Propiedades «extras» de las gafas

Hoy vamos a hablar de un tema práctico que genera dudas a una parte de usuarios de gafas. O a futuros usuarios, que van a a la óptica a comprar sus primeras gafas, y no saben qué son todos esos «extras» adicionales que se pueden poner en los cristales. También hay una parte importante de usuarios que no están especialmente preocupados por saber qué son esas características añadidas, y simplemente «lo ponen todo» pensando que cuanto más características lleven las gafas (y por lo tanto, más pagan), mejor.

Componentes de unas gafas

Empecemos por lo básico. Lo principal de unas gafas es su graduación. Las dioptrías de cada uno de los dos cristales. Podemos hablar de miopía, hipermetropía, astigmatismo. También de miopía y astigmatismo combinados, y lo mismo con la hipermetropía y el astigmatismo. Nunca puede haber hipermetropía y miopía en el mismo cristal. Además de esta graduación, que está definida para una distancia, normalmente para lejos, las personas con vista cansada tienen que incluir una «adición» para distancia cercana. Esto en el caso de gafas progresivas o bifocales.

Luego hay que montar los cristales en las gafas pero colocando el centro de la lente justo delante del ojo. Para ello hay que saber la distancia interpupilar (los milímetros que hay entre el centro de cada pupila). Este dato se va haciendo cada vez más conocido para la gente, por las personas que encargan gafas por internet y necesitan saber este dato.

Finalmente, elegiremos montura, una que «nos guste» pero también que no nos moleste, que no esté muy suelta y que coloque cada cristal bien centrado delante de cada ojo. No solo debe primar la estética, sino la comodidad y de que su uso sea adecuado. Las gafas no son solo una moda y un complemento a nuestra imagen. Lo principal es (debería ser) su función visual.

Cuando está ya todo eso, debemos entonces lidiar con unas «propiedades extra», con unas características adicionales de los cristales, o unos tratamientos que se pueden aplicar de forma opcional a estos. Aquí es donde pueden entrar las dudas. Porque lo principal, la graduación, lo ha realizado el oftalmólogo o el optometrista. El usuario no debe preocuparse de ello. Sin embargo, estos extras adicionales, en general tiene que decidir cuáles poner y cuáles no. Muchas veces sin saber bien para qué sirve cada uno y hasta qué punto es necesario.

También ocurre que no decide él y el que le atiende en la óptica (optometrista o no) es el que, digamos, decide por el usuario. Y eso tampoco es correcto, ya que el usuario debe estar informado de cualquier peculiaridad de cualquier prótesis que use, aunque sea una prótesis externa como unas gafas. De la misma manera que cuando un paciente va a someterse a una cirugía, el médico debe explicarle los pormenores para que éste decida con libertad, un usuario que va a comprarse unas gafas también deberá estar informado de las características de dichas gafas, para que pueda decidir él qué «extras» se pone y cuáles no.

¿Un oftalmólogo hablando de gafas?

Evidentemente un oftalmólogo gradúa y prescribe gafas. De hecho, en una parte concreta de pacientes, como en niños y en ciertas enfermedades, es el único profesional que debería hacerlo. Pero, en cuanto a las propiedades del cristal en sí, ¿no debería ser el optometrista el encargado de hablar de ello? ¿Tiene sentido que un oftalmólogo hable de estos temas, o debería ser un terreno exclusivo del optometrista, y por tanto el oftalmólogo no «meterse»?

El oftalmólogo es el médico especializado en el sistema visual, así que nada que tenga relación con la salud y las enfermedades de los ojos le es ajeno. Por hacer un simil: sobre lentes de contacto y sus complicaciones, el que más sabe es el oftalmólogo (porque es su competencia y es el que trata dichas complicaciones). Así que cualquier peculiaridad de las gafas que pueda afectar o no a la salud de los ojos, cae en el terreno del médico que se dedica a ello.

Dicho de otra manera, cuando un usuario tiene una duda de si tal o cual «extra» o tratamiento sobre el cristal de gafas tiene algún efecto sobre la salud de sus ojos (si efectivamente es conveniente, o no tiene efecto real en la salud, o incluso es contraproducente), es el oftalmólogo el que puede informarle sobre ello. ¿Eso significa que el optometrista no puede informarle también? Claro que sí, y si ambos especialistas están bien informados, son honestos y no se dejan influenciar por los conflictos de intereses, deberán coincidir. Pero si afinamos, el optometrista controla más la parte técnica, física, de diseño de cristal, materiales, índices de refracción, etc, y el oftalmólogo el que más sabe sobre hasta qué punto estas propiedades previenen una enfermedad, o suponen algún cambio a mejor o peor para la salud visual.

