sintetizar lo más relevante de toda esta amalgama de datos. Vamos a buscar una serie de piezas, aparentemente inconexas, pero que puestas en el correcto orden encajan, apuntan a algo. No demuestran definitivamente una causa: no está resuelto el puzzle, no conocemos realmente cómo se produce la miopía. Pero dan plausibilidad biológica a una hipótesis. Con el conocimiento que tenemos ahora es una buena hipótesis, quizás es la que mejor explica los datos validados que hay. Sin embargo es la hipótesis más ignorada. Se ha planteado hace ya un tiempo, pero apenas se ha popularizado fuera del ámbito de los expertos.

Veamos lo que tenemos:

  • La privación visual produce miopía. Reformulémoslo a la inversa: si la falta de luz produce miopía, la luz en el ojo de alguna manera le “protege” de la miopía.
  • Las actividades al aire libre frenan la progresión de la miopía. ¿Qué tiene de particular este tipo de actividades en comparación con las realizadas en un entorno cerrado?
    • Al aire libre solemos enfocar más de lejos, mientras que dentro de un edificio solemos fijar en distancias más cercanas. Sin embargo, numerosos estudios que han estudiado por separado el esfuerzo visual de cerca no han encontrado relación con la miopía.
    • Podría haber una variable indirecta, como que el sedentarismo produzca miopía y la actividad física la prevenga. Sin embargo hay estudios intervencionistas en los que añadir algo tan escaso como 40 minutos diarios adicionales de presencia en el exterior (sin asociarlo a deporte ni actividad física) ya producen un efecto reductor apreciable. Es difícil justificar que se trate de cambios metabólicos.
    • Lo que nos queda es el estímulo visual. Al aire libre recibimos luz solar, que es más energética que cualquier luz artificial doméstica. La iluminación artificial, sea cual sea, y el uso de cualquier pantalla (televisor, ordenador, tablet, móvil) somete al ojo a un estímulo mucho menos energético que el que se produce al aire libre, con la iluminación indirecta del sol.
  • El uso de atropina previene la miopía. Antes lo hemos dicho, pero no hemos intentado profundizar en la causa. ¿Por qué, qué tiene la atropina para ello?. Puede haber tres posibles razones:
    • Un efecto directo de la atropina como elemento químico dentro alguna estructura del ojo, un efecto biológico que actualmente desconozcamos. Es poco plausible que el efecto no esté en relación directa con la dosis. Es decir, esperaríamos que cuando más concentrada está la atropina, más moléculas llegan al tejido desconocido. Y por lo tanto, más frenaríamos la miopía. Sin embargo ocurre que a dosis menores el efecto “protector” es mejor. Así que no tiene mucho sentido.
    • La atropina produce una parálisis de la acomodación, del enfoque de cerca. Lo cual por sí mismo ya se ha visto que no reduce la miopía. Es más, relajar o impedir la acomodación puede producir miopía. Y pasa lo mismo con la dosis-respuesta: la concentración que más frena la miopía es la que apenas tiene efecto de parálisis de la acomodación. La evidencia muestra lo contrario de lo que esperaríamos.
    • Queda un tercer efecto. La atropina produce una dilatación de la pupila (midriasis) mantenida. Y este efecto se mantiene sin apenas cambios al bajar la dosis de atropina. Por lo tanto, dosis bajas de atropina produce mucha dilatación pupilar (similar a la obtenida con dosis altas), pero con mucha menor parálisis de la acomodación. Es decir, baja concentración significa un mejor enfoque de la imagen que alta concentración. Tenemos por una parte un grupo de alta concentración de atropina, que implica: frena menos la miopía, entra mucha luz, y enfoca mal de cerca. Y por otra parte tenemos otro grupo de baja concentración de atropina, lo que produce que: frena más la miopía, entra igual de luz que en primer grupo, y enfoca mejor de cerca. En este último caso, el que mejor frena la miopía, entra igual de luz por la pupila pero mejor dirigida a la retina. Eso se traduce en más cantidad de luz en la retina. O sea: más luz en la retina, menos miopía.

Van encajando las piezas, ¿verdad?. Es la luz. Pero no cualquier luz, sino una luz de alta energía como la solar. Digo que es de alta energía, porque en comparación con el resto de iluminación artificial es alta. Pero para nuestro ojo la luz solar no tiene una energía excesivamente alta, es la normal. La evolución ha moldeado nuestro ojo, cual paciente artesano con millones de años de tiempo, utilizando la luz natural como herramienta. Sí, “radiación” de alta intensidad, rica en ultravioleta y azules. De eso nos quieren proteger con filtros, y nos venden gafas de sol infantiles para que los niños no “sufran” las consecuencias de estar “desprotegidos” ante la luz de alta energía. Y sin embargo, no solo pasa que nuestros ojos están adaptados frente a esta radiación (lógico, por otra parte). El crecimiento del ojo coexiste con la luz solar, de manera que parece que dich luz es parte esencial del correcto crecimiento.

Es una conclusión sorprendente. Llevamos muchos años temiendo que la luz nos dañe los ojos. Tanto la natural (utilice gafas de sol) como la artificial (los LEDs son malísimos, no abuse del ordenador o del móvil, cómprese estos filtros especiales que hay radiación de alta energía muy peligrosa).

Pero intentemos dejar aparte tanto condicionamiento que nos rodea.  Pensemos de forma simple. El riñón necesita agua para trabajar, porque es básicamente un filtro que trabaja con una solución acuosa (sangre) para producir otra solución acuosa (orina). El agua es su razón de existir, y para su supervivencia necesita agua. El tubo digestivo necesita alimentos, si no se atrofia. Y va y resulta que los ojos, los órganos que trabajan con luz, necesitan … luz. Pero no una poquita. Somos animales diurnos, aunque con buena sensibilidad a la luz tenue, para no estar tan desprotegidos por la noche. Nuestros ojos se desarrollan adecuadamente bajo unos estándares de radiación y energía que son los propios. Con poquita luz nos apañamos para “sobrevivir”, para defendernos ante una naturaleza hostil. Pero nuestro medio normal es el diurno, por lo que nuestra “dosis de luz” por defecto es la del sol. Esa “dosis de luz” parece ser crítica cuando el ojo crece, para no hacerlo de forma desproporcionada. Porque la miopía no es más que una desproporción en el crecimiento del ojo.

Da igual que ahora nos quieran convencer de que la luz es una radiación peligrosa, da igual que nos enseñen estudios experimentales con luz artificial que presuntamente dañarían nuestra retina. La luz natural es más intensa en todo el rango de luz visible; teóricamente más peligrosa que la luz artificial que nos rodea. Y sin embargo la luz no mata nuestra retina. La luz de alta energía es la que permite un crecimiento proporcionado de sus tejidos. Y una luz que está varios órdenes por debajo en cuanto a energía, aunque nos permite crear una imagen sin problemas, no es la condición normal, no es la constante que ha acompañado a nuestros ancestros primates y homínidos.

Plausible, no cierto

La falta de luz solar en el ojo en crecimiento es una hipótesis bella, muy coherente desde el punto de vista evolutivo, que puede dar solución al enigma de la “epidemia asiática de miopía” (2). Encaja muy bien con lo que ahora conocemos, particularmente con el efecto reductor de las actividades al aire libre, pero también con otros hechos comprobados. No hay ningún hecho que contradiga esta idea. Pero es una hipótesis. Hay que seguir investigando. Podemos (mejor dicho, debemos) aumentar el tiempo al aire libre de niños y adolescentes, porque es lo que está demostrado. Pero no podemos ir mucho más allá en nuestras afirmaciones.

