Propiedades «extras» de las gafas

[Actualización (26/10/19): En base a la aportación de varios optometristas, he cambiado varios datos del artículo. Existe todavía disponibilidad de cristales minerales en España (infrecuente, pero todavía se pueden vender). El beneficio del antirreflejante frente al deslumbramiento (glare) que inicialmente lo daba por demostrado, ante la carencia de estudios clínicos de calidad que lo apoyen, queda solo como una posible ventaja teórica, pero no demostrada.

La mayor modificación está en la sección sobre cristales asféricos (titulada «De qué no vamos a hablar»), que la he reescrito casi por completo. Agradezco la información de Jorge Ares en la corrección de errores. Es una parte del artículo poco relevante para el lector habitual, pero ha sido una gran oportunidad para mí para aprender cosas nuevas.]

Hoy vamos a hablar de un tema práctico que genera dudas a una parte de usuarios de gafas. O a futuros usuarios, que van a a la óptica a comprar sus primeras gafas, y no saben qué son todos esos «extras» adicionales que se pueden poner en los cristales. También hay una parte importante de usuarios que no están especialmente preocupados por saber qué son esas características añadidas, y simplemente «lo ponen todo» pensando que cuanto más características lleven las gafas (y por lo tanto, más pagan), mejor.

Componentes de unas gafas

Empecemos por lo básico. Lo principal de unas gafas es su graduación. Las dioptrías de cada uno de los dos cristales. Podemos hablar de miopía, hipermetropía, astigmatismo. También de miopía y astigmatismo combinados, y lo mismo con la hipermetropía y el astigmatismo. Nunca puede haber hipermetropía y miopía en el mismo cristal. Además de esta graduación, que está definida para una distancia, normalmente para lejos, las personas con vista cansada tienen que incluir una «adición» para distancia cercana. Esto en el caso de gafas progresivas o bifocales.

Luego hay que montar los cristales en las gafas pero colocando el centro de la lente justo delante del ojo. Para ello hay que saber la distancia interpupilar (los milímetros que hay entre el centro de cada pupila). Este dato se va haciendo cada vez más conocido para la gente, por las personas que encargan gafas por internet y necesitan saber este dato.

Finalmente, elegiremos montura, una que «nos guste» pero también que no nos moleste, que no esté muy suelta y que coloque cada cristal bien centrado delante de cada ojo. No solo debe primar la estética, sino la comodidad y de que su uso sea adecuado. Las gafas no son solo una moda y un complemento a nuestra imagen. Lo principal es (debería ser) su función visual.

Cuando está ya todo eso, debemos entonces lidiar con unas «propiedades extra», con unas características adicionales de los cristales, o unos tratamientos que se pueden aplicar de forma opcional a estos. Aquí es donde pueden entrar las dudas. Porque lo principal, la graduación, lo ha realizado el oftalmólogo o el optometrista. El usuario no debe preocuparse de ello. Sin embargo, estos extras adicionales, en general tiene que decidir cuáles poner y cuáles no. Muchas veces sin saber bien para qué sirve cada uno y hasta qué punto es necesario.

También ocurre que no decide él y el que le atiende en la óptica (optometrista o no) es el que, digamos, decide por el usuario. Y eso tampoco es correcto, ya que el usuario debe estar informado de cualquier peculiaridad de cualquier prótesis que use, aunque sea una prótesis externa como unas gafas. De la misma manera que cuando un paciente va a someterse a una cirugía, el médico debe explicarle los pormenores para que éste decida con libertad, un usuario que va a comprarse unas gafas también deberá estar informado de las características de dichas gafas, para que pueda decidir qué «extras» se pone y cuáles no.

¿Un oftalmólogo hablando de gafas?

Evidentemente un oftalmólogo gradúa y prescribe gafas. De hecho, en una parte concreta de pacientes, como en niños y en ciertas enfermedades, es el único profesional que debería hacerlo. Pero, en cuanto a las propiedades del cristal en sí, ¿no debería ser el optometrista el encargado de hablar de ello? ¿Tiene sentido que un oftalmólogo hable de estos temas, o debería ser un terreno exclusivo del optometrista, y por tanto el oftalmólogo no «meterse»?

El oftalmólogo es el médico especializado en el sistema visual, así que nada que tenga relación con la salud y las enfermedades de los ojos le es ajeno. Por hacer un simil: sobre lentes de contacto y sus complicaciones, el que más sabe es el oftalmólogo (porque es su competencia y es el que trata dichas complicaciones). Así que cualquier peculiaridad de las gafas que pueda afectar o no a la salud de los ojos, cae en el terreno del médico que se dedica a ello.

Dicho de otra manera, cuando un usuario tiene una duda de si tal o cual «extra» o tratamiento sobre el cristal de gafas tiene algún efecto sobre la salud de sus ojos (si efectivamente es conveniente, o no tiene efecto real en la salud, o incluso es contraproducente), es el oftalmólogo el que puede informarle sobre ello. ¿Eso significa que el optometrista no puede informarle también? Claro que sí, y si ambos especialistas están bien informados, son honestos y no se dejan influenciar por los conflictos de intereses, deberán coincidir. Pero si afinamos, el optometrista controla más la parte técnica, física, de diseño de cristal, materiales, índices de refracción, etc, y el oftalmólogo el que más sabe sobre hasta qué punto estas propiedades previenen una enfermedad, o suponen algún cambio a mejor o peor para la salud visual.