De qué no vamos a hablar

En este artículo no vamos a desmenuzar cada una de las características de las gafas. Primero para no ponernos muy técnicos y que el artículo salga muy largo y difícil de «digerir» (atención spoiler: el artículo ha quedado largo a pesar de mis esfuerzos). Y también porque hay características que no se dejan como opcionales para elegir por el comprador, así que salen del enfoque práctico del post.

Un ejemplo de esto último es el diseño no esférico de las lentes actuales. Sobre la asfericidad ya hablé en un artículo del blog, en aquella ocasión de la asfericidad del sistema óptico del ojo (córnea y cristalino). Para el tema de hoy, la consecuencia del diseño asférico de un cristal de gafas (que haya menos graduación e la parte periférica que en el centro) tiene diferentes consecuencias.

 

Como ventajas:

  • Cuando alguien mira a un usuario de estas gafas asféricas, el efecto de «deformación» de los ojos es menor. A un miope alto con gafas se le ven más pequeños los ojos, los párpados y la piel que queda por detrás del cristal. Y a un hipermétrope alto le ocurre lo contrario: el ojo y lo de alrededor se le ve más grande. El diseño asférico amortigua este efecto óptico, y se le ven los ojos de un tamaño más parecido al normal.
  • De la misma manera, cuando el usuario de las gafas mira a través de éstas, la imagen periférica queda menos deformada (nuevamente, más pequeña en miopes, más grande en hipermétropes) gracias a la asfericidad.

No todo son ventajas, claro. En condiciones teóricas, cuando el ojo está perfectamente alineado con el centro del cristal, todo va bien. La asfericidad supone pérdida de enfoque a cambio de menor deformación de la imagen. Como en esta situación ideal la periferia del cristal proyecta su parte de imagen correspondiente en la retina periférica, que tiene menos resolución, no acusamos la pérdida de nitidez. Además el diseño asférico es progresivo: en el centro del cristal la graduación es completa, y vamos perdiendo graduación muy progresivamente al alejarnos del centro, y solo hay una pérdida de graduación relevante (y por tanto de nitidez) ya en una localización claramente periférica. Y eso «encaja bien», por decirlo así, con el funcionamiento de la retina: máxima resolución de imagen en el centro, y vamos perdiendo resolución al ir a la periferia *.

Lo que pasa es que las gafas no son como las lentes de contacto. No están «pegadas al ojo», por lo que no se alinean perfectamente con éste. Esta situación ideal de alineación sólo ocurre cuando miramos exactamente por el centro del cristal. Nuestro sistema visual no es un ojo inmóvil: estamos constantemente moviendo el ojo, en rápidos movimientos sacádicos, «escaneando» nuestro entorno en pequeños fragmentos de imagen de alta resolución. Muchas veces vamos tomando varias «capturas» de imagen por segundo, en un movimiento constante. Por lo tanto vamos mirando por zonas del cristal no centrales, por donde obtenemos una graduación menor de la que necesitamos. O sea, según estemos mirando más o menos alejados del centro del cristal, veremos más o menos desenfocado.

Esto es una desventaja. Y personas que se cambian de un cristal antiguo, con un diseño esférico tradicional, o menos asférico, a unas gafas nuevas asféricas, pueden empeorar su experiencia visual. Verán la imagen periférica menos deformada, sí, aunque cuando uno se acostumbra a la deformación periférica, no le molesta. Pero sí que nota que pierde nitidez.

Podríamos debatir hasta qué punto el diseño asférico debe aplicarse siempre o solo a partir de ciertas graduaciones, o en función de las actividades o preferencias del usuario. De hecho, deberíamos afinar más, y hablar de coeficientes de asfericidad: aplicar mayor o menor afericidad según las circunstancias. Se podría teóricamente personalizar mucho el cristal de las gafas para cada usuario.

