Luz azul y ritmo circadiano (II)

By | 13 septiembre, 2015

Continuamos con el tema que empezamos sobre la relación de la luz azul con el ritmo circadiano. Tal como explicamos en el artículo anterior, vamos a enfocarnos en los dos aspectos que permiten incluir una afirmación o una hipótesis en el contexto de medicina basada de ciencia, que explicamos el otro día. Los dos conceptos que tenemos que buscar para poder dar una afirmación como fiable son: las pruebas (evidencias) y la plausibilidad. Quizás la forma más lógica de analizar el tema es comenzar con la plausibilidad biológica: partir del conocimiento previo que tenemos del tema sobre los ritmos circadianos en general y el ciclo sueño/vigilia en particular. Al fin y al cabo, aunque nos queda mucho por saber, es cierto que tenemos ya identificados diversos sustratos anatómicos, rutas y circuitos neurológicos, etc. Luego deberíamos tener en cuenta realidades relacionadas con el tema: hay diversas y frecuentes circunstancias en las que partes importantes de la población mundial están sometidas a cambios en la percepción de luz azul, y podemos observar la presencia o carencia de trastornos en su ciclo de sueño. Y también al revés: ya que los trastornos del sueño en sí mismos son un problema frecuente, qué papel juega la luz azul en ellos.

Sin embargo, me parece más adecuado comenzar por la otra parte. Es decir, las pruebas o las evidencias que apoyan esta hipótesis. Eso nos permitirá introducirnos en el tema de forma más gradual. Sin mucho conocimiento del funcionamiento de nuestros ritmos circadianos, sino simplemente con un poco de espíritu crítico, podemos ir analizando las evidencias a favor y en contra. Conforme vayamos desgranando la información disponible, iremos mejorando nuestro conocimiento. De manera que para el próximo artículo tengamos unas nociones más concretas de cómo funciona de verdad nuestros ritmos circadianos, y así poder hablar de la plausibilidad biológica.

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La hipótesis

Conviene recordar cuál es esta “hipótesis de moda”, la que demoniza en cierta manera las fuentes de luz artificial como las pantallas (de ordenador, móvil, tablet, etc), e incluso las luces LED en general. La idea se basa en los siguientes pasos:

  1. Se conoce un circuito entre la retina y la glándula pineal (una pequeña glándula en el cerebro que sintetiza una hormona llamada melatonina), de forma que hay una conexión entre la exposición de luz azul y producción de melatonina. Esta relación es inversa: la luz azul bloquea la liberación de melatonina, y la ausencia de luz azul produce un aumento de su liberación.
  2. Hay pruebas que relacionan la melatonina con el ritmo circadiano sueño/vigilia.
  3. Durante el día, incluyendo las últimas horas antes de dormir, la luz azul bloquea la liberación de melatonina. Eso ocurriría en mayor medida en los casos en los que la fuente de luz tiene más componente azul: iluminación LED “fría”, pantallas, etc.
  4. Ese mayor bloqueo de la melatonina por la luz azul antes de dormir influiría negativamente para dormir.
  5. Suprimir la luz azul unas horas antes de dormir (mediante gafas amarillas o naranjas que filtran la luz, o cambiando las fuentes de iluminación) mejoraría nuestro ciclo sueño/vigilia.

Si admitiéramos que hay suficientes pruebas para dar por válidos los puntos 1 y 2, el punto 3 parece una consecuencia lógica. Es decir, si se ha demostrado por una parte la relación entre melatonina y luz azul, y por otra parte entre la melatonina y el ciclo sueño/vigilia, parece evidente que el uso de pantallas antes de dormir va a modificar nuestro ritmo circadiano. El paso del punto 3 al 4 también parece obligatorio: comparado con la situación “normal” de exposición a luz azul, el uso de pantallas o iluminación artificial “fría” antes de dormir supone una anomalía por su “exceso de azul”, por lo que alterará negativamente nuestros ritmos. Y por último, llegar al paso 5 parece obvio: si impedimos la llegada de esa luz azul “anómalamente alta” las horas antes de dormir, recuperaremos la forma “natural” en la que recibimos luz, y eso tiene que mejorar nuestro ciclo. Obsérvese que entrecomillo muchos términos, luego volveremos a ello.

Pero para los que dan esta hipótesis por buena, entienden que si aportan evidencia científica para demostrar los puntos 1 y 2, el resto son una consecuencia lógica y obligatoria, por lo que darían por demostrado el punto 5. Es decir, si hay estudios que encuentran una relación inversa entre exposición al azul de los ojos y síntesis de melatonina, y por otra parte estudios que encuentran una relación entre melatonina y el ciclo sueño/vigilia, ya hay apoyo científico para ponerse unas gafas naranjas un rato antes de dormir.

Y el caso es que esos estudios existen. Hay que matizar un poco, pero lo cierto es que sí que hay esas dos relaciones: luz azul con la melatonina, y melatonina con ritmo circadiano. Y sin embargo, usar gafas naranjas antes de dormir no tiene sentido alguno de acuerdo con lo que sabemos en la actualidad. Veamos por qué.

Limitaciones de la hipótesis

Repasemos de nuevo los 5 puntos, y veamos las fallas de este modo de pensar:

  • El propio punto 1, la relación entre luz azul y melatonina. Se ha demostrado que, como factor aislado, la exposición a luz azul inhibe la liberación de melatonina, y viceversa (la ausencia de luz azul se asocia a mayor liberación de esta). Estos experimentos establecen esta relación, y además, ya que conocemos la ruta neurológica concreta (axones de células ganglionares de la retina hacen sinapsis en la glándula pineal). Pero eso no quiere decir que sea el único factor que regula la liberación de melatonina. Ni siquiera establece que sea el factor principal. La glándula pineal no es un tejido aislado que sólo está conectado con estas fibras nerviosas que vienen de la retina. Está aproximadamente en el centro del cerebro, en el epitálamo, y recibe numerosas conexiones nerviosas de su entorno; es decir forma parte del núcleo del propio sistema nervioso central, y no sabemos exactamente qué papel tienen esas conexiones. Vale, conocemos la información que recibe de la retina, pero no sabemos qué papel juegan las demás conexiones. ¿Le llegan fibras del lóbulo occipital, que es donde se gestiona la información visual?. Si fuera así, la información visual en general, y no solo la luz azul, tendría un papel relevante en liberación de melatonina. ¿Recibe información del tálamo, que está justo debajo de la glándula?. El tálamo es la “estación central” de (casi*) toda la información sensorial que recibe nuestro cerebro. ¿Los sonidos o la información táctil tiene la misma o más relevancia que los estímulos visuales?. Además de todas las conexiones cerebrales que desconocemos, sí que sabemos que la glándula pineal recibe inervación autónoma, tanto simpática como parasimática. Esto quiere decir que llegan fibras nerviosas tanto del sistema simpático (el que nos mantiene alerta, el que genera las respuestas de lucha o huída, el relacionado con la adrenalina), y también del sistema contrario, del parasimático (el que regula nuestro sistema digestivo, el que predomina cuando estamos relajados y descansamos). ¿Nuestro estado de alerta o de relajación regula de forma predominante la melatonina?. Las rutas nerviosas están ahí.