De qué no vamos a hablar

En este artículo no vamos a desmenuzar cada una de las características de las gafas. Primero para no ponernos muy técnicos y que el artículo salga muy largo y difícil de «digerir» (atención spoiler: el artículo ha quedado largo a pesar de mis esfuerzos). Y también porque hay características que no se dejan como opcionales para elegir por el comprador, así que salen del enfoque práctico del post.

Un ejemplo de esto último es el diseño no esférico de las lentes actuales. Sobre la asfericidad ya hablé en un artículo del blog, en aquella ocasión de la asfericidad del sistema óptico del ojo (córnea y cristalino). Para el tema de hoy, la consecuencia del diseño asférico de un cristal de gafas (la curvatura de la superficie de la lente varía entre la zona central y la periférica) tiene diferentes consecuencias.

 

Por una parte, obtenemos ventajas:

  • Aumenta mucho la «libertad de diseño» del que se dispone para la lente. Una misma graduación con el diseño clásico esférico, la curvatura y el grosor de la lente no se puede personalizar mucho. Se puede jugar con el índice de refracción (lo de «reducir el cristal» que explicamos un poco más abajo), pero de forma limitada. Pero si hacemos un cristal asférico, podemos personalizar mucho más: obtener cristales más planos, incluso más delgados, sin usar la reducción por el índice de refracción.
  • Esta libertad de diseño nos permite gafas más «bonitas»: cristales más planos, podemos controlar más el grosor de la lente, tanto en el centro como en la periferia. Será más fácil adaptar diferentes monturas, incluso podríamos reducir algo el peso.
  • En casos concretos, sobre todo en altas graduaciones en hipermetropías, podemos mejorar el rendimiento visual periférico de la lente. ¿A qué me refiero?. Todas las lentes de las gafas, sean esféricas o asféricas, están pensadas para que el ojo esté alineado con el centro de la lente. Es decir, hay que mirar por el centro geométrico de ésta. Por eso es tan importante el cálculo de los centros de los cristales, para que cuando utilicemos las gafas miremos por el centro o muy cerca de éste. Pero claro, estamos constantemente moviendo los ojos, desplazando el eje visual por secciones diferentes de las gafas. Cuando nuestra mirada cruza el cristal lejos del centro, aparecen alteraciones de la graduación y aberraciones ópticas. Vemos peor por la parte periférica de la lente. Este problema, inevitable, en el caso de hipermetropías altas, se puede mitigar en el caso de un buen diseño asférico. Un hipermétrope alto, cuando mira por la periferia de la gafas, va a ver peor que cuando mira por el centro. Pero si lleva un cristal asférico bien diseñado, montado y personalizado, este problema se reducirá.

Pero también tiene desventajas:

  • El diseño asférico debe seleccionarse con cuidado, personalizando bastante para cada persona. Esto parece una obviedad y se aplica a cualquier tipo de diseño de lentes, pero es que la lente asférica es más sensible que la esférica a una mala personalización. Para evitar que el diseño de la lente asférica haga más mal que bien se requiere hacer un análisis óptico-físico que no es trivial. Para una personalización completa se requeriría cierta información (la distancia entre la lente y el centro de rotación del ojo que en la práctica no se puede medir.
  • Por otra parte, los cristales deben estar correctamente montados y colocados. Es decir, aunque los cálculos y el diseño de la lente sea el correcto para ese ojo, si luego la lente no se coloca exactamente donde se ha calculado que debe estar, las cosas irán mal.
  • Si se hace todo bien, el rendimiento visual periférico (lo que comentábamos de cuando miramos por la periferia de la lente) es similar al diseño clásico esférico. Incluso, en casos seleccionados, mejoramos ese rendimiento.
  • Pero como decíamos antes, esta lente asférica es más sensible a una mala elección de diseño, o un montado subóptimo. Si no se hacen bien las cosas, el rendimiento visual periférico se afecta mucho, quedando peor que las lentes clásicas esféricas.

Para subsanar el primer punto, los fabricantes de lentes ya ofrecen diseños asféricos aconsejados para las «situaciones estándar», asumiendo una distancia entre el eje de giro del ojo y la lente que correspondería a la media poblacional. Así que, aunque no tenemos medidas concretas para cada paciente, estadísticamente nos acercamos bastante y es una buena solución para la mayoría de casos. Todavía existe el peligro de un mal centrado de las gafas. En cualquier caso, para graduaciones bajas, los pequeños errores de centrado y pequeñas variaciones en la distancia ojo-lente son menos importantes.

Sin embargo, para graduaciones altas los pequeños errores sí se notan. Ya no solo en el problema final de centrado y colocación de la lente: en ojos que están anatómicamente más lejos de estas medidas de referencia ojo-lente, el problema ya no depende de que el optometrista monte mejor o peor el cristal: el error ya es previo, en el propio diseño. En estos casos el optometrista debe estar muy atento. Debe ser capaz de encontrar estos «ojos atípicos», o afinar mucho con el centrado. Si no, estamos sacrificando calidad visual al elegir el diseño asférico.

En resumen: los cristales asféricos ofrecen mayor libertad de diseño, lo que se traduce normalmente en lentes más planas y delgadas, y esto a su vez ofrece una mejoría estética y más fácil adaptación de monturas. Pero implica más responsabilidad en la elección del cristal y el montado. No tengo datos de hasta qué punto, en la práctica, los cristales asféricos están bien o mal elegidos o montados, y hasta que punto puede afectarse (empeorar, mantener igual, o incluso mejorar) el rendimiento visual de estos cristales con respecto a los esféricos.