En cualquier caso, entrar de lleno en el tema no es práctico. Primero porque tal como funciona el sistema de producción y distribución de lentes no es factible tanta personalización. Por otra parte, explicar estos conceptos y probarlos en la práctica para que el usuario decida es muy complejo. La realidad es que la asfericidad no es algo que quede como opción a decidir por el comprador de gafas. Por lo tanto, no vamos a seguir hablando de ello. Si algún optometrista quiere aportar información adicional a todo esto en los comentarios, estaremos encantados de leerlo. Por otra parte, si estoy equivocado y hay algunos sitios en los que sí se plantea el diseño asférico como «opción», se le explica al comprador de alguna manera, y se permite que éste participe en la decisión, estaría encantado de saber de ello. Pero para este artículo, cerramos ya el tema.

Cristales minerales y orgánicos

Los cristales de las gafas, antiguamente, eran «cristales de verdad». Vidrio que se podía romper. Y se rompía. Resistente a las rayaduras, pero frágil. Estos cristales minerales están en franco desuso, hasta el punto que en mi medio ya directamente no se fabrican. Desconozco si en otros países todavía se usan, supongo que sí.

Los cristales que se usan ahora son llamados orgánicos, digamos que son «de plástico», para entendernos. Un material más ligero que el mineral y además no se rompe. El que sea ligero es una ventaja importante, sobre todo para graduaciones altas. Que las gafas pesen no es un problema menor: pueden producir marcas, molestar o incluso doler, y además se pueden ir «escurriendo» por el puente de la nariz hacia abajo. Unas gafas ligeras en general (y hasta cierto límite) son mejores que unas pesadas.

Otra ventaja crucial: no se rompen con un golpe normal. Sí, si nos empeñamos con un martillo, nos costará, pero lo conseguiríamos. Pero un traumatismo que recibamos con las gafas puestas no romperá el cristal. Se romperá la montura, nos podemos hacer daños con el borde de la lente, pero eso siempre será menos peligroso que lo que ocurría con los cristales minerales. Con una lente de vidrio, un traumatismo no muy fuerte rompía el cristal en punzantes fragmentos que actuaban como cuchillos, y la inercia del golpe los lanzaba hacia el ojo. Y podían perforar perfectamente el párpado para llegar al globo ocular.

Sin lugar a dudas, el cambio de cristales minerales a orgánicos es a mejor. No todo son ventajas: los orgánicos se rayan más que los minerales. Pero en global el cambio es a mejor. Tampoco es una opción disponible para el usuario, pero aquí hay poca controversia. Los cristales minerales están obsoletos si hay acceso a la variante orgánica a un precio competitivo.

Cristales reducidos

Ahora ya empezamos con el meollo del artículo. Como opción, en la óptica o cuando compramos las gafas por internet, podremos decidir el grado de reducción de las lentes. Esto tiene que ver con el índice de refracción. Una lente es un medio transparente que desvía la luz, la refracta. Cuanta más graduación tiene una lente, más tiene que refractar la luz. Y eso se consigue de dos maneras:

  • Que la lente tenga un mayor índice de refracción
  • Que la lente sea más gruesa

Para una lente de un material concreto, con un índice de refracción fijo, a más graduación el cristal será más grueso. Lentes más gruesas, gafas más pesadas, incómodas y hasta cierto punto antiestéticas. Puede ser que el cristal sea tan grueso que sea difícil montarlo en según qué monturas.

Así que para graduaciones bajas no hay mucho problema, pero para graduaciones altas, usar lentes con índices de refracción mayores nos permite que los cristales no sean tan gruesos. El problema es que, cuanto mayor índice de refracción, más caras. Pero en general compensa cuando, debido a la graduación, los cristales van a quedar demasiado gruesos. Como decíamos antes en el apartado de los cristales minerales: que las gafas sean ligeras y cómodas es importante.

Para el que quiera algunos números, vamos a ofrecer unas cifras orientativas. Hablaremos de dioptrías de miopía o hipermetropía.