 

  • Aun con las pegas que acabo de poner, vamos a suponer que realmente la luz azul fuera el estímulo principal que regula la melatonina. Pasemos al punto 2. ¿Hay pruebas que relacionan el ciclo sueño/vigilia con la melatonina?. Sí, principalmente en estudios de animales relativamente alejados evolutivamente de nosotros, pero hay una relación. Ahora bien, sucede lo mismo que lo que decíamos antes: ¿esa relación es de causa-efecto?. Podemos suponer que la melatonina dirige o modifica el ritmo circadiano, o bien al revés: es el ritmo circadiano el que (además de la luz azul) influye en la liberación de melatonina. Y aun suponiendo que sea lo primero (es decir, la melatonina la que influye en el ritmo), no sabemos si esa modificación es relevante en la la realidad. La mayor parte de los estudios a este nivel nos hablan de experimentos en roedores y otros animales con un sistema nervioso sustancialmente diferente del nuestro.

 

En síntesis, los experimentos realizados que han encontrado una relación entre luz azul y ciclo sueño/vigilia, siendo la melatonina la hormona que media, dan indicios de que la luz azul puede tener algún papel. Obsérvese que pongo en cursiva “puede” y “algún”. Es decir, puede no tenga un papel relevante o significativo.

Pero sigamos adelante con el resto de los puntos. Así que demos otro salto de fe, y sólo con el propósito de continuar analizando la hipótesis, supongamos que efectivamente la luz azul tiene un papel relevante en nuestro ciclo sueño/vigilia.

 

  • Pasemos al punto 3: el usar luz artificial “fría” o pantallas cuando estamos despiertos, incluidas las horas antes de dormir, haría que la liberación de melatonina esté más inhibida que si usáramos fuentes de luz sin azul. Si estamos suponiendo que la luz azul tiene un papel relevante en el ciclo de la melatonina, damos esta afirmación por cierta.

 

  • El problema viene al pasar del punto 3 al 4: ¿El que la melatonina esté inhibida antes de dormir afecta negativamente a nuestro sueño?. ¿De verdad?. ¿Por qué?. Es curioso que en los diferentes artículos a favor de esta hipótesis, apenas justifican este paso. Se considera como que lo “natural” es que recibamos poca luz azul antes de dormirnos, y lo “artificial” o lo “anómalo” es lo contrario. Pero pensemos un poco: durante las últimas décadas en los países desarrollados, en donde la luz artificial era de incandescencia, principalmente amarillenta, es cierto que la proporción de azul recibida en las horas nocturnas era menor. Y durante la historia reciente de la humanidad, la fuente “artificial” de luz que hemos utilizado ha sido el fuego, tanto en forma de hoguera, lámparas de aceite o velas. El fuego tiene también una proporción de azul escasa en comparación con las fuentes de luz modernas. Pero estas consideraciones sobre las bombillas de incandescencia o el fuego no reflejan el estado “natural” del ser humano, no reflejan para nada las condiciones evolutivas que han ido configurando nuestra especie. Por la noche, tras irse el sol, la luz natural viene de la luna y las estrellas, y esta iluminación es la que durante millones de años ha condicionado la evolución de nuestro sistema visual y nervioso. Esta luz tiene un alto componente de azul, proporcionalmente mayor que cualquier pantalla de dispositivo electrónico o LED “frío”. No es casualidad que el fotorrreceptor de la retina que nos permite ver en condiciones de poca luz tenga su mejor sensibilidad en el espectro del azul, es precisamente la gama de la luz nocturna natural. Si somos estrictos, la luz amarillenta con poco azul es mucho menos natural, más alejado del entorno en el que hemos evolucionado, que la luz de los LEDs o de las pantallas. Una luz “fría” con alto componente de azul, es más parecida a la iluminación fría blancoazulada de la naturaleza por la noche, el medio nocturno en el que hemos evolucionado. En este caso, la luz amarillenta del fuego o las bombillas tradicionales son mucho más artificiales o antinaturales.

 

  • Aunque no tenemos ningún indicio de que la luz azul repercuta negativamente en nuestro ciclo sueño/vigilia, sigamos adelante al último punto. Supongamos de nuevo que sí, que la luz azul antes de dormir fuera mala. El punto 5 afirmaría que unas gafas amarillas o naranjas, o bien un cambio de la fuente de iluminación, usados un tiempo antes de dormir, mejoraría nuestro ciclo sueño/vigilia. Nuevamente estaríamos dando un salto de fe; no se trata de una conclusión lógica y obligatoria. No hay estudios directos que demuestren que restringiendo el azul mejore nuestro ciclo sueño/vigilia (de hecho algunos estudios van por el sentido inverso, luego hablaremos de ello). Hay que tener en cuenta que esas formas de bajar la proporción de azul no son absolutas: solo bajas un porcentaje, una proporción del espectro del azul. ¿Hasta cuánto debes bloquearlo?. Si lo bloqueas demasiado, empobreces mucho la imagen, al fin y al cabo el azul es un color primario. ¿Y cuánto tiempo antes de dormir debes filtrar el azul? ¿Una hora, dos?. Antes de poder afirmar que tales gafas amarillas o naranjas, o tales luces “cálidas” son mejores para tu ritmo de sueño, hay que hacer estudios directos. No te puedes basar en un análisis de sangre de una hormona, o en lo que le pasa a los roedores.

 

Investigación básica y aplicada

En el fondo de todo este malentendido subyace un problema que ya es antiguo, y del que ya hemos hablado alguna vez en el blog. La medicina es una ciencia aplicada, por sí sola no tiene fundamento sin la física, la química o la biología. Es decir, se fundamenta en principios físicos, químicos y biológicos para establecer sus postulados. Estas ciencias y las relacionadas (bioquímica, genética, etc) son los pilares básicos que cimentan y hacen avanzar a la medicina, que sería la ciencia aplicada que se nutre de las otras. Por lo tanto, una investigación médica se debe apoyar en mayor o menor medida en las ciencias básicas.