En cualquier caso, como no es una opción que decida el cliente, no vamos a hablar más del tema. Sólo una última recomendación: vamos a intentar no obsesionarnos por unas monturas muy concretas o unos cristales excesivamente finos o reducidos. Este tipo de exigencias obligan al optometrista a «forzar» el diseño del cristal, lo que puede empeorar el rendimiento visual.

Cristales minerales y orgánicos

Los cristales de las gafas, antiguamente, eran «cristales de verdad». Vidrio que se podía romper. Y se rompía. Resistente a las rayaduras, pero frágil. Estos cristales minerales están en franco desuso, hasta el punto que en mi medio apenas se utilizan.

Los cristales que se usan ahora son llamados orgánicos, digamos que son «de plástico», para entendernos. Un material más ligero que el mineral y además no se rompe. El que sea ligero es una ventaja importante, sobre todo para graduaciones altas. Que las gafas pesen no es un problema menor: pueden producir marcas, molestar o incluso doler, y además se pueden ir «escurriendo» por el puente de la nariz hacia abajo. Unas gafas ligeras en general (y hasta cierto límite) son mejores que unas pesadas.

Otra ventaja crucial: no se rompen con un golpe normal. Sí, si nos empeñamos con un martillo, nos costará, pero lo conseguiríamos. Pero un traumatismo que recibamos con las gafas puestas no romperá el cristal. Se romperá la montura, nos podemos hacer daños con el borde de la lente, pero eso siempre será menos peligroso que lo que ocurría con los cristales minerales. Con una lente de vidrio, un traumatismo no muy fuerte rompía el cristal en punzantes fragmentos que actuaban como cuchillos, y la inercia del golpe los lanzaba hacia el ojo. Y podían perforar perfectamente el párpado para llegar al globo ocular.

Sin lugar a dudas, el cambio de cristales minerales a orgánicos es a mejor. No todo son ventajas: los orgánicos se rayan más que los minerales. Pero en global el cambio es a mejor. Tampoco es una opción disponible para el usuario, pero aquí hay poca controversia. Los cristales minerales están obsoletos si hay acceso a la variante orgánica a un precio competitivo.

Cristales reducidos

Ahora ya empezamos con el meollo del artículo. Como opción, en la óptica o cuando compramos las gafas por internet, podremos decidir el grado de reducción de las lentes. Esto tiene que ver con el índice de refracción. Una lente es un medio transparente que desvía la luz, la refracta. Cuanta más graduación tiene una lente, más tiene que refractar la luz. Y eso se consigue de dos maneras:

  • Que la lente tenga un mayor índice de refracción
  • Que la lente sea más gruesa

Para una lente de un material concreto, con un índice de refracción fijo, a más graduación el cristal será más grueso. Lentes más gruesas, gafas más pesadas, incómodas y hasta cierto punto antiestéticas. Puede ser que el cristal sea tan grueso que sea difícil montarlo en según qué monturas.

Así que para graduaciones bajas no hay mucho problema, pero para graduaciones altas, usar lentes con índices de refracción mayores nos permite que los cristales no sean tan gruesos. El problema es que, cuanto mayor índice de refracción, más caras. Pero en general compensa cuando, debido a la graduación, los cristales van a quedar demasiado gruesos. Como decíamos antes en el apartado de los cristales minerales: que las gafas sean ligeras y cómodas es importante.

Para el que quiera algunos números, vamos a ofrecer unas cifras orientativas. Hablaremos de dioptrías de miopía o hipermetropía.

  • Para graduaciones bajas, de hasta dos dioptrías, no se requeriría reducir el cristal, y se usa un índice de refracción «normal» de 1.5
  • Para graduaciones entre 2 y 4 dioptrías  se aplicaría un primer grado de reducción al cristal, con un índice de refracción de 1.6.
  • Entre 4 y 6 dioptrías aplicamos mayor reducción, con un índice de 1.67
  • Para dioptrías mayores de 6, aplicaríamos una reducción «máxima» (dentro del circuito comercial normal) con un índice de 1.74

Estos valores son aproximados. Si uno tiene una graduación de 1.75 dioptrías pero por el tipo de montura o diseño de las gafas quiere tener unas cristales especialmente finos puede reducírselos. Por otra parte, no son indicaciones absolutas. Supongamos que compramos las gafas a un niño con alta graduación, y las reducimos convenientemente. Pero queremos comprar unas gafas de repuesto, por si se estropean las principales, para que esos días que estén reparándolas, no esté sin usar la graduación. Los padres pueden decidir que las gafas de repuesto no estén reducidas. Son más antiestéticas y menos cómodas, pero son para uso «de emergencia», digamos. Como las ruedas de repuesto de los coches, que no están pensadas para usarlas de continuo sino para sacarnos de un apuro. En un contexto como este, puede tener sentido ahorrarnos un dinero en no reducir unos cristales.

Pero en general, cuando está indicada la reducción de los cristales, tiene todo el sentido hacerlo. Las gafas que pesan y son incómodas no se llevan. Y las gafas que no se llevan correctamente no hacen su función.