  • Para graduaciones bajas, de hasta dos dioptrías, no se requeriría reducir el cristal, y se usa un índice de refracción «normal» de 1.5
  • Para graduaciones entre 2 y 4 dioptrías  se aplicaría un primer grado de reducción al cristal, con un índice de refracción de 1.6.
  • Entre 4 y 6 dioptrías aplicamos mayor reducción, con un índice de 1.67
  • Para dioptrías mayores de 6, aplicaríamos una reducción «máxima» (dentro del circuito comercial normal) con un índice de 1.74

Estos valores son aproximados. Si uno tiene una graduación de 1.75 dioptrías pero por el tipo de montura o diseño de las gafas quiere tener unas cristales especialmente finos puede reducírselos. Por otra parte, no son indicaciones absolutas. Supongamos que compramos las gafas a un niño con alta graduación, y las reducimos convenientemente. Pero queremos comprar unas gafas de repuesto, por si se estropean las principales, para que esos días que estén reparándolas, no esté sin usar la graduación. Los padres pueden decidir que las gafas de repuesto no estén reducidas. Son más antiestéticas y menos cómodas, pero son para uso «de emergencia», digamos. Como las ruedas de repuesto de los coches, que no están pensadas para usarlas de continuo sino para sacarnos de un apuro. En un contexto como este, puede tener sentido ahorrarnos un dinero en no reducir unos cristales.

Pero en general, cuando está indicada la reducción de los cristales, tiene todo el sentido hacerlo. Las gafas que pesan y son incómodas no se llevan. Y las gafas que no se llevan correctamente no hacen su función.

Antirreflejos

El tratamiento antirreflejante, también llamado antideslumbrante, es un extra muy utilizado. De hecho en algunas webs de venta de gafas es una opción que meten por defecto, de forma «gratuita». Entrecomillo esto último porque nada es gratuito, simplemente no te dan la opción de no ponerlo, y evidentemente que se cobra. En las ópticas también varía: en general es un extra que sí es optativo, y te lo cobran si así lo quieres poner. Como explicaré a continuación, me parece mal que no te den la opción de no poner el antirreflejante, tanto en una óptica como si las encargas por internet. Y no solo por poder decidir no pagar un «extra» que no quieres. Pero me estoy adelantando.

El tratamiento antirreflejos tiene varias ventajas:

  • Estética: la principal para la mayoría de los usuarios de estas gafas. Cuando miramos a una persona con gafas, con frecuencia ocurre que  la fuente de luz ambiental (la ventana, una lámpara) se refleja en el cristal, y vemos mal los ojos del usuario de gafas. En las fotografías pasa lo mismo, el reflejo sobre los cristales dificulta o impide ver los ojos de la persona, y eso es poco estético. El tratamiento antirreflejos elimina este problema casi por completo.
  • Comodidad en circunstancias concretas: en situaciones particulares de alto contraste lumínico, al recibir ciertos reflejos, el usuario con antirreflejos está más cómodo. La situación más habitual es en la conducción nocturna. No le ocurre a todo el mundo, pero una parte de usuarios de gafas, al conducir por la noche, están mejor con el antirreflejos. Les quita parte del deslumbramiento de los faros de los coches que vienen de frente.

Esta última parte, la de las ventajas visuales, es la más polémica. Porque las circunstancias concretas en las que nuestros ojos se deslumbran y pueden beneficiarse del tratamiento antirreflejos no son tantas. Por desgracia, no es infrecuente que se le atribuya al antirreflejante más ventajas de las que tiene. Como si ello protegiera tu vista en general, y te diera ventaja en muchas otras situaciones. Lo he visto recomendar para estudiar, para el ordenador y las pantallas, y situaciones parecidas. Como si en estas circunstancias más habituales el antirreflejo fuera de utilidad.

El tratamiento antirreflejante no es «comprar salud», ni estamos previniendo ninguna circunstancia peligrosa. Ciertos deportes, actividades profesionales que pueden someter el ojo a «flashes» sí producen deslumbramiento, en el sentido auténtico de la palabra. Pero en nuestra vida cotidiana, salvo lo que mencionaba de la conducción nocturna (entorno oscuro y el faro del coche) es raro que nos encontremos en situaciones de deslumbramiento real. Por lo que ese plus de comodidad, fuera de conducir, y de situaciones muy concretas de «golpes de luz«, es difícil de justificar. No hay literatura científica que apoye el uso de este antirreflejante de forma firme. Más allá de encuestas de satifacción sin grupo control aleatorizado y enmascarado, poco se puede encontrar. Sí, mucha gente está contenta con el antirreflejo, pero es difícil separar un efecto placebo para algo que no deja de ser una percepción subjetiva, y después de comprarte unas gafas caras.