Así, en el ámbito de investigación médica, las cosas funcionan así. Está la investigación básica: bioquímica, genética, biología molecular, etc, de aspectos relevantes de enfermedades humanas. Los resultados de la investigación básica proporcionan hipótesis de trabajo sobre rutas metabólicas, mecanismos fisiológicos o posibles fármacos, que nos permiten entender mejor el funcionamiento de nuestro cuerpo, y abren esperanzas para nuevos tratamientos.

En un segundo tiempo llega la investigación aplicada. Basándose en los hallazgos y descubrimientos proporcionados desde la investigación básica, el investigador clínico diseña experimentos y ensayos en donde se pueda evaluar esa nueva molécula descubierta, donde se pueda medir o estudiar esa posible ruta metabólica que se ha propuesto en el laboratorio. De las muchas líneas de investigación que surgen desde la investigación básica, la investigación aplicada descarta la mayoría de ellas, modifica o apunta nuevos datos sobre otras líneas (que nuevamente volverán al laboratorio para seguir trabajando), y unas pocas se verán confirmadas. Estas últimas, las que han surgido como hipótesis desde las ciencias básicas, y luego ha recibido pruebas favorables en el humano real, son las que pueden acabar materializándose en nuevos tratamientos, o en conocimiento sólido de nuestro cuerpo humano.

¿Es más importante la investigación básica o la aplicada?. No hay ninguna más importante, las dos deben coexistir y complementarse. La investigación aplicada sólo avanza en función de lo avanzadas que estén las ciencias básicas. Por ejemplo, nuestro conocimiento de las enfermedades hereditarias y los posibles tratamientos están limitados a lo avanzada que esté la genética y en nuestra capacidad de trabajar con los genes. Y por otra parte, la investigación básica no ofrece conocimiento directo del cuerpo humano, sólo establece hipótesis de trabajo, ofrece líneas de investigación que deben probarse en condiciones reales.

En el caso concreto que nos ocupa, los artículos científicos que parecen apoyar la restricción de la luz azul antes de dormir entrarían en el ámbito de investigación básica. Estudios en animales, medidas de melatonina en sangre tras exponer a la luz. Esa investigación está bien para ir aclarando qué papel exacto juega la melatonina en nuestros ritmos circadianos. Pero no nos permiten sacar conclusiones prácticas. No se trata de estudios de trastornos del sueño y gafas naranjas, no estamos midiendo directamente las variables.

Sé que cuesta entender esta separación entre ciencias básicas y ciencias aplicadas si no estás acostumbrado a leer artículos de investigación. He simplificado un poco el tema, realmente entre la ciencias básicas (investigación in vitro) y la investigación aplicada en humanos (investigación in vivo, sobre todo ensayos clínicos aleatorizados) hay un espectro continuo de pasos intermedios. Y el “flujo de ideas” no sólo va del laboratorio a la experimentación en humanos, también puede ocurrir al revés. Lo que quiero dejar claro es que hay formas muy diferentes de investigar, pero solo cuando experimentas directamente en las condiciones más realistas, sin necesidad de suposiciones, obtienes datos fiables como para llevarlo a la práctica.

Un ejemplo práctico

Si alguno de mis queridos lectores se han informado del tema a través de internet, se habrá dado cuenta que hay bibliografía que de alguna manera apoya a los que están a favor de esta hipótesis de restringir la luz azul para antes de dormir. Es decir, que hay artículos científicos a favor de ellos, mientras que parece no haber evidencia en contra. De los diferentes artículos voy a poner como ejemplo este de aquí(1) se trata de una revisión bastante exhaustiva del tema que repasa casi 400 artículos, explica buena parte de lo que sabemos del funcionamiento del ciclo sueño/vigilia y su relación con la luz en general, y con la luz azul en particular. Es un artículo de menos de 1 año de antigüedad, por lo que es bastante reciente, está realizado en España, y está disponible a texto completo para el público general. Finaliza dando unas recomendaciones, entre ellas está precisamente en la línea de restringir la luz azul que viene de los dispositivos electrónicos y LEDs:

Since our recently acquired lifestyle habits seem to require illumination at night, new lighting technologies using the favorable spectrum and intensity should be developed to preserve circadian system functioning both at night and during the day inside buildings

Debido a que nuestros hábitos de vida adquiridos recientemente parecen requerir iluminación por la noche, deben desarrollarse nuevas tecnologías de iluminación que utilicen un espectro e intensidad adecuados para garantizar un buen funcionamiento del ritmo circadiano tanto de noche como de día dentro de los edificios

Para averiguar qué ha llevado a los investigadores a esta conclusión, debemos navegar en el texto del artículo, y nos encontramos estas frases:

[…] To worsen the problem, the internet, email, video games and television also contribute to later bed times, as well as to expose to light-emitting diode (LED) screens, which have been shown to suppress melatonin secretion and disrupt sleep

Para empeorar el problema, [el uso de] internet, correo electrónico, videojuegos y televisor también contribuye a ir a la cama más tarde, y también a la explosión de pantallas LED, las cuales han demostrado suprimir la secreción de melatonina y alterar el sueño.

Y esta última frase es la fundamental. Nos habla de internet, correo electrónico, videojuegos, televisor, y pantallas LED, y nos dice que alteran el sueño. Y para realizar esta afirmación se apoyan en otro artículo (2), que en realidad habla del efecto de usar el teléfono móvil hasta tarde por la noche afecta al sueño. No habla de luz azul, ni compara el uso de móvil restringiendo la luz azul.

Nadie discute que ver el televisor o estar con el ordenador o el móvil hasta altas horas de la noche altere el ritmo circadiano, ya que están haciendo una actividad que te mantiene despierto mientras tendrías que dormir. También se puede razonar con muchos argumentos a favor que el uso nocturno del móvil, la tablet o el ordenador, que son más interactivos y adictivos, pueden alterar más el ritmo circadiano que leer un libro. Es más fácil “engancharse” a esas actividades con los dispositivos electrónicos, y la actividad cerebral es bastante diferente (requiere interacción y toma de decisiones) que la lectura, que a muchas personas les permite relajarse y “desconectar” de sus actividades diarias antes de dormir.

Pero el artículo no reúne pruebas de que el problema de los dispositivos electrónicos sea la luz “más azulada” que emiten en comparación con una iluminación más “cálida”. El uso de estos dispositivos antes de dormir supone un cambio radical de la actividad cerebral, pero están atribuyendo la alteración del sueño a la luz azul y la melatonina. Sin embargo, hay evidencias directas de que la atención y el interés inhibe el sueño, mientras que no hay evidencias de que la luz azul inhiba más el ciclo de sueño.

Un poco más adelante en el artículo podemos encontrar:

While most of light PRC studies have been performed with white light, a recent study evaluated the PRC obtained under blue light exposure (480 nm), reporting similar results

Mientras que la mayoría de los estudios sobre luz y curva de respuesta de fase [de la melatonina] se han realizado con luz blanca, un estudio reciente evaluó la curva de respuesta de fase obtenida mediante la exposición a luz azul, obteniendo resultados similares.