Antirreflejos

El tratamiento antirreflejante, también llamado antideslumbrante, es un extra muy utilizado. De hecho en algunas webs de venta de gafas es una opción que meten por defecto, de forma «gratuita». Entrecomillo esto último porque nada es gratuito, simplemente no te dan la opción de no ponerlo, y evidentemente que se cobra. En las ópticas también varía: en general es un extra que sí es optativo, y te lo cobran si así lo quieres poner. Como explicaré a continuación, me parece mal que no te den la opción de no poner el antirreflejante, tanto en una óptica como si las encargas por internet. Y no solo por poder decidir no pagar un «extra» que no quieres. Pero me estoy adelantando.

El tratamiento antirreflejos tiene principalmente una ventaja estética. Cuando miramos a una persona con gafas, con frecuencia ocurre que  la fuente de luz ambiental (la ventana, una lámpara) se refleja en el cristal, y vemos mal los ojos del usuario de gafas. En las fotografías pasa lo mismo, el reflejo sobre los cristales dificulta o impide ver los ojos de la persona, y eso es poco estético. El tratamiento antirreflejos elimina este problema casi por completo.

[Nota: curiosamente, con los actuales diseños asféricos las lentes son más planas, por lo que son más sensibles al efecto inestético que estamos comentando, y por eso la mejoría estética del antirreflejante es mayor ahora que con las gafas antiguas. Las lentes de diseño clásico, las esféricas, son más curvas, y en ese sentido pueden ser «menos bonitas», pero esa propia superficie curva la protege contra el problema de los reflejos.]

Hay una posible ventaja adicional del tratamiento antirreflejante, y es una especie de «protección» frente al deslumbramiento en circunstancias concretas: cuando hay una fuente de luz directa en nuestro campo visual con un marcado contraste de intensidad con respecto al entorno. Es decir, una luz muy brillante como los faros de los coches por la noche, un flash, el reflejo de la luz solar en una superficie, etc. Hablamos del término inglés glare.

Digo que es una ventaja teórica porque como propiedad física, el tratamiento antirreflejante sí se obtiene una disminución de esa dispersión de la luz de alta intensidad, aunque leve. Este «glare» se puede calcular y medir, y haciendo números sí hay una discreta mejoría. Por otra parte, también hay testimonios recogidos de personas que están más cómodas con el antirreflejante para estas situaciones. Sin embargo no he encontrado artículos científicos que hayan demostrado la eficacia real (en personas) de este tratamiento frente a los deslumbramientos. El mejor rendimiento «matemático» de estos cristales podría ser irrelevante en la vida real, para el ojo humano. Y la situación de «preferencia» o «comodidad» que describen un número relevante de usuarios de estas lentes se pueden explicar por el efecto placebo, por ejemplo. Por eso decía que la ventaja frente al deslumbramiento es solo teórica, una hipótesis, pero no la podemos dar por demostrada. [Nota: lo que sí puede funcionar para un subtipo concreto de los deslumbramientos son los cristales polarizados.]

Así que, siendo realistas, el tratamiento antirreflejos lo podemos situar simplemente como una mejoría estética.

Lo que me parece más importante destacar ahora: lo que el antirreflejante no hace. Por desgracia, no es infrecuente que se le atribuya al antirreflejante más ventajas de las que tiene. Como si ello protegiera tu vista en general, y te diera ventaja en muchas otras situaciones. Lo he visto recomendar para estudiar, para el ordenador y las pantallas, y situaciones parecidas. A veces se afirma que en estas circunstancias, muy habituales, el antirreflejo es de utilidad. Y realmente aquí el antirreflejante no sirve para nada. Ni siquiera hay una justificación plausible o fisico-matemética porque no son situaciones que se produzcan deslumbramientos como los hemos definido antes. Como mencionábamos antes, no hay literatura científica que apoye el uso de este antirreflejante, ni en situaciones más extremas de «glare», ni por supuesto en las circunstancias habituales de iluminación normal.

El tratamiento antirreflejante tiene desventajas:

  • Las gafas son más caras. En general no mucho más.
  • Los cristales son más sensibles al deterioro y las rayaduras. Por desgracia, es algo que no se suele explicar. Y es un factor muy importante, que el comprador debería conocer.

El resumen, es un tratamiento que solo tiene ventajas estéticas y hace el cristal más delicado. Así que hay que pensarse si poner el antirreflejo o no. Lo mismo que antes decía que reducir el cristal, cuando está indicado, debería ser la norma, salvo excepciones, con el antirreflejante no es así. Hay que tomar la decisión de forma individual.

Vamos a poner dos ejemplos más o menos paradigmáticos. Por una parte tenemos un adulto que encarga unas gafas que le van da durar, previsiblemente, varios años. Y es cuidadoso con las gafas, espera que no se le van a rayar o deteriorar, porque no las deja en cualquier sitio y de cualquier manera, y procura que no se le caigan. La ventaja estética está ahí, no vamos a negarla.

Vamos al otro extremo. Tenemos a un niño que necesita usar las gafas. Supongamos que es pequeño, o bastante movido. Los niños juegan, las gafas se caen, no las cuidan como un adulto. Si de por sí se van a deteriorar más, con el antirreflejos se pueden estropear antes. Además, si no las cambias por ello, como está en crecimiento puede que la graduación le cambie pronto y haya que cambiar pronto los cristales.

En función de la economía familiar y lo que quieran los padres, la opción del antirreflejante puede ser interesante, o no. Si los padres tiene una situación económica desahogada  y quieren pagar ese extra por el tema estético, aun a sabiendas de que las gafas se pueden deteriorar antes, perfecto. No se trata de que el antirrreflejante sea malo, se trata de estar bien informado de sus ventajas y desventajas.