El tratamiento tiene desventajas:

  • Las gafas son más caras. En general no mucho más.
  • Los cristales son más sensibles al deterioro y las rayaduras. Por desgracia, es algo que no se suele explicar. Y es un factor muy importante, que el comprador debería conocer.

El resumen, es un tratamiento que para una parte importante de personas solo tiene ventajas estéticas y hace el cristal más delicado. Así que hay que pensarse si poner el antirreflejo o no. Lo mismo que antes decía que reducir el cristal, cuando está indicado, debería ser la norma, salvo excepciones, con el antirreflejante no es así. Hay que personalizarlo mucho.

Vamos a dos ejemplos más o menos paradigmáticos. Por una parte tenemos un adulto que encarga unas gafas que le van da durar, previsiblemente, varios años. Y es cuidadoso con las gafas, espera que no se le van a rayar o deteriorar, porque no las deja en cualquier sitio y de cualquier manera, y procura que no se le caigan. La ventaja estética está ahí, no vamos a negarla. Y si refiere que está más cómodo con las gafas porque le quita algunos reflejos, pues estupendo.

Vamos al otro extremo. Tenemos a un niño que necesita usar las gafas. Supongamos que es pequeño, o bastante movido. Los niños juegan, las gafas se caen, no las cuidan como un adulto. Si de por sí se van a deteriorar más, con el antirreflejos se pueden estropear antes. Además, si no las cambias por ello, como está en crecimiento puede que la graduación le cambie pronto y haya que cambiar pronto los cristales.

En función de la economía familiar y lo que quieran los padres, la opción del antirreflejante puede ser interesante, o no. Si los padres tiene una situación económica desahogada  y quieren pagar ese extra por el tema estético, aun a sabiendas de que las gafas se pueden deteriorar antes, perfecto. No se trata de que el antirrreflejante sea malo, se trata de estar bien informado de sus ventajas y desventajas.

Pero puede que la situación económica sea peor, y ya no solo porque pagas el extra en el momento de adquirir las gafas: es que se pueden estropear antes, y por tanto tener que cambiarlas. Y eso es una cantidad de dinero importante. Lo que está mal, y por desgracias es frecuente, es que esa familia no esté correctamente informada de lo superfluo del antirreflejante, y de que su uso puede impactar de forma negativa en la economía familiar. Probablemente en esta situación la parte estética quede en un segundo plano. Y estén gastándose un dinero pensando que es «mejor para su hijo», y no es así.

Entre estos dos casos extremos hay todo un abanico de casos intermedios. Deberá ser el comprador el que elija, bien informado.

Antirayadura

Es un tratamiento que añade resistencia al cristal. Al igual que el antirreflejo, en muchos sitios es un extra «barato» o incluso se incluye de serie. En principio no tiene desventajas, salvo el tema del precio (nuevamente, cuando se incluye directamente, no es que sea gratuito, es que ya te lo cobran sin que te den opción a no ponerlo).

Volviendo al caso extremo de un niño que trata mal las gafas, no hay tratamiento antirayadura que sea a prueba de repetidas caídas al suelo, pisotones, etc. En caso de gafas que se van a tratar mal, y te interesa ajustar el precio, igual el antirayadura no sale tan rentable. Y en caso que preveamos cambios de graduación pronto, lo mismo que decíamos con el antirreflejo: valorar si merece la pena invertir dinero en un extra superfluo para una gafas que va a durar poco tiempo.

Filtro de luz azul

He dejado lo mejor para el final. Hasta ahora el resumen sería:

  • Cristal reducido: en general, sí.
  • Antirayadura: no esperes milagros, pero si son gafas que van a durar, es una opción.
  • Antirreflejo: cuidado, tiene ventajas, menos de las que parecen, pero importantes desventajas. Pensarlo bien en gafas que no van a durar unos años.

Con el filtro azul la conclusión va a ser muy diferente, y a la vez clara y simple. Pero empecemos por el principio.

Las gafas con filtro azul bloquean una pequeña parte del espectro de luz visible más energético: la zona del violeta y el azul. Se venden como gafas «para el ordenador», o «para las pantallas». En la hipótesis de que las pantallas tienen un exceso de luz azul que es malo para nuestros ojos. Así que en las ópticas y en las webs que venden gafas ofrecen como un extra más este filtro para que nos llegue menos luz azul y violeta a los ojos. Incluso se promocionan gafas sin graduación, solo con el filtro azul, para que las usemos con el ordenador y otras pantallas.