Es decir, la mayoría de los estudios que investigan cómo influye la exposición a la luz en la “curva de respuesta de fase” (que sería la respuesta de la liberación de la melatonina, para simplificar) utilizan luz blanca. Solo hay un estudio que investiga la luz azul, y encuentra resultados similares.

Y esto es lo que debería sorprendernos. ¿Resultados similares?. ¿No mayores?. ¿Por qué la luz blanca  estimula la producción de melatonina en igual medida que la luz azul?. ¿No se contradice con la afirmación de más arriba, que atribuía a la luz azul del LED una mayor alteración en la secreción de melatonina?. Si da igual luz blanca que luz azul en cuanto a la melatonina, ¿por qué demonizamos las pantallas electrónicas?. ¿Eso no nos indica que la hipótesis de que la melatonina se regula por la luz azul es incompleta?. ¿No será que la luz, en general y sin importar el color, al estimular por sí misma grandes áreas cerebrales, regula también el ciclo de la melatonina por rutas más complejas (más avanzadas evolutivamente, y por tanto más difíciles de investigar)?

Y en cualquier caso, y para sintetizar, no hemos encontrado el texto del artículo ninguna prueba que relacione directamente el uso de luz azul antes de dormir con trastornos del sueño. Así que a la conclusión de los investigadores que hemos citado más arriba, que aconseja desarrollar diferentes tecnologías de luz para no alterar nuestro ritmo circadiano, podríamos contestar:

Nuestro conocimiento actual de la regulación de la melatonina y su papel biológico es incompleto. A pesar de conocerse una ruta anatómica que relaciona la exposición a la luz azul con la inhibición de la secreción de melatonina, los resultados experimentales obtenidos no se explican sólo con este sistema de regulación, lo que hace sospechar una influencia del estímulo visual por otras vías todavía desconocidas. Por otra parte, la mayor parte de los estudios están realizados en modelos animales o en humanos en condiciones experimentales muy alejadas de la realidad (dilatación pupilar, estímulos luminosos fijos que inhiben la dinámica del control lumínico del ojo). Por lo tanto, los resultados experimentales actuales no pueden extrapolarse a la práctica.

Por otra parte no conocemos la influencia real del ciclo de la melatonina como regulador del ritmo circadiano sueño/vigilia. Otros factores como el ejercicio físico, el estrés, o el tipo de actividad cognitiva han demostrado influir igualmente. Las propias actividades visuales son un factor importante de confusión, ya que además de su posible papel regulador a través de la melatonina, es un estímulo de primer orden para la atención y la actividad cognitiva. Se precisan experimentos diseñados específicamente para determinar la influencia de cada uno de estos factores.

La publicación científica como canal de comunicación

Tras el pequeño análisis que he realizado del artículo, con los matices que apunto, ¿significa que es un artículo incorrecto, o mal realizado?. No, para nada. Se trata de un artículo largo y denso, con mucha información biológica válida. Simplemente pongo en relieve que no se pueden sacar conclusiones para nuestra vida diaria.

Y es que debemos entender que un artículo científico por sí mismo no es una prueba, no es una evidencia científica. Algunos artículos científicos, los menos, contienen evidencias que permiten realizar afirmaciones relevantes para la práctica clínica. La mayoría de los artículos científicos es un canal de comunicación, el modo en el que los investigadores dialogan entre sí, ponen en común sus hallazgos e hipótesis. De las innumerables hipótesis, hallazgos experimentales y resultados, otros investigadores van escogiendo las más relevantes para confirmarlas, someterlas a nuevas condiciones, y poco a poco las van acercando de las condiciones de laboratorio a la realidad del ser humano. Solo una minoría de las hipótesis propuestas se confirman. Y los investigadores que proponen hipótesis que jamás se confirman o incluso se descartan, no significa que sean malos científicos. La investigación funciona así.

Por lo tanto, aportar evidencias científicas para dar una hipótesis por válida no significa acumular artículos científicos en cuyas conclusiones ofrezcan ambiguas recomendaciones. Debemos profundizar un poco en el tema, leer los artículos y ver si realmente están sugiriendo una hipótesis (desde un concepto de investigación básica, de laboratorio), o bien están confirmando la hipótesis en condiciones cercanas a la realidad. Solo cuando se trate de esto último podemos empezar a plantearnos trasladar las conclusiones del artículo a la práctica. Y cuando es el caso, normalmente las conclusiones no son tan ambiguas, ofrecen datos más directos, como por ejemplo (y me invento los datos): “en los sujetos de nuestro estudio, una hora de lectura antes de dormir mediante una pantalla electrónica de luz blanca se asoció a una reducción del tiempo de sueño de 36 minutos de media, en comparación con el mismo experimento realizado con una pantalla que suprimía la luz azul pero mantenía el mismo nivel de iluminación total.”

La falacia de autoridad

Insisto mucho en cómo debemos tratar la información científica porque no todo lo que dice un científico o lo que escribe en un artículo constituye una evidencia. Son varios los comentarios que he recibido de personas que realmente creen que deben reducir la exposición de luz azul para dormir mejor, y se ven convencidos por el curriculum de los investigadores, y el número de artículos que parecen “demostrar” lo que afirman.

Lo cual está bordeando peligrosamente (si no entrando de lleno) en lo que se denomina falacia de autoridad. Es decir, porque lo diga tal o cual persona que tiene un prestigio, o que parece que tiene un buen curriculum investigador, no lo hace cierto. Para protegernos de esta falacia, la mejor forma (y la que más cuesta, lo sé) es profundizar en el tema: entender bien qué dice el investigador y en qué se basa. Leer las pruebas aportadas con espíritu crítico, lo que he ido haciendo en este post.

Pero entiendo que es un esfuerzo grande para muchos lectores y periodistas que se enfrentan a estas noticias. ¿Hay algún atajo para poder conceder o restar credibilidad a este tipo de noticias científicas en el ámbito médico?. Auténticos atajos no hay, la única forma de llegar a conclusiones válidas es invertir tiempo meterse de lleno en el tema, pero hay algunos trucos que deben hacer sospechar al escéptico inteligente. Estos trucos los voy a separar en dos apartados:

  • Los otros investigadores.
  • La investigación directa.

La investigación en medicina suele necesitar médicos

Parece de perogrullo, pero me llama la atención cómo a mucha gente no le resulta extraño que en estas noticias hablamos de salud, de trastornos de nuestro cuerpo, de aplicaciones beneficiosas o efectos perjudiciales, y muchas veces faltan investigadores médicos.