Pero puede que la situación económica sea peor, y ya no solo porque pagas el extra en el momento de adquirir las gafas: es que se pueden estropear antes, y por tanto tener que cambiarlas. Y eso es una cantidad de dinero importante. Lo que está mal, y por desgracia es frecuente, es que esa familia no esté correctamente informada de lo superfluo del antirreflejante, y de que su uso puede impactar de forma negativa en la economía familiar. Probablemente en esta situación la parte estética quede en un segundo plano. Y estén gastándose un dinero pensando que es «mejor para su hijo», y no es así.

Entre estos dos casos extremos hay todo un abanico de casos intermedios. Deberá ser el comprador el que elija, bien informado.

Antirayadura

Es un tratamiento que añade resistencia al cristal. Al igual que el antirreflejo, en muchos sitios es un extra «barato» o incluso se incluye de serie. En principio no tiene desventajas, salvo el tema del precio (nuevamente, cuando se incluye directamente, no es que sea gratuito, es que ya te lo cobran sin que te den opción a no ponerlo).

Volviendo al caso extremo de un niño que trata mal las gafas, no hay tratamiento antirayadura que sea a prueba de repetidas caídas al suelo, pisotones, etc. En caso de gafas que se van a tratar mal, y te interesa ajustar el precio, igual el antirayadura no sale tan rentable. Y en caso que preveamos cambios de graduación pronto, lo mismo que decíamos con el antirreflejo: valorar si merece la pena invertir dinero en un extra superfluo para una gafas que va a durar poco tiempo.

Filtro de luz azul

He dejado lo mejor para el final. Hasta ahora el resumen sería:

  • Cristal reducido: en general, sí.
  • Antirayadura: no esperes milagros, pero si son gafas que van a durar, es una opción.
  • Antirreflejo: cuidado, tiene ventajas, menos de las que parecen, pero importantes desventajas. Pensarlo bien en gafas que no van a durar unos años.

Con el filtro azul la conclusión va a ser muy diferente, y a la vez clara y simple. Pero empecemos por el principio.

Las gafas con filtro azul bloquean una pequeña parte del espectro de luz visible más energético: la zona del violeta y el azul. Se venden como gafas «para el ordenador», o «para las pantallas». En la hipótesis de que las pantallas tienen un exceso de luz azul que es malo para nuestros ojos. Así que en las ópticas y en las webs que venden gafas ofrecen como un extra más este filtro para que nos llegue menos luz azul y violeta a los ojos. Incluso se promocionan gafas sin graduación, solo con el filtro azul, para que las usemos con el ordenador y otras pantallas.

Sobre la luz azul hemos hablado en el blog y en el podcast mucho, durante años. No voy a repetirme, aquí tienes un artículo resumen con toda la información enlazada. Sintetizando, la luz azul no es mala, no daña nuestra visión, no perjudica nuestra retina, no produce degeneración macular. Tampoco es peligrosa para los niños. No tiene tampoco ningún sentido que nos protejamos de la luz azul con las pantallas, cuando recibimos más luz azul al aire libre que delante de un ordenador, móvil o tablet.

Bueno, ya no es solo que la luz no sea mala, y que al poner el filtro azul nos gastemos un dinero para nada. El tema va más allá. Al quitar algo de luz del espectro del azul-violeta, se empobrece nuestra experiencia visual. Nos quitan una pequeña parte del espectro cromático. El blanco se amarillea, los colores se «estrechan» hacia la gama de los tonos cálidos, perdiendo los matices de los colores fríos. Es decir, se ve peor.

Pero podemos seguir avanzando. El año pasado estuve hablando de la miopía y de posibles formas de frenarla. Sabemos que las actividades al aire libre en niños y adolescentes miopes frenan levemente la progresión de su miopía. Hay fuertes indicios de que el efecto está producido por la intensidad de la luz solar. La luz natural, que tiene más energía que la artificial, en un ojo en crecimiento, parece que tiene un papel protector. En aquel artículo estuve especulando de que «restar energía» con un filtro azul es precisamente lo contrario que necesitan estos niños y adolescentes. Por lo tanto serían contraproducentes. Era una hipótesis que lanzaba en aquel momento, hace más de año y medio, en base al conocimiento que tenemos de la miopía, aunque sin evidencia directa. Una hipótesis plausible, razonable, pero pendiente de demostrar. Pues bien, hace menos de dos semanas tuve acceso a un artículo científico que añade peso a esta hipótesis: indicios de que efectivamente la luz de alta energía (violeta y azul) cumple un papel determinante frenando la miopía.

Hablemos ahora del ritmo circadiano y la luz azul. Se ha postulado recientemente que la exposición a luz azul poco antes de dormir puede dificultar el sueño. Y que bajar la cantidad de luz azul antes de dormir favorecería el sueño. Este tema lo explico con detalle en este otro post del blog. El caso es que ese punto no se ha demostrado en humanos, y tiene serios problemas de plausiblidad. Lo que se ha demostrado es que la falta de luz azul durante el día sí puede dificultar que durmamos por la noche. Es decir, bloquear el azul durante el día puede ser malo, aunque quieren convencernos que bloquearlo antes de dormir va a ser bueno. Tengamos en cuenta que los sistemas que quitan el azul de las pantallas y se activan poco antes de dormir (cambio de la paleta cromática por software), solo nos quitan el azul de la pantalla y solo antes de dormir. Bueno, probablemente sea una medida inútil, pero no parece probable que sea perjudicial. Y hay gente que le gusta esos colores cálidos de la pantalla antes de dormir. No tenemos argumentos para desaconsejar esta práctica, aunque no tenga utilidad.