Sobre la luz azul hemos hablado en el blog y en el podcast mucho, durante años. No voy a repetirme, aquí tienes un artículo resumen con toda la información enlazada. Sintetizando, la luz azul no es mala, no daña nuestra visión, no perjudica nuestra retina, no produce degeneración macular. Tampoco es peligrosa para los niños. No tiene tampoco ningún sentido que nos protejamos de la luz azul con las pantallas, cuando recibimos más luz azul al aire libre que delante de un ordenador, móvil o tablet.

Bueno, ya no es solo que la luz no sea mala, y que al poner el filtro azul nos gastemos un dinero para nada. El tema va más allá. Al quitar algo de luz del espectro del azul-violeta, se empobrece nuestra experiencia visual. Nos quitan una pequeña parte del espectro cromático. El blanco se amarillea, los colores se «estrechan» hacia la gama de los tonos cálidos, perdiendo los matices de los colores fríos. Es decir, se ve peor.

Pero podemos seguir avanzando. El año pasado estuve hablando de la miopía y de posibles formas de frenarla. Sabemos que las actividades al aire libre en niños y adolescentes miopes frena levemente la progresión de su miopía. Hay fuertes indicios de que el efecto está producido por la intensidad de la luz solar. La luz natural, que tiene más energía que la artificial, en un ojo en crecimiento, parece que tiene un papel protector. En aquel artículo estuve especulando de que «restar energía» con un filtro azul es precisamente lo contrario que necesitan estos niños y adolescentes. Por lo tanto serían contraproducentes. Era una hipótesis que lanzaba en aquel momento, hace más de año y medio, en base al conocimiento que tenemos de la miopía, aunque sin evidencia directa. Una hipótesis plausible, razonable, pero pendiente de demostrar. Pues bien, hace menos de dos semanas tuve acceso a un artículo científico que añade peso a esta hipótesis: indicios de que efectivamente la luz de alta energía (violeta y azul) cumple un papel determinante frenando la miopía.

Hablemos ahora del ritmo circadiano y la luz azul. Se ha postulado recientemente que la exposición a luz azul poco antes de dormir puede dificultar el sueño. Y que bajar la cantidad de luz azul antes de dormir favorecería el sueño. Este tema lo explico con detalle en este otro post del blog. El caso es que ese punto no se ha demostrado en humanos, y tiene serios problemas de plausiblidad. Lo que se ha demostrado es que la falta de luz azul durante el día sí puede dificultar que durmamos por la noche. Es decir, bloquear el azul durante el día puede ser malo, aunque quieren convencernos que bloquearlo antes de dormir va a ser bueno. Tengamos en cuenta que los sistemas que quitan el azul de las pantallas y se activan poco antes de dormir (cambio de la paleta cromática por software), solo nos quitan el azul de la pantalla y solo antes de dormir. Bueno, probablemente sea una medida inútil, pero no parece probable que sea perjudicial. Y hay gente que le gusta esos colores cálidos de la pantalla antes de dormir. No tenemos argumentos para desaconsejar esta práctica, aunque no tenga utilidad.

Pero con las gafas con filtro azul el escenario es diferente: nos bloquean los rayos azules y violetas durante todo el día, en caso de que llevemos las gafas para todo. No solo para las pantallas, y no solo un rato antes de dormir. Todo el día. Por lo que sabemos del ciclo sueño-vigilia, podría afectar a dicho ciclo y dificultar nuestro descanso.

En resumen, ¿qué escenario tenemos ahora?. Pues un filtro de luz azul, que se vende cada vez más, enormemente extendido y vendido en ópticas y en webs. Un extra que empobrece la experiencia visual, por el que se ve peor, y que además tenemos indicios objetivos de que podría acelerar la miopía. Y podría incluso afectar al ciclo del sueño y hacernos dormir peor.

¿Qué conclusión debemos llegar? Contraindicación absoluta del filtro para el azul. No deberían venderse. Con la información que tenemos en la actualidad, todo oftalmólogo y todo optometrista debería desaconsejar su uso. En una situación de honestidad ideal, los optometristas que trabajan en ópticas no deberían venderlo.