Es tentador relacionar un abuso de gafas de sol con un mayor riesgo de la miopía, pero no podemos afirmarlo. Es más, el uso del Reticare, las gafas Eyezen y similares, o las aplicaciones para móvil o tablet que suprimen la luz azul, no solo no nos protegen la retina. Tiene sentido pensar que son perjudiciales para niños y adolescentes. Bajar la energía lumínica ya de por sí reducida, parece que no es buena idea de acuerdo con lo que sabemos ahora. Pero no lo podemos afirmar.

Dado que reducir la luz azul de las pantallas es una medida “activa” (te compras el filtro que pones en la pantalla, te pones unas gafas que quitan el azul, descargas y usas un programa que te empobrece la imagen), dado que hay cero beneficios para la salud y una hipótesis que apunta a lo contrario (¿demostraremos en el futuro que producimos miopía al reducir los azules?), mejor no tomar esas medidas. Pero no podemos desaconsejarlo en base a nada. Por lo menos no todavía, porque parece que nadie ha hecho estudios en este sentido.

En cuanto al aumento de exposición a la luz solar, ahora no nos vayamos al otro extremo. Tener al niño friéndose con un sol de justicia al mediodía en pleno agosto no es de recibo. Y prohibirle las gafas de sol al que le viene bien porque tiene fotofobia tampoco es plan. También hay quemaduras oculares por el sol, cuando uno abusa. Lo que decíamos más arriba, todo en exceso es tóxico.

—-

  1. Lo que nos hace humanos no son los sentimientos ni las emociones, sino nuestra capacidad de autoconciencia, de conocernos a nosotros y nuestro entorno. Y derivado de ello, desarrollar disciplinas que nos sirvan para convivir en sociedad, solucionar problemas y mejorar el bienestar. Cuanto más ignorantes crezcan las nuevas generaciones menos avanza la ciencia y la tecnología, pero además nos hacemos más vulnerables a aquellos que buscan el provecho propio contra el bien común. Perdón por irme del tema, pero cuando alguien quiere desaconsejar actividades tan beneficiosas para nuestra sociedad me parece preocupante.
  2. Hace años se detectó un aumento alarmante de la miopía en numerosos países de Asia, coincidiendo con la escolarización y alfabetización masiva de la población infantil. Fue uno de los argumentos epidemiológicos a favor de la hipótesis de que el esfuerzo visual cercano producía miopía. Sin embargo la explicación puede ser otra. Esos niños que pasaban la mayor parte del tiempo al aire libre, con la escolarización, pasaron a estar muchas horas en entornos cerrados. Posiblemente el cambio social de “rural” a “más moderno” no solo implicó modificaciones en la enseñanza: el estilo de vida pudo evolucionar de manera que la vida en general se hacía más dentro de edificios.

44 pensamientos en “Frenando la miopía: la hipótesis ignorada

  1. ITZIAR

    Yo tengo miopía y este artículo me ha parecido muy interesante. Gracias por los consejos.

    Responder
  2. Juan Santa Cruz

    La conjetura de que un déficit de luz de alta energía absorbida por el ojo esté correlacionada con la aparición de la miopía tendría una confirmación si se comparase muestras de personas de países tropicales con muestras homólogas de países cercanos a los casquetes polares. Para evitar sesgos por diferencias culturales que implicasen distintos patrones de uso ocular, podrían compararse grupos de universitarios finlandeses con grupos de universitarios ecuatorianos dedicando ambos grupos las mismas horas al estudio en recintos cerrados. ¿ Habría diferencias significativas en las tasas de miopía entre ambos colectivos?
    En todo caso la “retórica” en el planteamiento de un problema siempre sesga la búsqueda de soluciones en un determinado sentido. La expresión “vista cansada”, por ejemplo, siempre nos inclina a considerar el problema como una “fatiga física” eliminando así otros posibles mecanismos (de origen químico, por ejemplo). Yo creo que en vez de preguntarnos cuál es la causa de la miopía (al decir miopía, todos pensamos en sus efectos), sería más imparcial preguntarnos cuál es la causa de la ovalización del globo ocular que es, a su vez, la causa de la miopía.
    Todo ello dicho desde mi más absoluta ignorancia de la ciencia oftalmologíca y desde mi sufrida condición de miope.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      Planteas una cuestión interesante con con lo que comentas de comparar la incidencia de miopía entre las zonas tropicales y las zonas cerca de los polos. La clave esté en el concepto de “umbral mínimo”, que tiene mucha relevancia en los problemas de desarrollo, como la miopía.
      Para explicarme, voy a poner un ejemplo totalmente inventado. Supongamos que queremos averiguar cómo afecta las calorías aportadas en la alimentación a la supervivencia de una especie animal. Contamos con animales de experimentación, y a diferentes grupos les aportamos diferentes aportes calóricos en la comida, y obtenemos los siguientes resultados:

      200 calorías al día -> 5 días
      400 calorías al día -> 2 semanas
      800 calorías al día -> 3 meses
      1000 calorías al día -> 1 año
      1200 calorías al día -> 10 años
      1400 calorías al día -> 10 años
      1600 calorías al día -> 10 años
      1800 calorías al día -> 10 años
      2000 calorías al día -> 10 años
      2200 calorías al día -> 10 años

      Vemos que con valores pequeños de calorías hay una relación directa entre supervivencia y calorías. A más calorías en los alimentos, más vive el animal. Pero eso solo es para valores menores de 1200 calorías. Por encima de esta cantidad, el valor permanece constante. Alcanzamos la vida media normal del animal y un mayor aporte de calorías no prolonga su vida. Eso es porque hay un valor umbral, un valor mínimo de calorías que necesita su metabolismo para funcionar con normalidad. En este caso 1200 calorías. Por debajo de ese umbral hay desnutrición, y cuanto más desnutrido, menos sobrevive. Por encima del umbral no hay desnutrición, por lo que ingerir más calorías no va a mejorar la vida.

      Eso pasa con muchos procesos metabólicos en el cuerpo, pero también en los procesos de crecimiento y desarrollo de órganos. Ya que la miopía es un problema de desarrollo, un “fracaso” en la”emetropización” (el proceso en el que el ojo inmaduro, que es hipermétrope, cambia sus forma para quedar sin graduación), la hipótesis postula que es necesaria una cantidad mínima de luz, con unos umbrales mínimos de energía. Una vez alcanzado ese umbral, más cantidad de luz no aporta una mejora adicional para reducir la miopía. Serán otros factores (genéticos, y otros elementos ambientales que no conocemos) los que condicionen la aparición de la miopía.

      Las personas que viven alejadas del Ecuador reciben proporcionalmente menos luz solar que las de zonas más soleadas. Cerca de los polos hay menos horas de luz solar, la luz llega más oblicua y con menos energía. Sin embargo, esa luz más atenuada de una persona que vive en un país frío, pero que hace actividades al aire libre, sigue estando muy por encima de la que recibe una persona cuyo estilo de vida hace que apenas salga a la calle (aunque viva en un país soleado). Cuando estuve preparando este artículo sobre la fototoxicidad, tuve acceso a tablas y gráficos con la cantidad de luz que recibía el ojo en un día soleado cerca del ecuador, un día nublado en un país frío, delante de una pantalla LED, con iluminación halógena, de incandescencia, etc. Y cualquier radiación natural, aun en países menos soleados, está muy por encima de cualquier iluminación artificial doméstica.

      En cuando al diseño de estudios, miden la miopía de los sujetos, la longitud del ojo y la curvatura de la córnea. De hecho la “ovalización” del ojo (su longitud total) no es el único causante de miopía. Una mayor curvatura de la córnea produce miopía sin aumentar la longitud total. También están estudiando los mecanismos bioquímicos hace que la esclera (la cubierta externa y más rígida del ojo) del miope sea más “laxa” y más susceptible a elongarse. Parece que esta modificación está mediada por la dopamina. Puede que la luz solar o de alta energía module la producción de dopamina desde la retina hacia la esclera.