Pero con las gafas con filtro azul el escenario es diferente: nos bloquean los rayos azules y violetas durante todo el día, en caso de que llevemos las gafas para todo. No solo para las pantallas, y no solo un rato antes de dormir. Todo el día. Por lo que sabemos del ciclo sueño-vigilia, podría afectar a dicho ciclo y dificultar nuestro descanso.

En resumen, ¿qué escenario tenemos ahora?. Pues un filtro de luz azul, que se vende cada vez más, enormemente extendido y vendido en ópticas y en webs. Un extra que empobrece la experiencia visual, por el que se ve peor, y que además tenemos indicios objetivos de que podría acelerar la miopía. Y podría incluso afectar al ciclo del sueño y hacernos dormir peor.

¿A qué conclusión debemos llegar? Contraindicación absoluta del filtro para el azul. No deberían venderse. Con la información que tenemos en la actualidad, todo oftalmólogo y todo optometrista debería desaconsejar su uso. En una situación de honestidad ideal, los optometristas que trabajan en ópticas no deberían venderlo.

Siendo objetivos, es probable que los efectos perjudiciales que acabo de nombrar sean de alcance escaso. Incluso mínimamente relevantes. Porque el filtro de luz azul realmente filtra muy poca luz azul. Si realmente bloqueara una parte importante del espectro del violeta y azul, la imagen sería tan pobre, veríamos tan mal los colores, que la gente no los compraría. Es una mera técnica de marketing, que quita muy poco porcentaje de azul. «Amarillea» algo la imagen, pero para una persona que preste poca atención al tema de los colores se acostumbra en seguida (para fotografos, pintores, diseñadores y profesionales semejantes, esto no es poca cosa, pero para la población general, no lo notan mucho). De la misma manera que si la luz azul fuera peligrosa, estos filtros apenas nos protegerían, ahora que sabemos que bloquear el azul es perjudicial, estos filtros puede que sean poco dañinos.

Pero eso no invalida la conclusión de no recomendar su uso. De forma general y para toda la población, no deberían utilizarse, ya que:

  • Estamos engañando a la gente. Si un optometrista o (peor todavía, en mi opinión) un oftalmólogo recomienda los filtros del azul, está arrastrando por el suelo su credibilidad profesional. Y contribuyendo a que la gente no se fíe de los profesionales de la salud y de la ciencia en general.
  • Tenemos razones para pensar que es perjudicial. Incluso aunque el efecto sea pequeño (no lo sabemos), puede ser acumulativo. Hablamos que normalmente se llevan las gafas todo el tiempo, durante años y años.
  • No hay ningún beneficio. Si una persona necesita un filtro cromático concreto por circunstancias muy específicas, se venden y utilizan desde hace tiempo. Cuando está indicado para mejorar el contraste en ciertos escenarios, se pueden utilizar. Y como son filtros potentes, tendrán su efecto beneficioso (mejorar el contraste, por ejemplo) de verdad. Y cuando no son necesarios estos filtros cromáticos, te quitas estas gafas «coloreadas» y te pones las normales.

Hace poco en Twitter hablé del tema y pregunté por optometristas que sean críticos con el uso del filtro azul. Me alegré porque me contestaron varios afirmativamente. Sé que la optometría es una profesión que en mi medio está afectada por un conflicto de intereses en este campo concreto. Las empresas que hacen las lentes y las grandes franquicias de óptica están promocionando estos filtros. Están de moda, y cada vez más. El optometrista que trabaja en la óptica se ve en cierta medida «atrapado» en esta maquinaria comercial. Así que fue una alegría encontrarme unos optometristas que se manifestaron en Twitter en contra de ello.

No he encontrado ningún artículo de blog, publicación en redes sociales, o podcast de algún optometrista que haya cogido el toro por los cuernos y se haya posicionado contra el filtro azul. Si alguno sabe de alguna publicación al respecto, estaré encantado de actualizar este post con enlaces. Creo que este tema es tanto de oftalmología como de optometría, y hay optometristas honestos y científicos que también divulgan. Así que, si alguien me ayuda en este particular, se lo agradezco.

Conclusiones

Ha sido un artículo largo. Espero que no muy denso; en cualquier caso, gracias por llegar hasta el final y leerme. Creo que son temas de alto interés para casi toda la población, y la norma es que la gente no esté bien informada. Es difícil romper una inercia comercial, como comentaba antes, y los profesionales, individualemente, no tenemos mucha fuerza para cambiar las cosas. Pero por lo menos yo intento poner mi granito de arena.