Siendo objetivos, es probable que los efectos perjudiciales que acabo de nombrar sean de alcance escaso. Incluso mínimamente relevantes. Porque el filtro de luz azul realmente filtra muy poca luz azul. Si realmente bloqueara una parte importante del espectro del violeta y azul, la imagen sería tan pobre, veríamos tan mal los colores, que la gente no los compraría. Es una mera técnica de marketing, que quita muy poco porcentaje de azul. «Amarillea» algo la imagen, pero para una persona que preste poca atención al tema de los colores se acostumbra en seguida (para fotografos, pintores, diseñadores y profesionales semejantes, esto no es poca cosa, pero para la población general, no lo notan mucho). De la misma manera que si la luz azul fuera peligrosa, estos filtros apenas nos protegerían, ahora que sabemos que bloquear el azul es perjudicial, estos filtros puede que sean poco dañinos.

Pero eso no invalida la conclusión de no recomendar su uso. De forma general y para toda la población, no deberían utilizarse, ya que:

  • Estamos engañando a la gente. Si un optometrista o (peor todavía, en mi opinión) un oftalmólogo recomienda los filtros del azul, está arrastrando por el suelo su credibilidad profesional. Y contribuyendo a que la gente no se fíe de los profesionales de la salud y de la ciencia en general.
  • Tenemos razones para pensar que es perjudicial. Incluso aunque el efecto sea pequeño (no lo sabemos), puede ser acumulativo. Hablamos que normalmente se llevan las gafas todo el tiempo, durante años y años.
  • No hay ningún beneficio. Si una persona necesita un filtro cromático concreto por circunstancias muy específicas, se venden y utilizan desde hace tiempo. Cuando está indicado para mejorar el contraste en ciertos escenarios, se pueden utilizar. Y como son filtros potentes, tendrán su efecto beneficioso (mejorar el contraste, por ejemplo) de verdad. Y cuando no son necesarios estos filtros cromáticos, te quitas estas gafas «coloreadas» y te pones las normales.

Hace poco en Twitter hablé del tema y pregunté por optometristas que sean críticos con el uso del filtro azul. Me alegré porque me contestaron varios afirmativamente. Sé que la optometría es una profesión que en mi medio está afectada por un conflicto de intereses en este campo concreto. Las empresas que hacen las lentes y las grandes franquicias de óptica están promocionando estos filtros. Están de moda, y cada vez más. El optometrista que trabaja en la óptica se ve en cierta medida «atrapado» en esta maquinaria comercial. Así que fue una alegría encontrarme unos optometristas que se manifestaron en Twitter en contra de ello.

No he encontrado ningún artículo de blog, publicación en redes sociales, o podcast de algún optometrista que haya cogido el toro por los cuernos y se haya posicionado contra el filtro azul. Si alguno sabe de alguna publicación al respecto, estaré encantado de actualizar este post con enlaces. Creo que este tema es tanto de oftalmología como de optometría, y hay optometristas honestos y científicos que también divulgan. Así que, si alguien me ayuda en este particular, se lo agradezco.

Conclusiones

Ha sido un artículo largo. Espero que no muy denso; en cualquier caso, gracias por llegar hasta el final y leerme. Creo que son temas de alto interés para casi toda la población, y la norma es que la gente no esté bien informada. Es difícil romper una inercia comercial, como comentaba antes, y los profesionales, individualemente, no tenemos mucha fuerza para cambiar las cosas. Pero por lo menos yo intento poner mi granito de arena.

 


(*) De hecho el asunto es más complejo todavía, ya que los cálculos para colocar la graduación en la gafas se basan en las distancias entre el centro del cristal, el centro del sistema óptico ocular y la retina central. Pero la retina periférica, al formar una curva cóncava, cambia todos los cálculos. Así para saber cómo va el enfoque de la imagen desde la periferia del cristal a la periferia de la retina es más complejo que lo que he explicado. Pero esta circunstancia no invalida lo que explico después: cuando desviamos el eje visual del centro de la lente y miramos con la mácula por la parte periférica del cristal, estamos teniendo una imagen central, con máxima resolución, con una graduación hipocorregida.