      Responder
      1. Jorge Ares García

        Noruega, Dinamarca? Países nórdicos?
        Hay evidencias epidemiologicas de un aumento en la miopia?
        Muy pocas horas de luz al dia en las estaciones invernales
        Plausible pero no cierto

        Responder
  3. Alejandro

    Me ha fascinado como has integrado tanta información en un texto así de ameno. Muchas gracias

    Responder
  4. Belen

    El “efecto reductor” sirve para adultos o solo para frenarlo en los niños? La causa de la miopía no es que sea hereditaria? La vista cansada reduce la miopía y viceversa? Está probado si el omega3 es beneficioso para la retina?

    Gracias por tu estupenda labor divulgativa

    Responder
    1. Ocularis Autor

      – El efecto reductor puede tener sentido en niños y adolescentes, no en adultos.
      – La miopía tiene un factor hereditario, que por el momento no podemos modificar. También hay elementos ambientales, en general poco conocidos. Uno de los elementos ambientales que comenzamos a conocer es la actividad al aire libre, posiblemente por la luz solar.
      – La vista cansado no reduce la miopía, ni al revés. Pero una persona miope tiene más recursos para sobrellevar la vista cansada.
      – No, no está probado que el suplemento dietético con omega-3 sea beneficioso para la retina.

      Gracias por leerme.

      Responder
  5. oscar

    Buenos días.

    Interesante artículo, soy optometrísta con una hija miope y la verdad es que ya no se que hacer para intentar frenarle la miopía que empieza a ser preocupante.
    Al hilo de tus menciones sobre RETICARE y demás, y aunque no esté muy relacionado, lo último y de risa es…. http://www.eldiarioalerta.com/articulo/salud/estudio-ratones-demuestra-luz-pantallas-digitales-aumenta-23-muerte-celulas-retina/20170117184659006799.html.
    A mi cada vez que se habla de los efectos demónicos de la luz azul me da la risa, por mal planteados los estudios, porque la propia directora los acaba contradiciendo….. pero sigue vendiendo su articulo maravilloso y “baratísimo” a la vez que digamos “ineficaz”.
    Casi a la vez, aparece esto… http://www.tendencias21.net/Estimular-con-luz-azul-podria-ayudar-a-estudiar-sin-esfuerzo_a43143.html.
    Si, está claro que nos articulos cientificos, que los periodistas muchas veces se creen lo que les llega a las manos sin contrastar, pero…. la luz azul es eso, luz azul, ni el demonio ni un ángel que nos hará nuestra vida mucho mas fácil.
    Si, ya se que está muy manido el tema este, que lo has tratado en otros articulos, pero no he podido resistirme a mencionar los últimos “avances”.

    Un saludo y a seguir con tus interesantes articulos que sigo desde hace años.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      Gracias por tu comentario y tus valoraciones. Me alegro que haya optometristas con una visión más crítica y científica. Aunque los optometristas que les ha sentado mal este artículo son los que hacen más ruido, puede que no sean representativos de la generalidad del colectivo. O eso quiero pensar.
      Un cordial saludo.

      Responder
  6. Pingback: Frenando la miopía: la hipótesis ignorada

  7. Laura Calero

    Siento no estar de acuerdo con muchas de las afirmaciones que haces. Tengo la suerte de haber asistido a congresos de ortoqueratología (recientes)y control de miopía y SÍ está demostrado que el uso de lentes de orto-k reduce la progresión de la miopía y también por mi propia experiencia. El uso de antioxidantes y suplementos vitamínicos si bien no frenan la miopía previenen a la retina del estrés oxidativo y en consecuencia del envejecimiento prematuro. Por último los filtros de protección contra la luz azul, sin entrar en firmas comerciales, son filtros selectivos que nos protegen de PARTE de la longitud de onda perteneciente a los azules, no toda sino solo la dañina que después de varios estudios como el de Celia Sánchez Ramos, prestigiosa profesora de la Complutense de Madrid, han demostrado que la exposición prolongada a ésta si es perjudicial, aunque no tiene relación con la miopía juvenil, si con la miopía magna ( degenerativa). También está demostrado que la atropina en bajas concentraciones es de los métodos más útiles. Tú árticulo me parece que es una opinión poco profundizada que confunde a los miopes y desprestigia a los años de investigación y los profesionales de la visión que si estamos actualizados.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      He dedicado muchos artículos a aclarar que los filtros azules son una estafa, no los voy a enlazar otra vez. En hipertextual hicieron un artículo de investigación destapando la trata corrupta que hay detrás. Así que no me voy a repetir mucho. Yo también asisto a congresos y a mesas redondas sobre el control de la miopía. Aquí solo plasmo y resumo lo que leo y lo que aprendo de gente que sabe más que yo. No soy nada creativo, solo resumo.
      Hablas de estrés oxidativo, y esto queda muy bonito, pero hay que hablar de enfermedades reales, de cómo bajamos la incidencia de problemas clínicos en la población. Hacer ejercicio también produce estrés oxidativo en los músculos. No debería agobiarnos tanto que la retina, realizando sus funciones normales, sufra estrés oxidativo. Deberíamos concentrarnos en la trascendencia que tienen los hallazgos de laboratorio en las enfermedades reales.
      En cuanto al reticare y demás, no desprestigio a nadie, se desprestigian ellos al prostituir la “ciencia” para lucrarse.
      Por no repetirme con todo el tema, aquí tienes el comentario de otro profesional (optometrista) que también tiene claro que lo de los filtros del azul no hay por dónde cogerlo.

      Responder
  8. amadeus

    Si fuera así la gente de países con baja radiación solar deberían ser todos miopes.

    Responder
  9. Armando

    ¿Una muestra randomizada es más aleatoria que una muestra aleatoria? A lo mejor sí por ser un préstamo innecesario.

    Responder
      1. David

        Quiere decir que existiendo en español la palabra “aleatorio” es innecesario usar la palabra como “randomizada” que no existe

        Responder
        1. Ocularis Autor

          Es correcto, se puede utilizar la palabra “aleatorio”. Pasa un poco lo mismo que cuando hablamos de “medicina basada en la evidencia”, que es una traducción mala del inglés. Realmente no son evidencias, son pruebas. Pero se ha extendido tanto su uso en el ámbito médico y científico que forma ya parte de la jerga. Pero sí, me parece una apreciación acertada.

          Responder
  10. Agustin Herrera

    Hola,
    Hace un mes que llevo las lentes ortoK. En mi caso no son para reducir la miopía sino que es para evitar llevar lentillas (que me sientan fatal) u operarme con láser. De verdad ves un riesgo en el uso de estas lentes? Si abandono el tratamiento podría incluso aumentarme las dioptrías?

    Buen artículo.
    Un saludo

    Responder
    1. Ocularis Autor

      No quiero crear alarmismo por el uso de las lentes de ortoqueratología, sobre todo cuando se usa en adultos que hagan un uso responsable de ellas. El problema es aconsejarlo en niños y adolescentes, que no se plantean como alternativa a las gafas, sino como una forma de frenar la miopía. Si un padre tiene dudas de que su hijo va a ser responsable usando esas lentillas, si no tienen un uso terapéutico es más fácil que las descarte. Pero si le han dicho que frena la miopía, probablemente esté dispuesto a asumir el riesgo. Y el uso de estas lentillas por parte de una persona todavía inmadura, o que no sea suficientemente responsable, sí es un riesgo.

      Por otra parte, tampoco está suficientemente documentado que el uso de esas lentillas frenen la miopía de forma estable. Sí, hay artículos que hablan de ese efecto, pero todas las revisiones bien diseñadas concluyen en lo mismo: hace falta estudios mejor diseñados con mayor tiempo de seguimiento.