En concreto la noticia sobre el usar gafas naranjas (el que enlazaba en mi primer post) se basaba en las declaraciones de un antropólogo, una bióloga y una física. El primer autor del artículo que he analizado hoy se trata también de una bióloga. Lo cual es fantástico, son multitud de disciplinas las que necesita la medicina para avanzar, así que se necesita investigación de diferentes puntos de vista, de investigadores con formaciones diversas. Como ciencia aplicada, la medicina se nutre de la física, la biología, la genética, etc.

Pero hay algo más. Necesitamos confirmar las líneas de investigación que viene de las disciplinas básicas. Necesitamos experimentos y ensayos aplicables a la práctica clínica. Necesitamos médicos, personas que tienen un conocimiento más directo y práctico de la realidad del cuerpo humano y de sus trastornos. Lo mismo que debemos mantener el máximo respeto con los investigadores no médicos en el campo de la medicina, debemos respetar también a los médicos que también dedican su esfuerzo a investigar, y todos son esenciales.

Y aquí viene el truco que un lector con espíritu crítico puede aplicar cuando lee una noticia como la de las gafas naranjas. Se trata de prevenir los trastornos del sueño utilizando esas gafas de color antes de dormir, de acuerdo. Pero eso de los trastornos del sueño, ¿es algo nuevo o ya se conoce?. Lo del insomnio, y las alteraciones del ritmo sueño/vigilia, ¿es algo que puede tener relevancia en el ámbito médico?. ¿Se habrá investigado el tema, se habrán probado tratamientos?. Porque en la noticia un antropólogo y una bióloga nos dicen que tenemos que utilizar esas gafas, pero, ¿no han entrevistado a algún médico?. ¿Qué le parece tratar el insomnio con esas gafas?. ¿Lo han probado?.

Son preguntas pertinentes. Realmente los trastornos del sueño constituyen un problema muy frecuente, variado (el insomnio es lo más conocido, pero también la hipersomnia, el sonambulismo, la narcolepsia, etc), conocidos desde hace tiempo. Se trata de un problema real y antiguo que se lleva principalmente en la atención primaria, de manera que los especialistas con más contacto con el tema son los médicos de atención primaria. Como entidad, los trastornos del sueño quedan incluidos en el ámbito de la neurología, aunque hay desórdenes orgánicos de otro tipo (apnea del sueño, alteraciones endocrinas) que pueden producir problemas del sueño. Y también entra en el ámbito psiquiátrico. Aparte de la investigación que se realiza en atención primaria, sobre todo a nivel de tratamientos, existen unidades del sueño en diversos hospitales, y neurólogos especializados en la investigación y el tratamiento de estos problemas.

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Lo que pueden aportar neurocientíficos “no médicos” son ideas, proposiciones de tratamientos que luego los investigadores médicos, los neurólogos o médicos de atención primaria, puedan probar mediante ensayos clínicos. Si un biólogo, físico o antropólogo decide dar el salto y divulgar sus ideas o conclusiones, en vez de como preliminares en el ámbito de la investigación, como aplicables y válidas para el público general, sinceramente me parece una falta de humildad y poco respeto con la otra parte de la investigación, toda la parte clínica que lleva décadas buscando soluciones para los trastornos del sueño.

La investigación directa

Cuando uno lee la información de que debemos protegernos de la luz azul para proteger nuestro ritmo circadiano, nos explican que el mediador es la melatonina. Esa es la hormona que en mayor o menor medida influencia nuestro ritmo circadiano, y a su vez la secreción de melatonina se ve regulada por la luz. Uno cuando lee la noticia puede pensar que se trata de un descubrimiento novedoso, que lo de la luz azul y la melatonina se sabe recientemente, y no ha dado tiempo a investigar las consecuencias reales de lo que se acaba de descubrir. Pero no es así: la melatonina se conoce desde hace casi un siglo, la investigación de la melatonina como potencial tratamiento de diferentes enfermedades tiene unos 60 años de experiencia, y la conexión entre luz azul y la melatonina se conoce desde hace más de 20 años. Podemos sintetizar melatonina, otras moléculas con el mismo efecto biológico (agonistas) pero con mayor vida media (por lo tanto, con mejor potencial en investigación y tratamiento), y también moléculas que bloquean la acción de la melatonina (antagonista).

Por lo tanto, no es un descubrimiento novedoso que la luz azul se relaciona de alguna manera con la melatonina, y la melatonina de alguna manera con el ritmo sueño/vigilia. Por lo menos, en animales hay más evidencias, en humanos menos. Y esto lo conocemos desde hace mucho tiempo, así que ha dado tiempo a investigaciones clínicas. Sin embargo la noticia no es una investigación médica que anuncie (con gran alivio para la población) un tratamiento eficaz para el insomnio. Se trata de unos investigadores no médicos que nos aconsejan ponernos gafas naranjas o amarillas.

Porque ya puestos, si podemos sintetizar melatonina, imitar su efecto y bloquearla, ¿a nadie se le ha ocurrido realizar experimentos directamente con la melatonina (o su antagonista)?. Conseguiremos efectos más intensos, fáciles de medir y relevantes, si usamos directamente melatonina a la dosis que nos interese, en vez de intentar regular la luz para producir cambios más leves e impredecibles de la hormona. Pues evidentemente, a mucha gente se le ha ocurrido, y llevamos varias décadas con multitud de estudios sobre la melatonina. Que por cierto, no solo se ha querido relacionar con el ritmo circadiano: también se ha llamado “hormona de la juventud”, por una pretendida acción antioxidante que luego no se pudo demostrar. También tiene relación con la regulación de las hormonas sexuales, algo de influencia en trastornos psiquiátricos, etc. El caso es que multitud de experimentos con la melatonina y su posible influencia en los trastornos del sueño, los resultados son … discretos, por no decir decepcionantes. La gran mayoría de los trastornos del sueño no responden al uso de melatonina ni sus agonistas. La investigación del antagonista (la molécula que bloquea su efecto) ha tenido menos resultados aún. En algunas formas de trastornos del sueño sí ha tenido un efecto discreto, y en base a ello se permite su comercialización, pero no como fármaco sino como complemento dietético. A pesar de que se disponga de preparado comercial, casi no se usa en la práctica. Simplemente porque su influencia es poco más que anecdótica.