 

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10 Comments

  1. Gerardo
    9 septiembre, 2019

    Hola
    Soy optometrista. Te compro el argumento de la falta de credibilidad de los filtros para la luz azul. Pero en el tema del tratamiento antirreflejante te has confundido pero de pleno.
    El tratamiento antirreflejante no sirve para reducir los destellos de los faros de los coches por la noche, es un argumento que tenemos que insistir contínuamente a los clientes que se piensan que es para eso. Ese tratamiento sirve para eliminar los reflejos que produce la luz artificial en los propios cristales de las gafas. Al eliminar estos reflejos el ojo no los tiene en su camino y trabaja de forma más limpia. Por no decir de las ventajas estéticas, haciendo que su cara y sus ojos se vean mejor por los demás al no tener esos feos reflejos.
    De otras polémicas sobre quién es el profesional que más sabe de un campo o de otro no entraré en detalle porque nadie nos va a entender y no nos vamos a poner de acuerdo nunca.
    Ojalá puedas publicar mi comentario.
    Gracias

    Responder
    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      La luz artificial y la luz natural no se diferencian en su esencia: son fotones. Los «reflejos» son circunstancias concretas de iluminación de alto contraste, que se pueden producir tanto por luz natural como artificial. Sí es cierto que es más frecuente que se produzca por luz artificial, en circunstancias de «destellos» como los faros de un coche, u otro tipo de «flashes».
      Sin embargo, la iluminación artificial, per se, no produce destellos ni hay beneficio por el antirreflejos. Precisamente las condiciones de iluminación artificial normalmente está bien medida y calibrada, y se pretenden crear entornos lumínicos homogéneos, sin intensidades altas ni excesivos contrastes.

      Por desgracia se «demoniza» la luz artificial como mala, y la natural como buena, y es una falacia. Pero funciona, porque sirve para vender, por ejemplo el antirreflejos, a personas que ignoran cómo funciona de verdad las cosas. Ya he comentado el problema de los conflictos de intereses que hay en este tema. Da la sensación que el argumento que planteas se basa en eso: vender el antirreflejos sin ninguna base científica. Estaría encantado de leer algún estudio donde establece claramente (más allá del obvio efecto placebo) que para la luz artificial, como concepto propio, se beneficia de los antirreflejos. Como parece que estás muy seguro con tu postura, seguro que los podrás aportar.

      A falta de datos objetivables, tu postura parece más la de un vendedor que la de un científico. Ah, y los pseudoargumentos de autoridad («soy optometrista») y lo que dejas puesto entre líneas en el último párrafo («las gafas es nuestro territorio, no os metáis los oftalmólogos») tampoco aporta mucho.

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  2. Javi Santos
    9 septiembre, 2019

    Muchísimas gracias por este artículo. No soy profesional, pero sí usuario de gafas (aunque con muy baja graduación), y mi mujer de lentillas y gafas, con sus buenas dioptrias de miopía. Así que como usuarios, este tipo de artículos son tremendamente útiles.
    No te ha quedado largo, te ha quedado claro y contundente. Y ya son muchos los artículos que te he leído y que me han dado muy buena información, así que gracias y enhorabuena.
    Javi

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    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      Gracias a ti por el comentario y por leerme. Me alegro que sirva de ayuda.

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  3. Trurl
    9 septiembre, 2019

    Echo de menos una mención al tratamiento antiadherente. Muy bien al principio pero con cada pasada de paño va desapareciendo, aparte de que tengo curiosidad por saber si produce algún efecto visual. Venden un tratamiento con teflón que hace de antirreflejante, antirrayado y antiadherente todo en uno. Por otro lado, se supone que hay que tener cuidado con los productos que se usan para limpiar los cristales con tratamiento antirreflejos porque algunos pueden deteriorarlo, pero eso pocos lo dicen cuando te están vendiendo la gafa.

    Según las páginas web de algunos de los grandes del sector (franquicias y cadenas) en lo que se refiere a los extras todo son ventajas. Es más fácil encontrar explicaciones honestas en páginas de ópticas pequeñas, donde el texto está escrito por el óptico y no por un departamento de márketing.

    Un saludo.

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    1. Ocularis
      9 septiembre, 2019

      Hay más extras: antiadherente, antilipídico, fotocromático, etc. Tampoco quería que quedara un artículo demasiado largo y me he detenido en los extras que he creído más importantes. Y sí, hay un problema con las empresas que venden todo este tema. Por eso quiero aportar para que la gente esté mejor informada.

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  4. […] Propiedades «extras» de las gafas: el artículo que tienes que leer si te interesa el tema de hoy. Explica en detalle todos los temas que hablamos en el episodio. […]

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  5. Optometrista
    17 octubre, 2019

    En este artículo hay varios datos erróneos. El primero decir que la luz azul frena la miopía, cuando realmente la hipótesis es que la luz solar, con el espectro completo que incluye la luz azul, previene la miopía(lo cual no hay esa evidencia científica que tanto te gusta) .
    Por otro lado, decir que la luz artificial es igual a la luz natural. La luz se mide en lumens, y la cantidad de lumens que tiene la luz solar es mucho mayor que la sala mejor iluminada.

    El antirreflejante es una capa sobre la lente que evita que se refleje la luz sobre ella ya que esto provoca luces parásitas. Por ende, la visión es mucho más nítida. Y decir que las lentes son más sensibles a las rayaduras por llevar antirreflejante es totalmente erróneo. Es igual de sensible, solo que al ser una lente con la que se ve más nítido se notara antes el deterioro.

    Entiendo cómo oftalmológo que no has visto como se monta una gafa, mucho menos montarla tu mismo. Ya que no solo influyen las dioptrías en escoger un índice o otro, sino el tamaño de la montura o el tipo de montura.

    También te informo que los cristales minerales se siguen fabricando y vendiendo en la España de 2019. Por desgracia para altas graduaciones tenemos pocos cristales donde escoger.