      Responder
  11. Ignacio

    Madre mía me he quedado impresionado con la cantidad de información y conocimiento que tiene usted del tema. He llegado de casualidad a su artículo y me ha gustado mucho. Me ha gustado la capacidad que tiene de buscar una solución o una hipótesis aún habiendo como bien dice verdades casi probadas sobre las causas de la miopía que escuchamos en todo momento y lleganos a pensar que son ciertas. Un tema que parece que estaba todo dicho a mi humilde entender, resulta que hay investigaciones que buscan la razón del problema en causas tan sencillas. La necesidad de luz solar, estar más tiempo al aire libre; refuerza mi idea de mejorar la miopia. Disculpa no pensaba que mejoraba hasta que lo he leído en su artículo. Siempre tse tiene la idea de que se ve mejor de día, en la playa , las tardes de verano, pero enlazar eso con investigaciones científicas me ha encantado.

    En definitiva es usted un fenómeno, y algún que otro comentario que he leído también me ha asombrado por el nivel de opionion y de preguntas.

    Este artículo vale para darse cuenta de más temas que pensar e informarse tan bien y encender una bombilla en tu cabeza de curiosidad .

    Siento el rollo que le he contado jeje

    Firmado un miope con lentillas mensuales.

    Responder
  12. feoden

    He leído el artículo entero y creo que soy la excepción que confirma la regla. Desde pequeño he estado más horas fuera de casa que dentro, y sin gafas de sol, haciendo el canelo, jugando, yendo a la montaña etc…,pero desde los 6 años el tiempo que pasaba en casa también he tenido la suerte de tener una video consola para enfocar de lejos y cerca sin tener que salir del pillado, y así hasta hoy en día que salgo menos de lo que quiero pero que por suerte mi trabajar es todo exterior, trabajo en el campo. Asique al verme con miopía desde los 11 años con todos estos hábitos buenos que he llevado, creo que tienes razón, y me considero la excepción.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      No lo he dejado muy claro en el artículo, pero sólo estamos hablando de los factores ambientales que condicionan la miopía, y sólo los que conocemos. Hay unos factores genéticos, y otros ambientales que no conocemos bien. Por lo que el impacto que pueda tener la luz solar puede ser pequeño en comparación con lo demás. Pero como de momento es lo único que podemos modificar desde una perspectiva segura y sin riesgos, es lo que aconsejamos.

      Responder
  13. Elena

    Permíteme algunas puntualizaciones, a la hora de prescribir una adición para cerca en una persona no présbita siempre tenemos en cuenta las forias, no se puede generalizar puesto que no hay dos personas iguales por lo que cada sistema visual es distinto!
    Efectivamente la vista cansada no reduce la miopía, lo que pasa es que cuando tenemos vista cansada o presbicia baja la miopía que no era orgánica, esa que se lleva de más cuando se gradúa sin tener en cuenta el sistema acomodativo y binocular.
    Y podría seguir hablando de evidencias que sí existen como el uso de ortok o que el omega 3 en dosis terapéuticas sí es beneficioso para la retina.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      Creo que es un error de concepto hablar de “miopía no orgánica”. Lo he hablado ya en el artículo de la “falsa miopía”. Lo mismo que no se debería corregir en gafas los trastornos acomodativos que simulan miopía, no debería “bajar nada” con la presbicia, eso es que las gafas previas no son las idóneas.
      Hablas de adición de cerca en no présbitas, y luego sobre forias. Pero la adición de cerca en no présbitas se debería utilizar en pseudofáquicos principalmente, y quizás en endotropias con incomitancia lejos-cerca que mejoran con esa adición. Y esto último también está en duda. Quizás también en de forma transitoria en algún trastorno acomodativo, pero aquí está menos claro, es probable que el uso de fármacos ciclopléjicos tengan más sentido. Así que no entiendo bien a qué te refieres con esta adición de cerca.
      Los estudios de ortoK apuntan a que modifican levemente la progresión de la miopía en series de pocos sujetos con poco seguimiento. La presencia de estudios con resultados significativos no avalan el uso extendido en la población general. Debería proporcionar indicios suficientes como para alentar estudios mejor diseñados, nada más.
      Y lo de la retina y el omega-3, me temo que no. Por supuesto que hay mucho interés por parte de la industria de relacionar el aporte de omega-3 y protección de la DMAE. Pero no está demostrado.

      Responder
  14. Franchu

    ¿Hay por el contrario alguna relación entre el exceso de exposición a la luz y la hipermetropía?

    Gracias por el artículo. ¿Podrías documentar en que estudios sobre la atropina te has basado?

    Responder
    1. Ocularis Autor

      No, que yo sepa no hay relación entre exceso de luz e hipermetropía. En cuanto a documentación, sí, pondré bibliografía. No esperaba que este artículo fuera tan polémico, porque me reservaba un artículo más específico sobre la ortoqueratología para más adelante. Pero como unos cuantos optometristas se han “puesto de uñas” con el post, por decirlo así, pues haré una actualización de aquí a unos días, cuando saque tiempo, con referencias.

      Responder
      1. Gonzalo

        Ocularis,

        Mi replica a su entrada y que me encantaria que aceptara como comentario aqui, no es por una cuestion de optometristas-oftalmologos. Ni siquiera por su posicion de recomendar o no el uso de las lentes de contacto como tratamiento para controlar la progresion de la miopia. Mi replica se sustenta en la falta de rigor cientifico de su entrada, en la que aporta datos absolutamente falsos como los referentes a los efectos de la atropina o la eficacia de esta y las lentes de contacto en controlar la progresion de la longitud axial.

        Sea tolerante y acepte mis comentarios como una critica constructiva para que entre todos aportemos la informacion mas real posible y que sean los lectores los que saquen las conclusiones.

        PD: Por supuesto que Cochrane es seria, pero eso no significa que Ophthalmology o Progress in Retinal Eye Research (ambas con mas indice de impacto que Cochrane) no lo sean. Y efectivamente, en 2011 no habia la suficiente evidencia cientifica ni de la atropina al 0.01% ni de las lentes de contacto.

        Responder
        1. Ocularis Autor

          Sinceramente tengo envidia del tiempo del que dispone para escribir tantos comentarios en twitter, aquí, y un documento en pdf que no he podido todavía leer. Yo me debo organizar mal, tengo muchas actividades o es por mi tipo de trabajo pero ni entro todos los días en twitter, respondo los comentarios del blog de vez en cuando, etc. Mi tiempo para dedicar al Proyecto Ocularis es limitado. Pronto me voy de viaje y el escaso tiempo que me queda es para preparar el siguiente episodio del podcast, que espero tenerlo para el 1 de febrero. De momento esa es mi prioridad.

          Sí, actualizaré el artículo y pondré bibliografía. Más que nada porque así me evito contestar repetidamente las mismas cuestiones a otras gente que escriba en el futuro. Sería de agradecer un lenguaje más respetuoso por su parte, y me da la sensación de que no aceptará de forma correcta cuando no le de la razón en muchas cosas. Ojalá me equivoque en esto último.

          En cualquier caso, todo esto tendrá que esperar a que tenga tiempo material.