¿Qué conclusiones podemos sacar del uso de la melatonina?. Pues que de alguna manera influye en el ritmo circadiano, pues hay algunos casos en los que algo hace. Pero su efecto es tan limitado que el papel regulador de la melatonina debe ser muy secundario en el cuerpo humano. Si bien los experimentos con roedores y otros animales pueden sugerir un papel más relevantes de la melatonina, en humanos las investigaciones apuntan a lo contrario. Hay que tener en cuenta que el peso del cerebro de un rodedor es de unos 2 gramos, y el de un humano de unos 1.200 gramos. Los mecanismos “antiguos” o “primitivos” desde el punto de vista evolutivo que compartimos con el roedor pueden verse sobrepasados, bloqueados, o desplazados como irrelevantes por mecanismos más evolucionados de nuestro cerebro. Que es lo que explicábamos en el primer post sobre “mecanismos biológicos existentes pero irrelevantes”.

¿Y qué truco puede utilizar el lector crítico de estas noticias para no dejarse llevar por conclusiones precipitadas?. Uno se debe preguntar si se trata de un descubrimiento realmente novedoso, y si puede tener relevancia médica. Si no es un descubrimiento totalmente nuevo y podría tener aplicaciones médicas, si no hay investigaciones médicas “serias” que avalen lo que estamos leyendo, sería buena idea desconfiar.

Las evidencias de la luz en el ritmo circadiano

Ya que nos hemos desplazado al ámbito de las investigaciones médicas, con condiciones reales de trastornos del sueño y en humanos “auténticos”, veamos qué podemos leer al respecto. Encontramos indicios precisamente de lo contrario: el uso de luz “intensa” mientras estamos despiertos mejora nuestra atención y la calidad del sueño posterior, y puede ser eficaz como tratamiento de los trastornos del sueño (3). De hecho ya se realizan tratamientos de este tipo para tratar el insomnio.

Es decir, lo que se sabe (y lo que se realiza de hecho) en la actualidad es opuesto a los que proponen suprimir la luz azul. Cuando estamos despiertos y estamos realizando actividades conscientes que requieren nuestra atención, debemos utilizar luz intensa y brillante (luz azul si queremos tener en cuenta también el circuito retina-melatonina), para que durante el estado de vigilia, nuestras señales químicas, hormonas y circuitos cerebrales estén sincronizados con ese estado de vigilia. De esa manera, durante la vigilia estamos más atentos y despiertos. Y tras un estado de vigilia completo y sincronizado, llega un estado de sueño, que será adecuado y correcto.

Porque si estamos despiertos, con el cerebro realizando actividades que necesitan nuestra atención, y bloqueamos la luz azul para producir una hormona que sólo debe producirse cuando estamos dormidos, ¿realmente eso nos va a regular mejor nuestro ritmo circadiano, o más bien será al contrario?. ¿No producimos información equívoca a nuestro reloj biológico?. Nuestro cerebro está en una actividad que necesita nuestra atención, por lo que puede estar diciendo al reloj interno “mantente despierto”. Pero nuestra glándula pineal, mediante la melatonina (si admitimos que cumple un papel relevante), al no entrar luz al ojo (mentira, solo falta la azul, pero así engañamos a nuestro cuerpo), le va a decir al reloj interno “vete a dormir”. Es una información incorrecta, contradictoria, de los diferentes estímulos que deben ajustar el reloj biológico.

Sin mezclar churras con merinas

Realmente estamos mezclando conceptos diferentes. Pocos dudarán que para dormir bien y evitar el insomnio, estar enganchado con el móvil, la tablet o el ordenador hasta altas horas de la madrugada, no es una buena idea. Las recomendaciones clásicas para llevar un buen ciclo de sueño son conocidas y siguen siendo válidas: evitar estimulantes como el café unas horas antes de dormir, llevar un horario lo más regular posible para irse a dormir y levantarse a la misma hora, y evitar actividades de gran concentración o que nos pongan nerviosos el rato antes de meterse en la cama. Porque sabemos que la atención, el estrés, la ansiedad, y las actividades de cierta intensidad (tanto físicas como cognitivas) retrasan la relajación que necesitamos previa al sueño.

Actualmente, una gran parte de las personas que padecen insomnio de causa “situacional”, debido a no respetar estar normas clásicas, precisamente realizan actividades inadecuadas antes de dormir asociadas al uso de pantallas. En nuestro medio, esas son las actividades en las que solemos mantenernos en vela en vez de ir a la cama: televisor, ordenador, móvil, etc. Y para un investigador que estudia las rutas biológicas de la melatonina y el ritmo circadiano, resulta tentador intentar explicar el problema de insomnio asociado al uso intempestivo de dispositivos electrónicos gracias a sus conocimientos bioquímicos y biológicos, basándose en lo que sabe. Es difícil desde esa perspectiva hacerse una idea de lo que todavía nos queda por saber del control de los ritmos circadianos, y le falta el conocimiento más directo o global que tiene por ejemplo un médico de familia o un neurólogo que estén acostumbrados a tratar con trastornos del sueño. Por eso, cuando leemos opiniones de diferentes investigadores, debemos tener en cuenta el campo de conocimiento del que opina. Un experto en rutas metabólicas no es un experto en enfermedades.

La luz como regulador prescindible

Hemos visto que la luz sí que cumple un papel regulando el ritmo circadiano. Es mucho más dudoso que sea principalmente o únicamente la luz azul: posiblemente sea la información visual en general y la actividad cerebral que eso conlleva lo que activa y sincroniza nuestro reloj biológico. Pero en cualquier caso la luz cumple su tarea, y en situaciones en las que nos vamos rigiendo por ciclos de luz-oscuridad para sincronizar nuestro reloj interno, pero esos ciclos son inadecuados, podemos tener efectivamente trastornos del sueño. Eso se ha estudiado por ejemplo en las regiones polares, en donde la exposición de luz solar diurna es escasa (4). En estos casos puede ser útil aumentar la exposición de luz durante el estado de vigilia, incluso la luz azul puede tener un papel preferente (a falta de mejores estudios que lo confirmen). Lo que está claro es que no hay que hacer lo contrario, que es lo que proponen con la hipótesis de moda: suprimir el azul antes de ir a dormir. Lo que hay que hacer es ir a dormir si ya es hora, no ponernos unas gafas naranjas o amarillas (o poner un plástico amarillo al móvil) y con eso pensar que estamos haciendo algo bueno para nuestra salud.

Pero eso funciona así cuando efectivamente nuestro reloj interno se sincroniza en mayor o menor medida con los ciclos de luz-oscuridad. Sin embargo, nuestro sistema nervioso funciona bastante bien sin la luz; es capaz de sincronizarse con otros estímulos, en general sin mayores problemas. ¿De qué hablo?. De los invidentes. Si las hipótesis de la luz azul y la melatonina fuera el factor principal que regula nuestro ritmo circadiano, o bien fueran otros circuitos todavía desconocidos pero dependientes de la luz, entonces todas las personas ciegas deberían tener trastornos severos del sueño. Por lo menos, todos aquellos que tienen una ceguera que inhibe no sólo la percepción de una imagen, sino que está bloqueada toda la información visual, incluida la ruta de la melatonina y otras rutas todavía desconocidas.