    Finalmente, me parece muy grave tu falta conciencia profesional al no reprochar comprar gafas por internet. Las gafas, que son un producto sanitario dispensado por un óptico. Con esta solo definición y en base a la falta de formación de los oftalmologos en lentes oftálmicas este artículo es incursionismo profesional.

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    1. Ocularis
      25 octubre, 2019

      En este artículo hay varios datos erróneos. El primero decir que la luz azul frena la miopía, cuando realmente la hipótesis es que la luz solar, con el espectro completo que incluye la luz azul, previene la miopía(lo cual no hay esa evidencia científica que tanto te gusta).

      Lee bien el artículo porque lo dejo muy claro: «Una hipótesis plausible, razonable, pero pendiente de demostrar. Pues bien, hace menos de dos semanas tuve acceso a un artículo científico que añade peso a esta hipótesis: indicios de que efectivamente la luz de alta energía (violeta y azul) cumple un papel determinante frenando la miopía.» Y añado el enlace al artículo.

      Por otro lado, decir que la luz artificial es igual a la luz natural. La luz se mide en lumens, y la cantidad de lumens que tiene la luz solar es mucho mayor que la sala mejor iluminada.

      En el artículo explico precisamente que la luz natural es en general más intensa que la artificial. Pero lo que haces es desviar la atención: al margen de la intensidad, y del reparto cromático, la naturaleza de la luz es la misma. Un fotón es exactamente el mismo, da igual la fuente. En el post explico que la luz artificial no es mala per se, y no exige medidas especiales de protección. Al revés: como es menos intensa, es menos peligrosa para producir quemaduras agudas en córnea o retina. Ese es el contexto de la explicación.

      El antirreflejante es una capa sobre la lente que evita que se refleje la luz sobre ella ya que esto provoca luces parásitas. Por ende, la visión es mucho más nítida. Y decir que las lentes son más sensibles a las rayaduras por llevar antirreflejante es totalmente erróneo. Es igual de sensible, solo que al ser una lente con la que se ve más nítido se notara antes el deterioro.

      Falso, el antirreflejo no aporta visión más nítida. No es una cosa que me invente yo, me he documentado antes de escribir el artículo. Si sabes de algún artículo científico que apoye tu opinión, estaré encantado de leerlo, porque para mí que no hay.

      Y el antirreflejos es más sensible, porque es un tratamiento superficial que está por delante de las gafas, y no posee la resistencia del propio cristal, aunque sea orgánico.

      Entiendo cómo oftalmológo que no has visto como se monta una gafa, mucho menos montarla tu mismo. Ya que no solo influyen las dioptrías en escoger un índice o otro, sino el tamaño de la montura o el tipo de montura.

      Lo explico en el artículo: «pero por el tipo de montura o diseño de las gafas quiere tener unas cristales especialmente finos puede reducírselos». Da la sensación que no lo has leído bien y con tus comentarios solo buscas atacar.

      También te informo que los cristales minerales se siguen fabricando y vendiendo en la España de 2019. Por desgracia para altas graduaciones tenemos pocos cristales donde escoger.

      Bueno saberlo. Gracias por la información. Por lo menos tenemos algo provechoso del comentario.

      Finalmente, me parece muy grave tu falta conciencia profesional al no reprochar comprar gafas por internet. Las gafas, que son un producto sanitario dispensado por un óptico. Con esta solo definición y en base a la falta de formación de los oftalmologos en lentes oftálmicas este artículo es incursionismo profesional.

      Entiendo que te enfades, también entiendo el importante conflicto de intereses que implica para muchos optometristas admitir que la venta de gafas por internet es:
      – Legal
      – Una alternativa perfectamente válida

      Voy a poner un ejemplo para que se entienda bien. Muchas lágrimas artificiales han salido fuera del circuito «normal» de medicamentos y son productos sanitarios, que se pueden vender en otros establecimientos además de las farmacias. Se pueden comprar por internet, pero de forma legal en España, además de supermercados, etc. Si yo planteo, informo y divulgo esta posibilidad, igual un farmacéutico se enfada conmigo, porque entonces hay gente que no va a la farmacia a comprar las lágrimas artificiales, porque están más baratas por otro lado.

      Mi responsabilidad no es proteger los intereses económicos de otros profesionales, como farmacéuticos u optometristas. Mi responsabilidad es con el paciente. La misma marca de lágrima artificial comprada en una farmacia o en Amazon tiene el mismo efecto en el ojo, ¿por qué no voy a informar a mis pacientes o al público general?

      Lo mismo pasa con las gafas. Claro que comprarlas en la óptica tiene algunos valores añadidos. Pero hay un problema: no están financiadas y son muy caras. Tenemos a personas con dificultades económicas para comprar o renovar gafas. O simplemente que no quieren gastarse lo que piden por un producto que es realmente mucho más barato. Sí, si se te afloja una patilla de una gafa que compras por internet, te lo tienes que arreglar tú, pero si la gafa cuesta la quinta parte, pues igual le merece la pena a mucha gente.

      Entiendo que da miedo que el mercado no esté bien sujeto para mantener el negocio de las ópticas, y se esté liberalizando. Pero habrá que adaptarse.

      Eso no es «incursionismo profesional» (supongo que hablas de intrusismo). El oftalmólogo es el médico encargado de la salud visual del paciente. Nada relacionado con su salud visual le es ajeno. A algunos les encantaría mantenernos alejados para seguir haciendo negocio a costa de la salud del paciente. La labor del oftalmólogo en este sentido es defender al paciente de algunas prácticas abusivas de otros sanitarios.

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