          Responder
  15. Juan

    La Academia Americana de Oftalmología en un comunicado dice que la Ortoqueratología (lentes de contacto especiales para dormir con ellas) y la droga de Atropina a bajas dosis son los tratamientos más eficaces para controlar que no aumente la miopía.
    La FDA hace muchos años que aprobó la ortoqueratología para el tratamiento de la miopía.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      La FDA, como la agencia europea del medicamento , han aprobado la ortoqueratología y la atropina para su uso. Lo que no quiere decir que avale su uso como un tratamiento que debe usarse en la práctica. Las agencias reguladoras han aprobado el uso de muchísimos dispositivos, prótesis suplementos vitamínicos e incluso medicamentos que son ineficaces.
      Si queremos avalar la eficacia de algún tratamiento con alguna institución que vela por la validez científica tenemos la Cochrane. En la revisión que tienen sobre el tema hablan de la pirenzepina, pero no de la ortoqueratología ni la atropina. Y sí, es una revisión del 2011, pero es lo más reciente que hay de la institución más “seria” con respecto a la medicina basada en la evidencia.
      Incluso aunque encontremos evidencias de que frena la miopía la pirenzepina, o la atropina, eso no quiere decir que tenga sentido utilizarlo en la práctica clínica. Si es un efecto demasiado escaso, no merece la pena el esfuerzo y el riesgo que supone cualquier tratamiento.

      Responder
  16. Josep Visa

    Felicidades Rubén por tu información. Considero la mejor revisión del tema de la prevención del aumento de miopía en lengua española.

    Responder
  17. Juann Carlos Martinez

    En oftalmología yo tan solo soy un paciente. Pero soy un paciente que tiene una teoría particular sacada de la propia experiencia:

    Esta teoría es: “Haber conducido mas de dos millones de kilómetros durante 32 años ha mejorado notablemente mi miopía y mi calidad de visión”.

    Me ha llamado la atención su artículo porque es la única vez que he leído algo que pueda confirmar mi hipótesis (muy poco científica, por cierto) de que mi calidad en la visión ha aumentado al conducir porque para esta actividad es necesario mirar “a lo lejos” con el ojo relajado y ver muchas horas de luz natural…

    La hipótesis de mi oftalmológico es que he mejorado mi visión porque, Según él, “me empeño en ver y acabo por conseguirlo”. Mi oftalmólogo sostiene esta teoría porque es el único que sabe que no doy el mínimo que exige la DGT para superar las pruebas pirotécnicas y que recurro a “trampas” para mantener el carnet de conducir.

    Le estoy especialmente agradecido por este artículo que me dará mucho juego para discutir con mi oftalmologo en la próxima cita.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      No es por desilusionarte, pero conviene no sacar de contexto el artículo. Concretamente:
      – Aunque la hipótesis de la luz solar se demuestre como cierta (que aún tendrá que pasar bastante tiempo), su relevancia a nivel individual debe ser limitada. Hay innumerables ejemplos de hermanos con una genética similar y una exposición ambiental también muy parecida, que acaban con miopías muy diferentes. Debe haber algo más, algo que influye más que lo de la luz.
      – La miopía no mejora. Como concepto general, no regresa, da igual lo que hagamos. Se trata que durante el crecimiento no aumente tanto. Una vez se ha establecido la miopía, no se va a reducir. Ni con luz natural ni con nada (así en general, descarto los casos de embarazos, miopías secundarias por cataratas, etc).

      Responder
  18. Cattel

    Interesante!
    El único mito que no he leído aquí es ese dicho de abuelas agoreras de que “dormir con la luz encendida” genera miopía (aunque sí he leído desmitificaciones en otro sitios).

    Por otro lado pasé mi niñez jugando afuera, incluso entrando en la preadolescencia (ya preso de las primeras computadoras) pasaba bastante tiempo al sol. Así y todo llegué a tener como 8 puntos de miopía antes de operarme. Eso me lleva a concluir que si hubiese pasado una infancia más “moderna” agarrado a una tablet directamente estaría ciego!

    Parece que para una solución eficaz habrá que esperar algún ajuste genético o de nanotecnología, lentillas jamás pude usar y lo de las gotas parece un poco experimental para andar probando.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      Interesante ese mito, no lo había oído.
      En cuanto a lo de que hubiera pasado sin las actividades al aire libre, hay que tener en cuenta que el efecto encontrado hasta ahora es muy limitado. No podemos hablar de que se prevengan muchas dioptrías por estar al aire libre.

      Responder
  19. ANDRES BARREDA FLORET

    Yo soy optico optometrista, en mi epoca de estudiante, ya hace 30 años (nota mental: Dios mio como pasa el tiempo), se defendia una teoria que relacionaba el exceso de tareas en vision proxima con la miopia, el argumento que sostenía esta idea también era un bonito cuento, de estos tan de moda super naturalistas:
    El ser humano se desarrollo durante miles de años en un entorno natural y hostil usando casi exclusivamente la visión de lejos, su actividad principal era buscar comida y vigilar que no se lo comieran, (sí, hubo un tiempo en que la máxima preocupación de una persona era que no se la comieran, ahora nos entran paranoias porque necesitamos gafas para leer).
    Como bien sabemos las tareas en visión próxima (30-40 Cm) suponen activar el musculo ciliar, esfuerzo y consumo de energeia, mirar de lejos(a partir de 5m) supone relajar el musculo ciliar y dejar de consumir energía.
    Cuando el ser humano consigue convertir el planeta en un lugar a su medida, cada dia utiliza la visión próxima en mayor medida , este comportamiento antinatural exige al sistema visual un sobre esfuerzo muscular para enfocar de cerca que puede llegar a provocar un aumento del tono del musculo.
    Ademas se da la circunstancia que un amplio numero de miopes empiezan con pequeñas graduaciones en la adolencencia que aumenta hasta dos, tres e incluso cuatro dioptrias hasta que deja de subir entorno a los 25 años, en esta etapa de la vida coinciden dos circunstancias que pueden favorecer la miopizacion: las tareas en visión próxima y el desarrollo físico, un cuerpo cambiante, plástico y adaptable y una tarea de cerca antinatura prolongada y en la mayoría de los casos las mas exigente a nivel cognitivo con la que nos encontraremos en toda la vida, los ingredientes perfectos para convertirnos en miopes.
    Siendo miope se ve borroso de lejos porque el sistema visual se ha adaptado para quedarse enfocado de cerca sin esfuerzo muscular, sin fatiga, sin consumo de energía, comodo.
    El joven y aplicado estudiante de 15 años un dia se queja de no ver bien la pizarra, se le hace una revisión y se le detecta una miopía de 1 dioptria, se le ponen gafas , neutralizamos su adaptación, lo exponemos al mismo entorno y se miopiza de nuevo, el año que viene ya tendrá dos, y asi hasta que el cuepo pierda la capacidad de adaptación entorno a los 25 años o cese la intensidad de tareas de cerca.
    También encaja todo verdad????.
    Mi experiencia personal me lleva a creer que existen los miopes de verdad, y los individuos miopizados.
    Los miopes de verdad generalmente tienen ojos grandes, llevan gafas desde niños, no se quejan de su mala visión (que suele ser mala), necesitan gafas para ver, se las ponen y punto y no abundan en exceso.
    Los individus miopizados siempre se quejan de no ver bien, son estudiantes aplicados, introvertidos, mas de actividades en interiores, juegos de mesa, ordenadores, lectura etc…
    Muchos de estos falsos miopes recuperan dioptrias, les baja, cuando se acercan a los 40a, cuando el sistema acomodativo pierden funcionalidad, el cristalino vuelve a sus orígenes y la fuerza del musculo ciliar ya no puede someterlo.
    Este grupo de miopes lo serian menos, si cambiaran sus habitos, no se si por la luz o por reencontrarse con su medio y su actividad natural, ver, buscar, vigilar lejos, muy lejos….
    Pero en la calle