Y sin embargo no es así, la mayoría de los invidentes no tienen trastornos del sueño. Si llevan un horario regular, el despertador y la propia actividad cerebral les permiten llevar un ciclo sueño/vigilia normal. Sí que es cierto que existen algunos trastornos del sueño relacionados con la ceguera, en un número relativamente bajo de personas, principalmente al inicio de su situación de ceguera. Pero la generalidad de la población invidente es que sus ritmos circadianos funcionan sin mayores problemas. Lo que prueba que la luz, aunque normalmente cumple un rol sincronizando nuestro reloj interno, es un rol prescindible. Al contrario de lo que debe pasar con otros animales con sistemas nerviosos menos desarrollados, nosotros tenemos múltiples sistemas que proporcionan información a nuestro reloj biológico.

Conclusiones

Si tenemos que sintetizar este (largo) artículo en tres ideas fundamentales, yo lo resumiría así:

  • La melatonina es capaz de influir en nuestro ritmo circadiano, pero de forma discreta y secundaria
  • La terapia con luz tiene un papel en el tratamiento del insomnio, aunque tampoco muy relevante (en cualquier caso debemos aumentar la luz cuando estamos despiertos, no disminuirla)
  • Los invidentes regulan en general sin problemas su ritmo circadiano.

Partiendo de estos tres hechos podemos concluir que el estímulo visual, si bien cumple un papel en el ritmo circadiano, es un papel no esencial y prescindible. Hay otros mecanismos más relevantes que son los que realmente regularán o trastornarán nuestro ciclo sueño/vigilia

 

* ¿Alguien sabe qué información sensorial es la única que no pasa por el tálamo?. El que quiera contestar, puede utilizar los comentarios.

1. Bonmati-Carrion MA, Arguelles-Prieto R, Martinez-Madrid MJ, et al. Protecting the Melatonin Rhythm through Circadian Healthy Light Exposure. Slominski A, ed. International Journal of Molecular Sciences. 2014;15(12):23448-23500. 

2. Lanaj K., Johnson R.E., Barnes C.M. Beginning the workday yet already depleted? Consequences of late-night smartphone use and sleep. Organ. Behav. Hum. Decis. Process. 2014;124:11–23.

3. Gooley JJ. Treatment of circadian rhythm sleep disorders with light. Ann Acad Med Singap. 2008 Aug;37(8):669–76.

4. Arendt J. Biological rhythms during residence in polar regions. Chronobiol Int. 2012 May;29(4):379–94.

 

 

 

 

17 thoughts on “Luz azul y ritmo circadiano (II)

  1. felipe

    Creo que es la información que percibimos a través del nervio olfatorio.

    Un saludo y enhorabuena por el artículo.

    Reply
  2. Felipe

    Hola Ocularis, además de darte la enhorabuena por el artículo y por esta parte de contraversias, me gustaría saber si podrías hacer algún artículo sobre el DLS (Dysfunctional Lens Syndrome).

    Muchas gracias

    Reply
    1. Ocularis Post author

      Pues la verdad es que sé bastante poco sobre el DLS. Supongo que te refieres a las aberraciones ópticas asociadas al envejecimiento del cristalino. Si hay interés sobre el tema y alguna aplicación práctica (tratamientos propuestos, etc), igual me animo. Si tienen alguna referencia o enlace para que pueda leer sobre ello, te estaría agradecido.

      Reply
  3. Óscar

    Estimado Señor:

    Ante todo muchas gracias por su labor divulgativa y, sobre todo, por su posición valiente ante ciertos temas, que cumple una función social importantísima.

    Le escribo para solicitar de Usted que considere su uso del término español “evidencia”. Como sin duda Usted sabe, no significa lo mismo que el “evidence” inglés (es lo que se llama “un falso amigo”). La definición de la RAE es “Certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar”, mientras que “evidence”, en inglés, se refiere a la base sobre la que se sostiene una creencia u opinión y no requiere que esa base tenga una relación incontrovertida con aquello que se cree, ni siquiera que dicha base sea un hecho establecido. El término inglés es consistente con el uso que usted hace de “evidencia” en sus artículos, mientras que el término español tiene difícil encaje en el método científico. Esto dificulta la comprensión y asimilación del método científico, cosa por la que Usted tanto se esfuerza.

    Un cordial saludo.

    Reply
    1. Ocularis Post author

      El problema del término inglés “evidence” y su mala traducción como “evidencia”, cuando encajaría mejor una traducción como “prueba”, lo abordé en este artículo:

      http://ocularis.es/blog/medicina-basada-en-la-evidencia/

      En este último artículo he seguido la idea del que he enlazado del 2006: el uso del término “medicina basada en la evidencia”, y otros términos como “evidencia científica” están ya muy consolidados en el léxico médico y científico, y si habláramos de “medicina basada en pruebas” o algo similar, suena extraño aunque semánticamente más correcto. Al final me he plegado parcialmente a la tendencia actual, para mejorar el entendimiento de los artículos.
      A pesar de eso y debido a que, como bien comenta, no estoy del todo cómodo con el término “evidencia”, durante el artículo uso más o menos el mismo número de veces la palabra “evidencia” que la palabra “prueba”. Y las dos primeras veces que hablo de “evidencia”, lo igualo el término a “prueba”, para intentar aclararlo.

      Ninguna solución va a ser la correcta: la que utilizo distorsiona en cierta medida el significado original de “evidencia”. Y si no utilizara el término añadiría confusión al artículo, la gente podría no asociar el concepto de “medicina basada en la evidencia” cuando yo hablo de “pruebas”. No le encuentro mejor solución que la actual.

      Gracias por tu comentario.

      Reply
  4. Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia

    Estimado Dr. Pascual:

    desde el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia hemos leído con atención e interés las entradas de su blog tituladas “Luz azul y ritmo circadiano I y II”, ya que creemos importante la labor de divulgación de la ciencia que se hace desde el blog.

    Con ese mismo interés compartido, y puesto que hemos detectado algunos equívocos en relación con el funcionamiento del sistema circadiano, que creemos sinceramente pueden afectar a la argumentación por falta de rigurosidad en esta área de conocimiento, estaríamos encantados de aclarárselos, en aras de favorecer la adecuada transmisión de la información científica a la sociedad. Para ello, puede ponerse en contacto con nosotros a través de las direcciones de correo electrónico que aparece en la publicación referenciada como [1].