 

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6 Comments

  1. Gerardo
    9 septiembre, 2019

    Hola
    Soy optometrista. Te compro el argumento de la falta de credibilidad de los filtros para la luz azul. Pero en el tema del tratamiento antirreflejante te has confundido pero de pleno.
    El tratamiento antirreflejante no sirve para reducir los destellos de los faros de los coches por la noche, es un argumento que tenemos que insistir contínuamente a los clientes que se piensan que es para eso. Ese tratamiento sirve para eliminar los reflejos que produce la luz artificial en los propios cristales de las gafas. Al eliminar estos reflejos el ojo no los tiene en su camino y trabaja de forma más limpia. Por no decir de las ventajas estéticas, haciendo que su cara y sus ojos se vean mejor por los demás al no tener esos feos reflejos.
    De otras polémicas sobre quién es el profesional que más sabe de un campo o de otro no entraré en detalle porque nadie nos va a entender y no nos vamos a poner de acuerdo nunca.
    Ojalá puedas publicar mi comentario.
    Gracias

    Responder
    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      La luz artificial y la luz natural no se diferencian en su esencia: son fotones. Los «reflejos» son circunstancias concretas de iluminación de alto contraste, que se pueden producir tanto por luz natural como artificial. Sí es cierto que es más frecuente que se produzca por luz artificial, en circunstancias de «destellos» como los faros de un coche, u otro tipo de «flashes».
      Sin embargo, la iluminación artificial, per se, no produce destellos ni hay beneficio por el antirreflejos. Precisamente las condiciones de iluminación artificial normalmente está bien medida y calibrada, y se pretenden crear entornos lumínicos homogéneos, sin intensidades altas ni excesivos contrastes.

      Por desgracia se «demoniza» la luz artificial como mala, y la natural como buena, y es una falacia. Pero funciona, porque sirve para vender, por ejemplo el antirreflejos, a personas que ignoran cómo funciona de verdad las cosas. Ya he comentado el problema de los conflictos de intereses que hay en este tema. Da la sensación que el argumento que planteas se basa en eso: vender el antirreflejos sin ninguna base científica. Estaría encantado de leer algún estudio donde establece claramente (más allá del obvio efecto placebo) que para la luz artificial, como concepto propio, se beneficia de los antirreflejos. Como parece que estás muy seguro con tu postura, seguro que los podrás aportar.

      A falta de datos objetivables, tu postura parece más la de un vendedor que la de un científico. Ah, y los pseudoargumentos de autoridad («soy optometrista») y lo que dejas puesto entre líneas en el último párrafo («las gafas es nuestro territorio, no os metáis los oftalmólogos») tampoco aporta mucho.

      Responder
  2. Javi Santos
    9 septiembre, 2019

    Muchísimas gracias por este artículo. No soy profesional, pero sí usuario de gafas (aunque con muy baja graduación), y mi mujer de lentillas y gafas, con sus buenas dioptrias de miopía. Así que como usuarios, este tipo de artículos son tremendamente útiles.
    No te ha quedado largo, te ha quedado claro y contundente. Y ya son muchos los artículos que te he leído y que me han dado muy buena información, así que gracias y enhorabuena.
    Javi

    Responder
    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      Gracias a ti por el comentario y por leerme. Me alegro que sirva de ayuda.

      Responder
  3. Trurl
    9 septiembre, 2019

    Echo de menos una mención al tratamiento antiadherente. Muy bien al principio pero con cada pasada de paño va desapareciendo, aparte de que tengo curiosidad por saber si produce algún efecto visual. Venden un tratamiento con teflón que hace de antirreflejante, antirrayado y antiadherente todo en uno. Por otro lado, se supone que hay que tener cuidado con los productos que se usan para limpiar los cristales con tratamiento antirreflejos porque algunos pueden deteriorarlo, pero eso pocos lo dicen cuando te están vendiendo la gafa.

    Según las páginas web de algunos de los grandes del sector (franquicias y cadenas) en lo que se refiere a los extras todo son ventajas. Es más fácil encontrar explicaciones honestas en páginas de ópticas pequeñas, donde el texto está escrito por el óptico y no por un departamento de márketing.

    Un saludo.

    Responder
    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      Hay más extras: antiadherente, antilipídico, fotocromático, etc. Tampoco quería que quedara un artículo demasiado largo y me he detenido en los extras que he creído más importantes. Y sí, hay un problema con las empresas que venden todo este tema. Por eso quiero aportar para que la gente esté mejor informada.

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