    Responder
  20. Pingback: Miopía y atropina - Ocularis

  21. MIS MENTIRAS FAVORITAS

    Hola, de nuevo un gran artículo serio y documentado. Da gusto leerte, aunque en esta ocasión tengo varios puntos en los que disiento. Supongo que en el artículo te centras en el desarrollo de la miopía infantil pero, al no dejar claro desde el principio, los lectores pueden creer que las hipótesis son las mismas para niños y adultos.
    La hipótesis sobre la génesis de miopía por falta de luz ya la había leído hace años a Ian Morgan y, a grandes rasgos, creo que está bien encaminada. Pero no sirve para explicar la miopía pues olvida el componente genético, algo que pasas muy por encima en el post.
    La miopía tiene un componente genético y otro ambiental. Ante el mismo ambiente, unas personas desarrollan miopía y otras no. Por ello, ningún estudio concluyente puede demostrar que un exceso de trabajo en cerca genera miopía (no vamos a poner apellidos: miope es el que ve bien con lentes negativas). Al no conocer la variable genética los estudios están “falseados” de inicio.
    Sostienes (COMO HIPÓTESIS) que el trabajo en cerca no genera miopía y que se debe a la falta de luz más que al esfuerzo acomodativo intenso en cerca. Planteas bien la hipótesis, pero olvidas nombrar estudios que demuestran la miopización en ambientes cerrados. Young demostró que los simios encerrados en cúpulas desarrollaban miopía en un alto porcentaje. Sabemos que poblaciones nómadas esquimales en Alaska donde no existían miopes, tras su sedentarización y alfabetización, empezaron a producirse casos de miopes en su seno en las siguientes generaciones. Estudios militares mostraron que la tripulación de los submarinos se miopizaban tras largas inmersiones. Y, finalmente, la vinculación que hizo Javal, en 1905, entre la miopía y la lectura se hizo dogma (Las fuentes de esos estudios están en Villa Collar, César: ¿Dónde está la Miopía?. Suplemento Revista Gaceta Optica Nº296).
    Sé que me rebatirás demonizando los estudios en animales, la falta de luz solar en submarinos o que la sedentarización de los esquimales provocó menos horas de luz solar. Igualmente, diferenciarás miopía en niños y en adultos (crecimiento ojo vs exceso de acomodación).
    No pretendo hacer un dogma ni demostrar nada. Mi hipótesis es, a priori, igual de válida que la tuya según la plausibilidad biológica. Y, en el fondo, creo que ambas influyen. La falta de luz solar y un exceso de acomodación generan miopía a las personas predispuestas genéticamente a ello.
    Con lo anterior no digo que leer genere miopía, pero tampoco me atrevo a afirmar, como tú lo haces, que leer no genera miopía. Sin saber la influencia de la parte genética eso me parece demasiado aventurado.
    En otro comentario indican que existen miopes “reales” y personas miopizadas al prescribir negativos cuando, en verdad, se están adaptando a su medio habitual de trabajo. ¿En el caso de sólo usar las gafas de miopía en actividades de lejos podemos creer que esa miopía no avanzaría? Sabemos que no, por lo que la cosa es más complicada de lo que parece.
    Por otro lado demonizas las gafas de sol, indicando que no tiene sentido utilizarlas. De nuevo obvias trabajos que parecen indicar lo contrario (pones Gaceta óptica y radiación ultravioleta y tienes un rato para entretenerte). Yo voy más allá y te comento mi hipótesis de plausibilidad biológica. La luz es radiación, al igual que, por ejemplo, los rayos X. Sabemos del daño en tejidos humanos de los rayos X (10-10), tanto en dosis agudas como en dosis crónicas. La radiación UV (10-8), de la que protegen las gafas de sol, también tiene estudiados sus efectos en tejidos humanos. Y no es necesario ir a la universidad para conocerlos. Un día de nieve sin gafas y ya tienes los daños por exposición aguda a los rayos UV. ¿Acaso no existirá, al igual que con los rayos X, un daño en los tejidos por exposición crónica? ¿Será una anomalía en la física inexplicable? Por sentido común y por los estudios realizados sabemos que mucha radiación UV daña la retina.
    Otra cosa es saber si los filtros ante la luz azul, tan de moda hoy día, sirven de algo o su protección no es suficiente para evitar el daño crónico. ¿Cuántos años, si es alguno, me protegen los filtros respecto a no tener ninguno? Esa es la pregunta. Saber si la protección es suficiente. Si retrasa en algunos años, meses o semanas el daño celular. Pero que algo hacen es indiscutible. Ahora, si sale un estudio demostrando que la protección no es estadísticamente significativa pues los quitamos y punto. Ahora, demonizarlos, como las gafas de sol, obviando la realidad de la radiación electromagnética pues, igual que antes, me parece arriesgado.
    Luego está el efecto oxidativo que provoca el sol en los tejidos oculares (y los no oculares). ¿Fuiste alguna vez a la playa y te fijaste cómo cambió tu piel? ¿Has comparado la piel de personas que pasan muchas horas al sol respecto a las que no lo hacen? ¿Acaso los ojos están libres de tal envejecimiento prematuro por exceso de energía solar?
    Creo que, al igual que los oftalmólogos que siguen recomendando a los niños hipocorregir la miopía (lo que, como bien indicas, es un atentado contra la buena praxis médica), tus afirmaciones categóricas negando ciertos productos (gafas de sol, filtros luz azul) pueden provocar también daños futuros en personas que no tienen suficientes conocimientos científicos sobre temas físicos como la radiación electromagnética.
    P.D.: las gafas fueron denostadas científicamente durante siglos antes de ser reconocidas como útiles por la ciencia. Casualmente ello se produjo cuando se “entendió” el funcionamiento del ojo. Sin conocer los mecanismos de la miopía o el exacto daño celular de la radiación UV yo también puedo tomar la postura de negar la mayor hasta obtener pruebas científicas sólidas. Pero prefiero, dadas las múltiples evidencias de plausibilidad, protegerme lo máximo posible. La lógica y la realidad física lo aconsejan.

    Responder
    1. Ocularis Autor

      Vamos a ir desgranando poco a poco el comentario

      Hola, de nuevo un gran artículo serio y documentado. Da gusto leerte, aunque en esta ocasión tengo varios puntos en los que disiento. Supongo que en el artículo te centras en el desarrollo de la miopía infantil pero, al no dejar claro desde el principio, los lectores pueden creer que las hipótesis son las mismas para niños y adultos.

      Me centro en la miopía infantil y juvenil, la que aparece en la infancia y la adolescencia. La “primaria” podríamos decir, la que no es secundaria a otra patología. Las miopías de adultos son las secundarias a una catarata, por un queratocono u otra patología retiniana, tras una cirugía o traumatismo ocular, la transitoria de causa metabólica, y alguna otra que no se me ocurre ahora. Más que miopía como tal, son “miopizaciones” debidas a otras alteraciones. No tiene sentido hablar de miopía como tal de aparición en el adulto. En el adulto puede progresar una miopía que ha aparecido durante el crecimiento (por cambios hormonales o por la progresión de una miopia magna). Pero no debemos hablar de miopía de aparición en el adulto. O es un exceso de acomodación o es una miopización por otra causa.

      La hipótesis sobre la génesis de miopía por falta de luz ya la había leído hace años a Ian Morgan y, a grandes rasgos, creo que está bien encaminada. Pero no sirve para explicar la miopía pues olvida el componente genético, algo que pasas muy por encima en el post.

      Lo primero que he hecho en el post es referenciar los post anteriores relacionados, incluido por supuesto el monográfico de la miopía. Ahí hablo de los componentes genéticos y ambientales. Ya me salen de por si post muy largos incluso cuando me quiero enfocar en un tema particular. Cada vez que hablo de la miopía no puedo volver a repetir lo mismo, por eso enlazo los artículos anteriores. No olvido la parte genética, ni pretendo explicar la génesis de la miopía en este post. De hecho, en el artículo no pretendo explicar nada, doy más relevancia a una hipótesis que está bastante olvidada y que actualmente parece que le debemos mostrar más atención.