    Un cordial saludo

    Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia

    Reply
    1. Ocularis Post author

      Por supuesto, estoy encantado de corregir cualquier error que pueda contener este artículo. Agradezco su interés, y se pueden poner en contacto conmigo a través de mi correo electrónico en el apartado “Autor” de este blog.

      Un saludo.

      Reply
  5. Carlos

    Gracias por la excelente información, en éste y en tantos otros artículos.
    Soy optometrista. Como sabrás, la terapia visual proporciona resultados contrastados y contrastables, pero existe un grupo de compañeros de profesión, generalmente denominados “comportamentales” o “behaviourales”, que extiende su ámbito con técnicas algo controvertidas.
    Te sugiero el asunto como tema para alguno de tus artículos, pero quiero ser más concreto.
    La razón de mi comentario está en una de las técnicas que alguno de ellos utiliza. Es la denominada “terapia Syntonics”.
    Por lo poco que sé de ella, consiste en hacer que el paciente (generalmente niños con problemas de aprendizaje) mire durante un cierto tiempo una pantalla de color uniforme. El color escogido depende de la patología, pues se parte de la base de que diferentes colores (o “frecuencias” en su terminología) estimulan diferentes áreas cerebrales. Por supuesto, el aparato utilizado (entiendo que una bombilla y poco más) y las láminas de color son especiales y se compran a un elevado precio.
    Desconozco cuánto hay de base científica en todo ello, pero dispara bastante mi escepticismo desde hace tiempo. Creo que está bastante relacionado con la pseudociencia utilizada en el tema de la luz azul, y me gustaría conocer tu opinión.
    Saludos, y gracias de nuevo.

    Reply
    1. Ocularis Post author

      No he leído nada en concreto nada de la terapia Syntonics que comentas, pero evidentemente saltan todas las alarmas por lo que cuentas, claro.

      Reply
  6. Mis mentiras favoritas

    Saludos y enhorabuena por tu blog, al que sigo desde hace tiempo.

    Creo que el tema que tratas sobre la relación entre luz azul e influencia en el sueño entraña dos partes diferenciadas.

    Por un lado se encuentra la falacia de utilizar gafas naranjas para dormir mejor. De acuerdo contigo. No existe evidencia científica que apoye su uso.

    Por otro, la relación evidente entre la luz azul y el ritmo circadiano. Una relación investigada ampliamente por diferentes ramas científicas: física, psicología (en humanos), optometría… Y en todas ellas los indicios nos hacen sospechar de una relación positiva entre ambas. ¿Hasta qué punto es importante esa influencia? Hoy día falta mucha investigación, pero parece que las pruebas nos llevan por ese camino.

    Un artículo, bastante básico, en el que se trata la relación entre la luz azul y los ritmos circadianos es: “¿Qué hay Color ? Los Efectos Únicos de la Luz Azul en la Salud Humana”. Lo puedes leer aquí: http://es.slideshare.net/cenamorado/luz-azul

    Respecto a la regulación del ritmo circadiano por las personas ciegas resultaría interesante diferenciar entre enucleados e invidentes que mantienen sus ojos abiertos. Porque en este último caso sus fotorreceptores, aunque no sirvan para proporcionarles la visión, sí podrían servir para activar un ritmo circadiano dependiente de la luz, como al resto de personas videntes.

    Creo que el tema aún tiene muchas investigación en los años futuros y debemos tener la mente un poco más abierta respecto a estos estudios. Creo que haces bien en criticar usos “poco dignos” con fines comerciales en base a simples hipótesis. Pero si no existe una clara contraindicación médica al respecto tampoco se puede demonizar todo lo que no tenga (por falta de estudios) unas clara confirmación científica. Y, para terminar, te pongo dos simples ejemplos:

    1- Las gafas se inventaron en el siglo XIII alejadas del ámbito académico de la época. Es más, numerosos estudiosos y médicos no recomendaban su uso. ¿La razón? No podían explicar científicamente su funcionamiento. Ahora bien, cuando Kepler, siglos despúes, logró explicar nuestro sistema visual en un esquema en el cual se podían insertar las gafas de manera natural, entonces se aprobó su uso, científicamente hablando. ¿Hubiese sido de recibo negar a varias generaciones el uso de un producto sanitario que funcionaba, por la única razón de no poder explicarse científicamente?

    2- La física sufrió un retraso evolutivo de 100 años únicamente por seguir aferrándose a las teorías de Newton sobre la luz. Existían evidencias que se contradecían con su modelo explicativo, pero no se tuvieron en cuenta por la notoriedad del personaje (y lo bien que casaba toda la física de la época). ¿Es posible que la ortodoxia actual nos esté impidiendo tomar en consideración ciertas evidencias sobre la luz azul?

    Tal vez mi formación doble, en ciencias y humanidades, me aporte este cierto relativismo respecto a verlo todo en blanco o negro.

    De nuevo, enhorabuena por tu magnífico trabajo

    Un saludo

    Reply
    1. Ocularis Post author

      Hola:

      Gracias por comentar. No ha sido mi intención cerrar las puertas ni ser taxativo. Por supuesto que queda mucho por saber sobre ritmo circadiano. El problema es que con el conocimiento que tenemos hasta ahora, que la luz azul cumpliera un papel esencial y principal en la regulación del ritmo, contradice mucha eviencia acumulada. Sintetizando:

      – Cuando hablo de invidentes y personas de baja visión que controlan bien su ritmo circadiano hablo de enucleados, pero también de lesiones de nervio óptico (glaucoma, neuropatias ópticas isquémicas, neuritis), en donde también desaparecen los axones de las células ganglionares sensibles al azul.

      – El tratamiento con agonistas y antagonistas de la melatonina tienen un papel marginal en el tratamiento general de los trastornos del sueño.

      Al final, no nos queda más que aplicar la navaja de Ockham: si esa hormona en humanos no tiene mucho efecto en el ciclo, si los que no reciben luz azul regulan bien el ciclo, hay que pensar que el rol no es muy importante. Esos son los riesgos de extrapolar modelos experimentales o animales.

      Las conclusiones las sintetizo en el tercer artículo que acabo de publicar. Te animo a leerlo, y comentarlo si creen que merece la pena.

      Reply
  7. Quper

    Una duda que tengo en cuanto a la famosa “luz azul”. Cuando hablamos de luz azul, simplemente hablamos del color? o tiene otra implicación cientifica de longitudes de onda y demás que yo no entiendo? Por ejemplo. Si cojo una bombilla y la pinto de color azul, eso es luz azul? Si pongo un cristal azul delante de cualquier foco de luz, eso es luz azul?

    Reply
    1. Ocularis Post author

      Sí, sería azul. Y que nosotros percibamos una luz como azul tiene su trascendencia a nivel físico, lo de las longitudes de onda que mencionas.

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