      La miopía tiene un componente genético y otro ambiental. Ante el mismo ambiente, unas personas desarrollan miopía y otras no. Por ello, ningún estudio concluyente puede demostrar que un exceso de trabajo en cerca genera miopía (no vamos a poner apellidos: miope es el que ve bien con lentes negativas). Al no conocer la variable genética los estudios están “falseados” de inicio.

      Aquí hay dos errores grandes de concepto. Sí debemos poner apellidos. El miope no es el que ve bien con lentes negativas. Para diagnosticar de verdad una miopía, sobre todo en investigación, habrá que separarla del exceso de acomodación. Eso es como decir que la lipotimia por hipotensión arterial es cualquier desmayo. Si mezclamos las hipotensiones arteriales y las hipoglucemias en el mismo estudio, no llegaremos a conclusiones válidas. Debemos separar enfermedades diferentes. Así, la hipotensión arterial mejora levantando las piernas y las hipoglucemias con azúcar. Y así el exceso de acomodación mejora limitando el esfuerzo visual de cerca, y la miopía no.

      El otro error importante: ¿si en una enfermedad tiene un componente genético, no se pueden realizar ensayos clínicos ni estudios de los factores ambientales?. La diabetes, la obesidad, la hipertensión, la hipercolesterolemia, la mayoría de los cánceres, … una amplia mayoría de enfermedades tienen un mayor o menor componente genético. Y en la mayoría de los casos, no lo conocemos por completo, habitualmente no estamos ni cerca de llo. Según ese razonamiento, no podemos saber que el exceso de azúcar produce diabetes, y que el sedentarismo y la dieta inadecuada produce obesidad, y un largo etcétera. Evidentemente, no tiene sentido. Los estudios se realizan comparando poblaciones similares, en donde la variable genética influirá de forma similar en los grupos. Haciendo grupos homogéneos en el ámbito genético (misma población, raza, geografía, etc) y en todos los factores ambientales posibles excepto los que se estudian conseguimos llegar a conclusiones válidas.

      Sostienes (COMO HIPÓTESIS) que el trabajo en cerca no genera miopía y que se debe a la falta de luz más que al esfuerzo acomodativo intenso en cerca. Planteas bien la hipótesis, pero olvidas nombrar estudios que demuestran la miopización en ambientes cerrados. Young demostró que los simios encerrados en cúpulas desarrollaban miopía en un alto porcentaje. Sabemos que poblaciones nómadas esquimales en Alaska donde no existían miopes, tras su sedentarización y alfabetización, empezaron a producirse casos de miopes en su seno en las siguientes generaciones. Estudios militares mostraron que la tripulación de los submarinos se miopizaban tras largas inmersiones. Y, finalmente, la vinculación que hizo Javal, en 1905, entre la miopía y la lectura se hizo dogma (Las fuentes de esos estudios están en Villa Collar, César: ¿Dónde está la Miopía?. Suplemento Revista Gaceta Optica Nº296).
      Sé que me rebatirás demonizando los estudios en animales, la falta de luz solar en submarinos o que la sedentarización de los esquimales provocó menos horas de luz solar. Igualmente, diferenciarás miopía en niños y en adultos (crecimiento ojo vs exceso de acomodación).

      No sostengo yo como hipótesis, recojo el consenso científico: no hay evidencias claras de que el trabajo de cerca genere miopía, una vez descartados los trabajos que están mal diseñados o que están alejados de la práctica real. Como ejemplos, nos sirven los que pones. La miopización en ambientes cerrados se explica mejor por la falta de luz natural que por el enfoque cercano, ya que luego los estudios que sí estudian de forma más exacta grupos de niños que trabajan más tiempo de cerca, no encuentran diferencias significativas. Un estudio de simios como el de Young, por supuesto, no demuestra nada de miopía en humanos. Y si acaso, sería un argumento a favor de la hipótesis de la luz natural. Los esquimales nómadas recibían una gran cantidad de luz natural hasta que se volvieron sedentarios y se alfabetizaron. Los militares que van en un submarino son adultos, y los adultos no desarrollan miopía, sino exceso de acomodación.

      No demonizo estudios de animales, pero al principio del párrafo hablas de “estudios que demuestran…”, y no demuestran nada. O no son en humanos, o no se diagnostica una miopía de verdad.

      No pretendo hacer un dogma ni demostrar nada. Mi hipótesis es, a priori, igual de válida que la tuya según la plausibilidad biológica. Y, en el fondo, creo que ambas influyen. La falta de luz solar y un exceso de acomodación generan miopía a las personas predispuestas genéticamente a ello.

      El problema es que hay estudios serios que comparan grupos de niños, bien estudiados, que se diferencian en el esfuerzo cercano, y fallan al encontrar diferencias significativas. El problema es que si disminuimos el esfuerzo acomodativo con una hipocorrección no prevenimos la miopía, e incluso la podemos agravar. Así que a priori las hipótesis no son iguales. El exceso de acomodación como causa de miopía está bastante falsado en los estudios. Mientras que la hipótesis de la luz natural no solo no está falsado, sino que acumula indicios a favor.

      Con lo anterior no digo que leer genere miopía, pero tampoco me atrevo a afirmar, como tú lo haces, que leer no genera miopía. Sin saber la influencia de la parte genética eso me parece demasiado aventurado.

      Como hemos dicho más arriba, no necesitamos conocer el componente genético de una enfermedad para poder estudiar las variables ambientales. Está muy claro que el exceso de acomodación no produce miopía, así que sí podemos afirmar (como todo en ciencia, matizable en función de investigaciones futuras) que leer no genera miopía.

      En otro comentario indican que existen miopes “reales” y personas miopizadas al prescribir negativos cuando, en verdad, se están adaptando a su medio habitual de trabajo. ¿En el caso de sólo usar las gafas de miopía en actividades de lejos podemos creer que esa miopía no avanzaría? Sabemos que no, por lo que la cosa es más complicada de lo que parece.

      Eso de “se están adaptando a su medio habitual de trabajo”, no estoy de acuerdo. Nos adaptamos a nuestro medio natural de trabajo cuando el músculo ciliar enfoca de cerca. Si ese músculo ciliar no se relaja para lejos es una anomalía, no una adaptación, y eso es un exceso de acomodación. No es miopía. Y con un exceso de acomodación, no debe utilizar gafas en actividades de lejos. No debe utilizar gafas que no llegan la prescripción correcta. Habrá que solucionar el exceso de acomodación. Si pones gafas, estás favoreciendo que empeore el problema (que, recordemos, no es una miopía).
      La cosa es complicada cuando mezclas dos enfermedades diferentes.

      Por otro lado demonizas las gafas de sol, indicando que no tiene sentido utilizarlas. De nuevo obvias trabajos que parecen indicar lo contrario (pones Gaceta óptica y radiación ultravioleta y tienes un rato para entretenerte).

      No pongas en mis labios (en mi teclado en este caso) afirmaciones que no hago. No he dicho que no tenga sentido utilizar gafas de sol. De ellas he hablado en varios artículos, e incluso en este he hablado de las quemaduras solares. Las gafas de sol tienen su sentido en actividades concretas (nieve, alta montaña), actividades de alta exposición solar (playa, veranos soleados en según qué geografía), de forma complementaria o alternativa a otras medidas de protección. En general no son esenciales para nuestra salud, en un contexto de exposición “normal”.

      Yo voy más allá y te comento mi hipótesis de plausibilidad biológica. La luz es radiación, al igual que, por ejemplo, los rayos X. Sabemos del daño en tejidos humanos de los rayos X (10-10), tanto en dosis agudas como en dosis crónicas. La radiación UV (10-8), de la que protegen las gafas de sol, también tiene estudiados sus efectos en tejidos humanos. Y no es necesario ir a la universidad para conocerlos. Un día de nieve sin gafas y ya tienes los daños por exposición aguda a los rayos UV. ¿Acaso no existirá, al igual que con los rayos X, un daño en los tejidos por exposición crónica? ¿Será una anomalía en la física inexplicable? Por sentido común y por los estudios realizados sabemos que mucha radiación UV daña la retina.

      Volvemos al mismo tema de siempre: la dosis. Ya lo expliqué en el artículo de la fototoxicidad. La hiperhidratación es una causa de muerte, lo mismo que el ahogamiento. ¿Beber un litro de agua producirá un daño crónico?. ¿Y el calor?. Las quemaduras son una de las causas principales de morbimortalidad a nivel mundial. Y los radiadores nos exponen a una dosis crónica de calor durante los meses de invierno. ¿Nos perjudicará?.
      Los rayos UV, al ser ionizantes, producen daño, no en la retina, sino en cualquier tejido del cuerpo, a dosis suficiente. Por suerte para el ser humano, la luz UV no es un agente nuevo, sino que lleva millones de años afectando la evolución de los animales, de manera que hemos ido adaptándonos a la dosis natural. Sí, un exceso daña nuestros ojos. Concretamente el epitelio corneal, por suerte éste regenera rápido y casi siempre sin secuelas.

      No tiene sentido pensar en un agente que interactúe con el organismo, hacer experimentos in vitro con dosis muy altas alejadas de la situación natural y afirmar que son dañinos. El caso es que el uso de gafas de sol no ha demostrado prevenir la degeneración macular, la miopía o ninguna enfermedad de retina.

      Otra cosa es saber si los filtros ante la luz azul, tan de moda hoy día, sirven de algo o su protección no es suficiente para evitar el daño crónico. ¿Cuántos años, si es alguno, me protegen los filtros respecto a no tener ninguno? Esa es la pregunta. Saber si la protección es suficiente. Si retrasa en algunos años, meses o semanas el daño celular. Pero que algo hacen es indiscutible.

      Por supuesto que es discutible. Si es que no se ha demostrado. De verdad, no en ratas con exposiciones irreales. Si una exposición mucho más intensa de azul, la de los marineros (que reciben azul pero con la intensidad natural, mucho mayor que la de las pantallas), resulta que no produce más degeneración macular ni otras lesiones de retina. Además de no demostrada, la hipótesis de la luz azul no es congruente con los datos epidemiológicos.

      Ahora, si sale un estudio demostrando que la protección no es estadísticamente significativa pues los quitamos y punto. Ahora, demonizarlos, como las gafas de sol, obviando la realidad de la radiación electromagnética pues, igual que antes, me parece arriesgado.

      La radiación electromagnética es para los ojos como el sonido para los oídos, el agua para los riñones o los nutrientes para el hígado. Un sonido fuerte puede dañar el oído, y ciertos nutrientes en exceso dañan el hígado. Pero estos agentes externos “dan sentido” a los propios órganos. El razonamiento del “daño crónico” del agente que precisamente es la razón de existir del órgano, roza la conspiranoia. Simplemente tenemos que conocer las dosis excesivas. Y sabemos las dosis excesivas de luz y radiación electromagnética, porque sabemos los daños derivados del exceso (queratopatía y retinopatía por radiación, principalmente). Por suerte (y no por casualidad, para esto están las regulaciones) la luz artificial doméstica (incluidas las pantallas) irradian muy por debajo de la luz natural. Y la luz natural en circunstancias habituales no nos daña. Nuestros ojos habitualmente están bien protejidos.

      Luego está el efecto oxidativo que provoca el sol en los tejidos oculares (y los no oculares). ¿Fuiste alguna vez a la playa y te fijaste cómo cambió tu piel? ¿Has comparado la piel de personas que pasan muchas horas al sol respecto a las que no lo hacen? ¿Acaso los ojos están libres de tal envejecimiento prematuro por exceso de energía solar?

      Amplios estudios en dermatología demuestran el envejecimiento prematuro de la piel y el riesgo de cánceres por exposición crónica al sol. En base a las evidencias damos recomendaciones. Los ojos son vísceras internas, muy protegidas por reflejos neurológicos avanzados que minimizan gracias al iris y a los párpados el exceso de luz. Y efectivamente, las quemaduras oculares son relativamente raras. No hay estudios que encuentren enfermedades degenerativas en nuestra población por una exposición crónica de luz. De hecho los grupos de población que más se exponen a la luz no sufren de enfermedades prematuras o diferentes, ni su función visual es peor. Así que la misma evidencia a favor de protegernos y evitar el sol en la piel, nos permite tranquilizarnos a nivel ocular. Los que se exponen más al sol tienen la piel más envejecida y más riesgo de melanoma en la piel, pero no tienen más degeneración macular y su visión es tan buena como el que no recibe tanta luz solar.

      Creo que, al igual que los oftalmólogos que siguen recomendando a los niños hipocorregir la miopía (lo que, como bien indicas, es un atentado contra la buena praxis médica), tus afirmaciones categóricas negando ciertos productos (gafas de sol, filtros luz azul) pueden provocar también daños futuros en personas que no tienen suficientes conocimientos científicos sobre temas físicos como la radiación electromagnética.

      No son afirmaciones categóricas, están fundadas en conocimientos objetivos. Ya he puesto el enlace al artículo de la fototoxicidad, y es volver a dar vueltas sobre el mismo tema. Lo que me parece una irresponsabilidad es meter miedo con “enfermedades fantasma”. ¿Qué daño produce la luz azul normal?. ¿Qué enfermedad de retina se previene con las gafas de sol?. Ninguna.
      Y no demonizo las gafas de sol. Me parecen muy cómodas, yo las uso mucho porque estoy más a gusto. Y eso es lo que digo, tanto en el blog como a mis pacientes. Si está más cómodo con ellas, póngaselas. Si más tarde se demuestra que favorecen la miopía, las desaconsejaré en niños y adolescentes. Pero solo se hacen “médicamente recomendables” cuando se realizan actividades concretas. Para una vida normal, aconsejarla para niños (en vez de una gorra con visera de toda la vida) “vendiendo salud” suele ser una afirmación con un fuerte conflicto de intereses. No hay ninguna enfermedad producida cuando no existían gafas de sol de niños. No prevenimos ninguna enfermedad con el uso generalizado de gafas de sol. Y venderles la moto a los padres no es de recibo.

      P.D.: las gafas fueron denostadas científicamente durante siglos antes de ser reconocidas como útiles por la ciencia. Casualmente ello se produjo cuando se “entendió” el funcionamiento del ojo. Sin conocer los mecanismos de la miopía o el exacto daño celular de la radiación UV yo también puedo tomar la postura de negar la mayor hasta obtener pruebas científicas sólidas. Pero prefiero, dadas las múltiples evidencias de plausibilidad, protegerme lo máximo posible. La lógica y la realidad física lo aconsejan.

      Eso es negar las evidencias científicas. Están bien definidas las enfermedades por radiación UV, las dosis, etc. Tenemos estudios que descartan la influencia de ciertos factores en la miopía. El uso que haces del “principio de prudencia” es totalmente falaz: si se hubieran descubierto los rayos UV el mes pasado, o si no tuviéramos estudios sobre la hipocorrección de la miopía, pues vale, esperemos ver que pasa. Pero es que acumulamos décadas de conocimiento. Esa forma de jugar con el miedo, saltándose a la torera los conceptos básicos de investigación biomédica (no te puedes inventar las enfermedades, hay que demostrarlas, y los resultados negativos son tan relevantes como los positivos) sirve para vender gafas de sol, filtros de luz azul. Vamos, mercadear con la salud y hacer negocio

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *